Entre ficción y realidad, la escritora chilena Claudia Larraguibel reconstruye en la novela “Sprinter” el aislamiento y el horror vivido por los habitantes de Colonia Dignidad, una secta del sur de Chile donde el exmilitar nazi Paul Schäfer abusó sistemáticamente de niños y niñas.

“No me interesaba contar los casos criminales, sino cómo piensa, vive y sobrevive una persona completamente aislada del resto del mundo”, aseguró la autora en un encuentro con periodistas en Barcelona, donde presentó la edición española del libro, publicado en 2016 en Chile.

Para reflejar este aislamiento, Larraguibel se vale de un personaje ficticio llamado Lutgarda, que creó a partir de todas las entrevistas que hizo a las residentes de esa comunidad, de unas 6.000 hectáreas, cuyos habitantes trabajaban forzadamente y no podían salir fuera del recinto.

Colonia Dignidad fue fundada en 1961 por Schäfer -después de huir de Alemania denunciado por pederastia- como un asentamiento ultraconservador de inmigrantes alemanes a los pies de los Andes, en el que ocurrieron todo tipo de atrocidades, desde experimentación con fármacos hasta torturas físicas.

La novela relata en primera persona la experiencia de una periodista, hija de exiliados chilenos, que vuelve al país de sus padres para investigar y escribir el guión de una película sobre los horrores cometidos por Schäfer, condenado en 2006 por abusos y encerrado en una prisión chilena, donde murió en 2010.

La historia se desarrolla a partir de la misteriosa muerte de uno de los niños que formaban parte de los ‘sprinters’ de Schäfer, un grupo de menores, de entre 8 y 14 años, que corrían por toda la villa para hacer recados del patriarca de la colonia, que los drogaba y abusaba sistemáticamente de ellos.

Para construir la novela, Larraguibel tuvo que dejar en 2006 su vida y su trabajo en Madrid -donde ejercía como periodista desde 1995- para visitar lo que quedaba de la villa y entrevistar a sus antiguos y actuales colonos.

El asentamiento ha pasado a llamarse Villa Baviera, y sigue siendo un emplazamiento que funciona prácticamente de manera autónoma, si bien ahora está orientado al agroturismo, una actividad comercial que sirve para mantener a los antiguos colonos, la mayoría ancianos.

“Nada de lo que hay en el libro engaña o traiciona los hechos. Todo está muy cuidado y cada dato está muy confirmado”, aseguró la autora, que visitó la comunidad en dos ocasiones, trabajó de la mano del abogado de las víctimas, Hernán Fernández, e incluso fue a la cárcel donde estaba Schäfer, aunque se negó a hablar con ella.

“Schäfer no se arrepintió de nada y nunca pidió perdón. Era un mesiánico loco”, resaltó la escritora chilena.

La novela mezcla fragmentos de un ‘storyboard’ que nunca se rodó, declaraciones judiciales, archivos de la policía y todas las entrevistas recopiladas tras más de diez años de investigación.

“Había momentos en los que yo también quería olvidarme de los colonos. Conviví con ellos y es muy complicado. Te piden cosas todo el rato, pues malvivían en distintos lugares de Chile porque el Gobierno no se interesó en reinsertarlos”, destacó la autora.

Larraguibel aseguró que la literatura que le interesa “es la que te confronta con esos sentimientos que no quieres ver”.

Recordó que Colonia Dignidad es un caso “no cerrado”, pues aún hay procesos judiciales abiertos y muchos de sus responsables huyeron a Alemania y solo algunos pocos, como Schäfer, cumplieron la condena.

“El Gobierno (chileno) tiene la obligación de reparar a las víctimas de la Colonia Dignidad”, concluyó.