Luego que Carmen Hertz iniciara su propio proceso legal en Calama, en 1985 Palleras se querelló contra la comitiva responsable del supuesto fusilamiento ilegal en la Cuesta Cardones a 13 kilómetros de Copiapó. En 1998 se adjuntó a la causa judicial Caravana de la Muerte, la que agrupa todos los asesinatos por la comitiva militar y dirigida por el fallecido ex general Sergio Arellano Stark. El helicóptero Puma recorrió Chile y dejó, por lo menos, 96 muertos. En 1990 se descubrió lo que ya se sabía: los restos de las víctimas de Copiapó y Pisagua se encontraban entre cal y arena, ocultos en fosas comunes. En ambas aperturas, Angélica fue protagonista.

“Recuperar la memoria como pueblo masacrado es reubicarnos en la historia, evaluar los avances que hemos tenido en relación a cada movimiento popular de conquista de nuestros derechos y los costos que hemos tenido que pagar desde la primera vida sacrificada. Así es como tras haber buscado antecedentes y recuperado, en parte, la memoria de la Masacre de la Escuela Santa María, siento que lo vivido por nosotros durante los tres años del Gobierno de la Unidad Popular, con un hermoso comienzo de esperanza, a la que se opuso el brutal poder del capital, el boicot y el imperialismo, trajo la caída de nuestros sueños, la represión y la muerte Siendo importante destacar que habiendo una diferencia circunstancial en el tiempo de estas dos masacres en relación a que en 1907, no quedaron agrupaciones de familiares buscando la justicia y a los desaparecidos como en 1973, fue nuestra memoria colectiva, oral y escrita, la que ha guardado hasta hoy la verdad de lo sucedido en ambos casos”

¿Cuál es la motivación de escribir un libro sobre la matanza de la Escuela Santa María de Iquique desde la perspectiva de un familiar de ejecutado político?

Soy de una generación que teníamos muy claros nuestros ideales y los logros que teníamos que alcanzar en torno a los derechos, el amor, una sociedad libre y feliz. A partir de eso, tengo una visión determinada. Éramos un grupo de ocho amigos, compañeros, hermanos. Un grupo bien cerrado. De ellos, la Caravana de la Muerte mató a cinco, y un sexto, Dagoberto Cortés, murió en un falso enfrentamiento en Santiago. Sólo quedamos dos, mi marido y yo. Yo juré a mis muertos que los sacaría de la fosa e iba lograr la justicia. Por eso mismo tuve la necesidad de plasmar en un libro nuestra experiencia, lo que realmente sucedió. No puedo hacer una conmemoración solo a mis muertos, sino por todos los muertos de la Caravana, porque no sólo mataron a mi hermano, a mis compañeros y a los 16 de Copiapó, sino que mataron 96 más los 9 de Temuco que no figuran. Por lo tanto, la Caravana de la Muerte son 105.

Aparte de los muertos de la Caravana, también tengo muertos por mi historia como clase social, como una mujer del pueblo, una mujer más del pueblo trabajador y de la clase trabajadora. Luché como todo joven y luché por los logros de la clase trabajadora. Desde esa perspectiva ¿cuántos muertos tenemos? ¿Cuál es nuestra historia? A los 15 años supe de la masacre de la Escuela Santa María, luego viví la experiencia de la UP y la dictadura, y después viví el centenario de la matanza en Iquique. El vínculo con la ciudad que me alojó en mi exilio interno, marcó partes muy importantes de mi vida. Siempre hemos buscado esa justicia social que permita que cada persona tenga lo que debe tener cada individuo para ser feliz: trabajo, justicia, techo y libertad. Esa es la justicia que siempre el hombre ha buscado.

¿Cuál es la columna vertebral del libro?

Es el reconocimiento por nuestros muertos, por todas las vidas que hemos perdido como clase. Esa llamada sangre vertida es lo que nos tiene que dar fuerza, tenemos que honrar a cada uno de ello con el castigo para los culpables, porque nos mataron ayer, nos matan hoy y nos matarán mañana. Para el futuro ya están preparando una nueva masacre, siempre lo hacen, no es casualidad que los militares sigan yendo a la Escuela de Las Américas.

