La primera vez que Álex Smith colaboró con carabineros en una investigación fue después del bombazo en la casa del Presidente de Codelco, Óscar Landerretche, ocurrido la tarde del 13 de enero del año pasado. Desde hacía varios meses que el “profesor” venía haciendo clases sobre peritaje informático forense a un grupo de funcionarios policiales en la Universidad Santo Tomás de Temuco. Su experiencia como docente llamó la atención de uno de sus alumnos y futuro jefe en la Unidad de Inteligencia Operativa Especializada (UIOE) de la Araucanía, el capitán Leonardo Osses, quién lo habría contactado para que ayudara a buscar a los sospechosos del atentado. “Me llamó porque sabía que era rápido para obtener información”, dice.

Smith asegura que viajó a Santiago a una reunión con altas autoridades de carabineros pocos días después del bombazo, entre ellos el comandante Eduardo Witt. Su cercanía con los alumnos que habían pasado por sus cursos, le abrió la puerta a las unidades de inteligencia del organismo. “Ellos querían ubicar a la persona que publicó la imagen de la bomba en un blog. Yo la rastreé a través de un programa de internet para acceder a los metadatos de la foto. Siempre queda un registro y me arrojó una coordenada de un ciber en un terminal de buses”, cuenta Smith.

La versión ha sido desacreditada por expertos informáticos que aseguran que es técnicamente imposible conocer quién ingresa a un sitio web usando los metadatos de una foto, pero Smith insiste que la información proporcionada ayudó a Carabineros para realizar peritajes a distintas cámaras de seguridad, intentando encontrar a los miembros de la célula Individualistas Tendiendo a lo Salvaje (ITS), quienes se adjudicaron el atentado en que dejó con lesiones menores a Óscar Landerretche. “Merecía morir por sus ofensas a la tierra… el economista ha sido merecedor de nuestro regalo explosivo, por estar a la cabeza de este mega-proyecto devastador de todo lo hermoso de la tierra”, explicaba el comunicado donde reconocían su participación en los hechos.

Desde entonces, asegura Smith, se transformó en colaborador ocasional de carabineros. Cuenta que le empezaron a pedir que analizara publicaciones y que le siguiera los pasos a las cuentas que troleaban a Bachelet. “Era una paleteada al principio, pero después se cebaron, me llegaban tres casos al día y no me pagaban ni uno. Eran preguntas simples: ¿quién publicó? ¿la hora?, puras webás”, cuenta.

Así estuvo varios meses hasta que volvió a tener noticias de su primer trabajo. La policía tenía a tres sospechosos del atentado en la casa del Presidente de Codelco, asegura, y le proporcionaron los mails para que les enviara un malware a través del teléfono. Dos de los supuestos involucrados resultaron limpios. Un tercero cayó redondo después que Smith le enviara una foto de un hombre fumando pipa. Sabía de su afición al tabaco luego de revisar su perfil de Facebook. Se trataba de un sospechoso inusual. Un joven abogado que trabajaba en un importante ministerio. La Unidad de Inteligencia Operativa Especializada estaba tras sus pasos.

Tutoriales

Antes que descubrieran que la mayoría de sus diplomas presentados a carabineros eran falsos, Álex Smith gozó de cierta reputación en el mundo académico. Después de realizar varios talleres de autocad y de diseño con el programa Sketchup, el coordinador de la Universidad Santo Tomás le pidió que diseñara un curso de peritaje forense para funcionarios de carabineros. “Como soy medio autodidacta, me metí sin tenerle miedo. Y como sé programar, yo mismo lo diseñé. Eran puros pacos que venían de Labocar, criminalística e inteligencia del sur. Gente que había estudiado de noche y no tenían mucha experiencia. Nunca habían desarmado un notebook”.

-¿Y tú?
-Tampoco, si lo vi en un tutorial de Youtube – dice.

Smith relata que el nivel era muy bajo y que sus alumnos alucinaban con las pericias. Les enseñó lo mismo que había aprendido, pero de manera práctica a través de programas bajados de internet. Causó tan buena impresión que comenzaron a llamarlo para trabajar informalmente hasta que le ofrecieron postular a la institución. Lo hizo el 20 de marzo del año pasado. “El test sicológico me lo pasaron, hablé puras webás. Cuando me preguntaron por qué estaba postulando, le dije que me habían ido a buscar”, cuenta hoy.

