Oscar Martínez, el periodista salvadoreño del proyecto Sala Negra de El Faro, una especie de curatoría de historias de violencia, marginalidad, corrupción y cuánto se puede llegar a invisibilizar a las personas que viven al margen, no parece un tipo curado de espanto. A medida que cuenta éstas historias protagonizadas por el mal, va recordando cuán perversa puede ser la sociedad que habita entre los extremos del corredor centroamericano de la droga y la miseria.

El reporteo de inmersión ha publicado una extensa obra en la que aborda cómo las maras “administran” el centro de la capital como un eficiente municipio del crimen, extensas crónicas sobre la soberanía que las pandillas ejercen en EEUU a través de la captación de víctimas que huyen del itsmo como refugiados y la evolución de pandilleros sobrevivientes que llegaron a la tierra de las oportunidades para enrolarse como soldados porque matar es lo único que saben hacer. Un circuito virtuoso de la brutalidad que mantiene activas las matanzas entre latinos y en números azules las cuentas corrientes de coyotes y traficantes de personas; pero también las páginas de crónica roja en el país más violento del mundo dice el autor de “Una historia de Violencia: Vivir y Morir en Centroamérica” y “La Bestia”, (éste último un paseo a bordo del tren que lleva a los migrantes ilegales a la frontera de EEUU y México)

“El periodismo actual, el de clickbaits y las amplias huinchas de texto sobre crónica roja en el noticiero es una práctica funcional también para las agendas políticas”, dice Martínez. Nada nuevo. Mientras algunos se refieren a los medios como fábricas de salchichas, Martínez compara la prensa de los grandes medios con comida rápida más aderezada. “La prensa de los grandes medios es como el negocio de las pizzerías donde el tiempo de entrega lo es todo, con reporteros que deben llegar primero a la escena e improvisar desde ahí como si el cadáver fuera a moverse de donde está. El periodista de verdad no es el que llega antes, es el que sabe lo que va a escribir y publicará lo que ese repartidor de pizza pasará por alto o lo que no quiere dar a conocer. En ese sentido, considero que la censura es un indicador que el periodista debe buscar. Un indicador de que estás haciendo bien el trabajo”, cree el conferencista invitado a la UAHC como parte del proyecto Fondecyt “Escrituras del mal: trazos narrativos de lo fantástico en la crónica latinoamericana contemporánea”, de la Doctora en Literatura Hispanoamericana Patricia Poblete.

Violencia de exportación

Esa violencia sobre mujeres violadas camino a la frontera, hijos que viajan solos sin la certeza de poder encontrar vivos a sus padres, el fantasma de la deportación o de morir a miles de kilómetros de casa sin que nadie reclame el cadáver, protagonizan las historias de Martínez. Cuentos sobre migrantes que parecen sacados de la ficción más precaria, pero que incomodan más cuando se trata de reconocer cuán cerca se está de esa realidad en los ghettos verticales de Estación Central, las condiciones de trabajo de estos nuevos temporeros o del moreno espigado que vende el Super8 en el semáforo.

Agrega que los medios recién comienzan a interesarse en el mercado velado que parasita de estos migrantes y que describe en “Los migrantes que no importan”. Ahí, recuerda cómo vio a 100 reporteros del New York Times, de la BBC y las principales agencias cubrir comunicados de las ONG pro migración en hoteles y salones palaciegos donde hay sacerdotes, senadores, y empresarios, pero nunca hay un solo migrante.

“En este tipo de coberturas donde hay migrantes, sangre, viudas y jóvenes empuñando las armas no pasa eso. La gente llora viendo el final de “Coco”, pero no llorará al llegar al final de un artículo sobre el fotógrafo de guerra que termina suicidándose porque los premios no pueden borrar el horror que le tocó retratar o porque la gente lo creyó una “basura humana” por retratar esa incomodidad”, dice crítico sobre el triste final del fotoreportero sudafricano Kevin Carter, célebre autor de ésta imagen.

La verdad de la famosa foto de Kevin Carter – The Clinic Online

El mito popular dice así: Kevin Carter, fotógrafo sudafricano, saca una foto que se gana el Pulitzer. En ella, una niña agoniza mientras un buitre aparece en segundo plano, como esperando la hora de almuerzo. Carter espera más de 20 minutos para lograr el encuadre perfecto.

¿Qué temas te parece que están quedando fuera de la cobertura del tema migrante en los medios tradicionales?
-La cobertura que veo en los medios sobre el asunto migrante es, en general, bastante mediocre, porque no es un fenómeno escondido o nuevo como se le quiere hacer parecer, sino que son millones los migrantes que atraviesan los países en este momento. Las secciones de medios que se dedican a hacer esa cobertura se concentran en registrar cosas muy precarias y secundarias. Todos los países son mierda con los migrantes. Sobre todo si tu país recibe a gente que viene de un país estratégicamente posicionado para ser más mierda que el tuyo. Te hablo de México, claro, pero perfectamente si El Salvador estuviera en el lugar donde hoy está México, seríamos igual de mierda y así. En Chile llegan los haitianos y si el chileno tiene la oportunidad de tratar como la mierda a otros migrantes, lo va a hacer porque así es el ser humano

¿En qué medida crees que este tipo de violencia se naturaliza a través de la misma manera en que se cuentan estas historias?
-Creo que el éxito de las postverdades radica en que la gente lee lo que le gustaría que estuviese pasando y en busca de esa satisfacción es que caen tanto los periodistas como los lectores de noticias. El verdadero periodismo es algo feo e incómodo. Somos sociedades de consumo donde la gente quiere leer cosas entretenidas, cosas freak que al cronista le acomodan porque esa misma sociedad le ofrece premios y ovaciones de estadio si escribe sobre esas anécdotas.

Hay un montón de periodistas mediocres que se la pasan llorando al escribir sobre una víctima. ¿Pero de qué le sirve a esa víctima o a su familia que llores por ella?. ¿Crees que escribir con lástima te va a dar un buen texto?. Para nada, te va a dar un texto mediocre como el del periodista ese que dedicaba párrafos a exponer cuánto arriesgaba él su vida al subirse a La Bestia. Hombre, hay cientos de migrantes que arriesgan mucho más que un texto al subirse a diario en ese tren. Yo creo que esta gente llora porque no soporta su propia debilidad. Si entrevistas a una madre a la que le balearon al hijo y te conmueves hasta las lágrimas, debes saber que a ella le va a valer verga tu emoción en el papel porque nadie va a llorar a ese muerto más que ella.

Imagen de portada: Youtube Univisión