“El debate sobre el uso medicinal de productos derivados de cannabis ha sido arduo. Imposible no conmoverse con casos específicos en que pacientes o sus familiares buscan reducir el dolor de penosas enfermedades. Pero también salta a la vista que los argumentos no siempre tienen el respaldo de la evidencia científica que se requiere para abordar materias de salud pública”, dice en una carta a El Mercurio el presidente del la Sociedad Chilena de Pediatría, Humberto Soriano.

Por eso -agrega el facultativo- se celebra el trabajo de la Fundación Epistemonikos, que, “en conjunto con un grupo de 31 académicos y colaboradores, lleva dos años sintetizando la investigación existente sobre los efectos del uso medicinal de cannabis y de fármacos derivados”.

Como se recuerda, Epistemonikos dio a conocer una declaración pública en la que advertían que, por lo pronto y con la evidencia que existe, son mayores los efectos adversos que los beneficios en el uso medicinal de la marihuana y sus productos derivados.

“El método utilizado sigue los más altos estándares metodológicos y de transparencia, y contempla una actualización permanente. La revisión de más de mil estudios los llevó a concluir que la cannabis podría tener beneficios escasos, pero sí efectos adversos frecuentes que sobrepasan sus bondades”, afirma Epistemonikos.

“Y más relevante aún, que no está clara su efectividad, pues la certeza que brinda la evidencia científica es aún baja”, subraya.

Por esto, y por que “los análisis se hacen en base a productos derivados de cannabis, y no del consumo de la planta sin procesar”, Soriano dice que “no se justifica, desde un punto de vista científico, que se intente incrementar el acceso a formas no procesadas de cannabis para uso medicinal. Más útil sería, por ejemplo, incorporar a la canasta medicamentos efectivos para tratar a niños con epilepsia refractaria”.