El 17 de junio de ese año Contraloría tomó razón de su cargo. En las funciones y tareas que se le asignaron a Smith destacaban asesorías en estudios de seguridad, revisión de informes de investigación, análisis de evidencias físicas de software y hardware y una capacitación permanente en nuevas técnicas. Para entonces Smith era apodado “el profesor” y ya había comenzado a trabajar con el cuestionado programa “Antorcha”, un software que supuestamente servía para interceptar mensajes de Whatsapp.

A los conocidos casos relacionados con la Operación Huracán y el extravío de armas en una comisaría de Iquique, donde se comprobaron la implantación de pruebas en los mensajes de Whatsapp, Smith sumó una tercera investigación controversial: el bombazo a la casa de Óscar Landerretche. Para entonces la indagatoria era llevada por el fiscal Raúl Guzmán y ninguna de las pericias solicitadas había sido encargada a la unidad donde trabajaba Smith.

Marco Pastén, vocero de la Fiscalía Sur, asegura que el equipo investigativo no realizó ninguna diligencia con el denominado programa “Antorcha”. “La fiscalía ha trabajado con un equipo multidisciplinario de carabineros y a ellos se les solicitó las diligencias respectivas. Toda la información que existe en la carpeta investigativa es información que ha provenido de las labores realizadas por la Fiscalía Sur. En ese sentido no tenemos ninguna duda respecto de la procedencia de la información obtenida”, aclara.

Si bien el nombre del abogado de un importante ministerio figuraba en ambas investigaciones, las pesquisas llevadas por la UIOE estaban aparentemente bajo el alero de la Ley de Inteligencia. Smith asegura que el abogado estaba también bajo escucha y que viajó con Osses a Santiago a hackear la red wifi del sospechoso. “Ahí tuvimos acceso al computador completo y a las conversaciones del celular”, detalla.

Una vez recopilada la información, la unidad elaboró un informe con el análisis del Iphone y del Facebook del supuesto involucrado. The Clinic tuvo acceso al documento donde aparecen fotografías de un aparato explosivo al interior de una caja de cartón, acompañadas de un análisis de sus metadatos con la hora y día donde supuestamente se tomó la imagen. Una de ellas fue registrada el 4 de enero del año pasado, nueve días antes del atentado en la casa de Landerretche.

El contenido del informe fue analizado, a petición de este medio, por expertos informáticos de Dreamlab Technologies. Lo primero que llamó la atención fue que los metadatos de las imágenes arrojaban el nombre del usuario, situación que a juicio de los especialistas es difícil de rescatar. “Windows podría ponerle como autor el nombre de la persona, siempre que no haya estado almacenado en el celular sino en el computador. Si salió desde el celular sería muy raro. Además que es una pista muy chiquitita que quedó almacenada por ahí y no se borró”, explica Fermín Uribe.

Smith asegura que la aparición de los metadatos varían de acuerdo al software que se aplica. “Dependiendo qué se usa, aparecen mayores o menores características”, dice. Luego agrega, tras revisar el informe, que era el mayor Leonardo Osses el encargado de administrar las conversaciones e imágenes recolectadas, o sea, quien seleccionaba el material para la elaboración de los informes. Hay un punto, sin embargo, que le provoca dudas: un set de imágenes sobre artefactos explosivos que no tienen la configuración habitual de los formatos JPG. “El mail y los perfiles de Facebook son reales, pero esas fotos pequeñas son más cuestionables porque aparecen las imágenes sin el código”, asegura.

La Fiscalía Sur también había llegado a la pista del abogado, pero por otro camino. El profesional figuraba en la lista de visitas a la cárcel de Natalia Collao y Kevin Garrido. La mujer fue condenada por la quema de un bus en Estación Central y Garrido está en prisión preventiva por la instalación de una bomba en la Escuela de Gendarmería de San Bernardo, un atentado a la empresa Chilectra (Reivindicado por la célula Karr-Kai) y un bombazo frustrado contra la 12 comisaría de San Miguel (Conspiración Internacional por la venganza/ Célula deflagrante Gerasimos Tsakalos).

Los miembros de la célula Karr-Kai, donde participaba Garrido, se autodefinen como nómades antitecnológicos, contrarios a la civilización y el progreso, con discurso muy similar al utilizado por Individualistas Tendiendo a lo Salvaje. De ahí que el nombre de Garrido haya estado en la mira de la fiscalía. Si bien a través de él llegaron al abogado, se comprobó que éste no tenía representación de los jóvenes encarcelados. Fuentes al interior del ente persecutor confirmaron a The Clinic que la investigación se mantiene vigente y que el abogado no es un blanco a investigar en el caso Landerretche.