Esta es la primera vez en la historia de Chile que los culpables de una masacre van a la cárcel. Y eso lo hemos logrado los familiares con todas las luchas que hemos dados. En tribunales, haciendo un libro, saliendo a la calle…

El libro trata desde el primer gran movimiento obrero en 1890, que fue una revuelta que salió del puerto de Iquique, subió a la pampa, se vino a Valparaíso y se expandió por Sudamérica. A partir de eso hasta el 1973 ¿qué pasó con todos esos muertos? El tema principal es el encubrimiento y el ocultamiento de la verdad, el manto de olvido, que es un arma de ellos.

¿Cómo se expresa ese “manto de olvido” en la historia?

El Mercurio actuó diciendo que eran menos los muertos, que eran delincuentes… Siempre la prensa oficial y los patrones han dicho que fueron sacrificados “lamentablemente” algunos insurrectos, revoltosos, pero que fue necesario ese sacrificio para mantener la paz social. Ese discurso se repite en la Santa María, en La Coruña y que escuchamos hasta hoy por el Golpe de Estado… Es exactamente lo mismo, lo que dice Kast, Renovación Nacional y todos los partidos que representan al patrón. Han encubierto, han aplastado, intimidado y aterrorizado al pueblo. 

¿Se volverá a ver un movimiento social con fuerza y carácter de clase?

Son las necesidades inminentes de los trabajadores lo que hace que se levanten nuevamente, como es el caso del movimiento No + AFP, el movimiento estudiantil y todos los demás movimientos, los levantan la necesidad natural. Resulta que a partir del 73′ en adelante, las manifestaciones que vinieron que rebeldía hay sido manifestaciones espontáneas, innatas.

¿Qué opina usted de las expresiones del diputado Urrutia? 

Urrutia tiene una mente criminal y faltan todas las leyes promovidas por ellos mismos. Son provocadores, ellos están esperando una reacción de nosotros. Es lo mismo que hace Kast; está levantando un movimiento que va hacia una nueva masacre, ellos quieren aplastar esto con una ideología de exterminio. Ellos levantan una posición de terminar con los revoltosos, los extremistas, con los homosexuales, las mujeres feministas y todo aquello que vaya en contra de esa religión que ellos tienen.

¿Existe un patrón común de cómo el Estado ha tratado a los familiares de ejecutados políticos?

El patrón general es no darle ninguna explicación y con una prepotencia extraordinaria darle el mismo trato a los familiares como a un delincuente que cae por causas policiales. Solo si es que apareció, tienen que llevarse a su muerto y sepultarlos. Como el episodio de Ranquil, donde más de 500 campesinos fueron desaparecidos por carabineros en una tarde, los tiraron a un río y no dieron ninguna explicación ¿qué familiar iba a pedir una explicación? Corrían el riesgo de que lo mataran y tiraran al río.

¿Y en la matanza de la Escuela Santa María?

Culparon a los obreros y les hicieron un juicio. A los familiares los tomaron, los metieron en barcos y los mandaron a sus casas de regreso. Por eso los manicomios de la zona central estaban llenos de gente que tuvo el mismo trauma que tuvimos nosotros, por eso existe un plan de salud para nosotros y no porque el Estado haya querido darlo, sino porque lo exigimos. Ese trauma, los familiares de la Santa María lo vivieron solos, alcoholizados y repletando manicomios. La única diferencia que tenemos como familiares y como pueblo, es que en esta pasada, los familiares pudimos hacer querellas contra los criminales y logramos llevarlos a la cárcel. 

¿Qué le diría usted a las generaciones futuras?

Que tengan conciencia que todo lo que busquen para lograr una sociedad justa va a ser reprimido y que no lo permitan. No tenemos que permitir la violencia que se desata contra nosotros cuando luchamos por lo derechos. Hemos logrado en el siglo pasado y ahora tener normas como la carta de los Derechos Humanos y tenemos precedentes. Los hemos enjuiciado, los hemos llevado con sus propias leyes, con su propia institución, con su propia Constitución, con su propio sistema. Las nuevas generaciones tienen que ser valientes porque no podemos ser corderos, no podemos ser esclavos. El derecho a levantarse como pueblo es fundamental.