Los indígenas sudamericanos, dice el antropólogo James C. Scott, descubrieron que mordiendo la corteza del árbol llamado cinchona podían curar la malaria. Esto sin necesidad de saber que la quinina era el ingrediente activo que lo permitía, ni preguntarse por qué ni cómo funcionaba. Ajenos a la técnica moderna y al método científico, esta población aborigen dio una solución práctica y efectiva a una cuestión de sobrevivencia, que no fue resultado del azar sino de un largo proceso de observación y experimentación. Con este ejemplo, Scott muestra que el conocimiento no es patrimonio exclusivo de la ciencia moderna y el racionalismo. Estos, sin embargo, por su misma pretensión de universalidad, suelen olvidar -o despreciar- la existencia de otras instancias de saber. Lo problemático es que ese olvido, combinado con la hegemonía casi absoluta del pensamiento científico en la acción del Estado moderno, explicaría –según el antropólogo– los fracasos de los más grandes y violentos proyectos de transformación social del siglo XX.

Aunque tendemos a sentirnos lejos de las experiencias autoritarias de planificación central que estudia Scott, la crítica que éste realiza a la acción del Estado no está muy distante de nuestros dilemas actuales. La reciente publicación de la Matriz de Inclusión Social del Hogar de Cristo pone en evidencia no sólo la persistencia de un número importante de personas en contextos de extrema pobreza en Chile, sino también la brecha que existe entre ellas y las políticas, privadas y públicas, que buscan ayudarlas. La magnitud de estas brechas en las distintas áreas identificadas por el informe, que corresponden a aquellas donde reside hoy la “población más pobre de entre los pobres”, obliga a una revisión detenida de las políticas sociales. Pero esto no constituye una cuestión meramente técnica, que pase por mejorar los mecanismos de planificación e implementación de las distintas prestaciones. Aquí está en juego una pregunta previa, y que guarda relación con el modo en que dichas prestaciones se piensan y construyen.

¿Cómo resolver esa distancia entre las políticas sociales y los “invisibles” de nuestra sociedad? Pablo Egenau, director social del Hogar de Cristo, respondió a esta pregunta señalando que “nada acerca de nosotros se debe hacer sin nosotros”. Con esta afirmación, además de precisar que la “fórmula única” no existe, Egenau subraya la necesidad de incorporar en la formulación de toda política pública a sus destinatarios. En abstracto, esta parece una idea lógica y autoevidente, pero es sumamente difícil hacerla efectiva. Porque no se trata sólo de preguntarles qué necesitan, sino de considerar su propio conocimiento a la hora de construir los programas para ayudar a los más de 700 mil chilenos identificados por el informe. Un desafío así requiere de una maquinaria compleja que supera con creces la acción del Estado. Pues además de nutrirse de investigación especializada para perfeccionar las diversas formas de intervención, tal maquinaria debe ser capaz de recopilar y sistematizar permanentemente el “conocimiento práctico” de sus destinatarios. La llamada “sabiduría popular” suele ser valorada por su interés folclórico o patrimonial, pero pocas veces se la considera como un saber relevante para la formulación de políticas públicas, y menos para explicar los problemas que siempre trae su implementación.

Este es justamente el punto ciego que, con ironía, describe Scott: a menudo quienes planifican piensan que su población objetiva es más estúpida e incompetente de lo que en verdad es. No alcanzan a reconocer que al menospreciar el material que sólo las personas en su experiencia cotidiana y práctica adquieren, pierden información fundamental para que sus políticas sean exitosas. Enfrentar, entonces, el grave desencuentro identificado por el informe del Hogar de Cristo entre las personas en contextos de extrema pobreza y la cobertura, exige “hacerlo con ellas”. Si no, estaremos condenados a seguir reproduciendo fracasos y perpetuando la marginalidad y exclusión de personas que, además de tener carencias, cuentan con un punto de vista insustituible para resolverlas.

* Investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad.