La gente no valora todo lo que hicimos en los últimos cuatro años. Y para qué hablar de nuestra obra de 1990 a 2010. Nosotros tomamos un país en el que nadie quería invertir, dimos un giro radical de 360° en materia económica y logramos los mejores años de crecimiento que se recuerden. Unos dirán que sólo continuamos lo que hizo el gobierno anterior. Pero eso no es cierto, pasamos del capitalismo salvaje a la “Tercera Vía”. Y aunque sólo fuese un cambio de nombre con fines publicitarios, su éxito fue la gran obra de nuestra Concertación. De hecho mi consultora fue la encargada de elaborar esa estrategia. Y me siento orgulloso de ser su ideólogo. No importa que le haya costado al país mil millones de pesos de la época, yo siento que lo hice para ayudar a todos y cada uno de los chilenos. Por eso he vuelto a escribir en The Clinic, para difundir mi sabiduría con los jóvenes y no tan jóvenes que necesitan un referente de izquierda, pero no esa izquierda pasada al abajismo de la Fonda Permanente, sino de una izquierda orgullosa de los avances que hemos conseguido desde que con un lápiz y un papel derrotamos a la dictadura. No de esa izquierda de la Población La Victoria, sino esa izquierda de Vitacura, Las Condes, Lo Barnechea, Chicureo. Esa izquierda que se benefició de la implantación de ese “nuevo” modelo económico del que les hablaba el año 1990.

Qué tiempos aquellos de nuestros primeros años en el gobierno. En esa época me divertía viendo pasar las micros por la Alameda junto a Marcelo en “La oficina”. Le pusimos ese nombre porque nos gustaba mucho el “Jappening con Ja”, y porque la segunda casa de la “La oficina” se encontraba en dependencias del ministerio de Enrique, que tenía un aire al señor Zañartu. Una vez al mes nos juntamos con el Enrique y el Eugenio en el Liguria a recordar los viejos tiempos. ¿Han visitado el nuevo Liguria del barrio Lastarria? Cuatro millones de dólares al servicio del progresismo. Me recuerda un poco el casino popular del viejo edificio de la Unctad III, que se ubicaba a un par de cuadras. Yo había vuelto hace poco de Alemania Democrática. El destierro fue muy duro, viejito, el clima era terrible cuando no funcionaba la calefacción del departamento. Fueron años difíciles, lejos de las empanadas, las cazuelas, los porotos con rienda. Luego mi familia contrató a una nana chilena y la cosa mejoró cien por ciento. Aún así, el exilio me marcó definitivamente. Muchas veces me han tratado de inconsecuente y burgués por conducir un BMW de $100 millones. Pero yo tengo un auto alemán porque me recuerda a la RDA. Y no es lo mismo tener un Volkswagen armado en México o Brasil. Si no es por el lujo, es por la nostalgia, compañero. Cuando llegamos a Chile todavía éramos jóvenes y queríamos comernos el mundo. Al volver, mis hijos mayores no aprendieron el significado de la palabra IMPOSIBLE. Ni de casa, árbol, etc. Los tuve que colocar en un colegio privado, la educación pública ya no era la de antes.

Nosotros le cambiamos el ADN a este país. Modificamos tanto las cosas que hicimos posible que Piñera tenga en el segundo piso de La Moneda a un exMIR y exparlamentario de Suecia. Es que el nuevo Gobierno sigue la línea de “unidad nacional” de nuestra exPresidenta, quien integró a su gabinete a connotados políticos de derecha, como Burgos y Rodríguez Grossi.

Pero estos cabros de moledera nos acusan de no haber cambiado nada. Y no es cierto. Por ejemplo, trabajamos muchísimo por llevar a la educación municipal a lo que era antes, sólo que de tanto esfuerzo se nos pasó la mano y la llevamos al año 1905. Eso no le quita mérito. Lo deberían saber esos chiquillos idealistas que protestaron contra nuestros gobiernos en 2006 y 2011. Nos tienen rencor porque les enviamos a Carabineros a apalearlos cariñosamente en alguna que otra marcha para enrielarlos por el buen camino, como padres amorosos que somos. ¿Dije “nuestros gobiernos”? Deberían aprender del diputado este de Revolución Democrática, el lolo Crispi. Hijo de la Claudita Serrano, que trabajó tres años como asesor del Mineduc ganando más de 3 palitos y participó de la reforma de la educación (esa que los ultrones dicen que era neoliberal); pero que para la última elección salía en El Mercurio criticando a Guillier y a la Nueva Mayoría. Cuánta capacidad de renovarse, viejito. Lo que les faltó de exilio a estos chiquillos, lo consiguieron con sus vacaciones en el extranjero. Esos lolos del Frente Amplio se apropian de nuestras tácticas y sin siquiera pagar por derechos de autor. Por ahí me recuerda ese libro genial llamado “El Frente Amplismo, fase superior del Concertacionismo”, de Lenin… Lenin Guardia.

También se ha puesto de moda reclamar en contra las concesiones de las carreteras que hicimos con Ricardo a comienzos de los 2000. Todos los años con el bendito discurso de que la Teletón está mejor en manos de privados, diciendo que el Estado no es un buen administrador y ahora quieren que las carreteras sean públicas. Si el Muro ya cayó, supérenlo. Quién los entiende, se quejan de que les cobran por transitar y después andan pagando por correr en la Maratón de Santiago. No hay cómo tener conforme a los rot… la gente. Es que los tiempos han cambiado. Mientras un poeta hippie inscribía como suya la luna (que no sirve para nada) en los años ’60 y en el gobierno de Allende confitábamos el mar, durante el Gobierno de Ricardo nosotros logramos concesionar el sol. Si Salvador Allende, también quiso concesionar cuanto pudo… pero no había empresas privadas interesadas en ello, así que tuvo que decantarse por la contratación directa mediante empresas del Estado creadas ad-hoc para esos fines. Con Lagos ya había privados interesados y no hizo falta crear empresas estatales. Eso convierte a Salvador en un visionario, y a Ricardo en digno discípulo. Claro que avanzamos, viejito. Nosotros recibimos un país donde los campamentos de Santiago se levantaban en ambientes inhóspitos. Hoy se levantan en el lecho del Mapocho junto a modernas autopistas como la Costanera Norte. Es que ustedes no han dimensionado cuánto ha subido la plusvalía de esas chozas. Les falta conocimiento en economía. Pero claro, uno se formó tras la “cortina de hierro” en ciencias duras como el materialismo dialéctico y ustedes, como mis hijos, se desviven leyendo para sus postgrados en estudios de género. Como le digo a la Claudita, mi hija mayor, el género es eso que se compra en Independencia. Ella me grita de vuelta “muéretx viejx machistx” y se encierra a llorar en su pieza. Es que la adolescencia ahora dura hasta los 30 años, los lolos maduran tarde. Y despiertan tarde también, por eso no fueron a votar por nosotros. Pero no importa, siempre nos quedará Par… la CEPAL.

Entregamos un país mejor, no hay dudas, viejito. Un país en donde pobres y ricos pueden vivir en paz. Separados, pero en paz. Un país donde puedes militar en un partido de la centro-izquierda, participar del directorio de una AFP y convivir en una familia donde todos tus hijos militan en colectivos universitarios ultrones; cuyas campañas tú mismo financias por medio de las mesadas. A propósito, anoche estuve en un coqueto boliche donde se reúnen los amigos de la Claudita y descubrí la “cueca feminista”. La cueca feminista es igual a la tradicional, pero en el último paso el hombre termina demandado por acoso. Chile cambió, nosotros lo hicimos.