A raíz de la carta firmada por Fundación Epistemonikos y varias sociedades de medicina, que apunta a que no existe evidencia suficiente que acredite que el uso medicinal de la marihuana es beneficioso, el psiquiatra Carlos Ibañez, de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile y experto en Adicciones, compara el marketing de las campañas tabacaleras de antaño versus las ideas que promueven las agrupaciones pro cannabis.

“La primera gran similitud es que tanto las tabacaleras como la industria de la cannabis lo que hace es promocionar un producto que produce daño para la salud. Con esa gran dificultad de inicio, no es una tarea fácil promocionar cosas que son dañinas pero existe toda una industria del marketing que muy inteligentemente posiciona estos elementos para que la gente consuma más”, dice el también encargado de implementar el modelo de Islandia para reducir consumo de alcohol y marihuana en Chile.

“En el caso del tabaco lo que hicieron fue de alguna manera asociar todo el movimiento de emancipación femenina para conquistar el voto de ellas en Estados Unidos con la promoción del cigarrillo entre las mujeres que en esos años era muy mal visto. Gracias a la conquista del voto femenino se logró posicionar como fumar como una conducta muy libertaria, muy progresista”, recuerda.

El profesional dice que en este momento se está haciendo algo similar “desde el punto de vista de que se asocia el plantar marihuana en las casas (el derecho a producir), con la libertad. Con una libertad que otorgarían estas nuevas propuestas de ley”, asegura.

¿Qué es lo que tienen en común ambas campañas?
-Tanto en el tabaco como en la industria de la cannabis están los intereses de vender más: más semillas, más productos relacionados con el cultivo, etc.

¿Qué opina sobre las declaraciones de Fundación Daya que apuntan a que esta carta es parte de un lobby de las farmaceúticas?

-Yo creo que es importante que las sociedades que suscribimos la declaración de la fundación Epistemonikos y la misma fundación tiene las reglas muy claras respecto de lo que son la transparencia y las relaciones con la industria farmacéutica. Creo que eso también debiese ser exigido para los voceros y agrupaciones que defienden el consumo de cannabis. De alguna manera, también nos sirve conocer los intereses comerciales de las agrupaciones que promueven el uso de la planta. No es lo mismo para una industria que vende semillas de marihuana que se legisle a favor de plantar semillas en las casas versus a que no se legisle en esa dirección. Esto no es algo que afecte a las instituciones que se dedican a la investigación, al análisis de la evidencia física o las mismas instituciones médicas. Eso es algo que no afectaría directamente nuestro trabajo.

Uno de los argumentos esgrimidos por Daya es que ustedes dicen que no hay evidencia científica pero al mismo tiempo reconocen la existencia de fármacos que vienen de la planta, que pasaron por criterios de análisis y que demostraron efectividad.

-Este es un punto importante. ¿Cuál es la gran distinción que sostenemos las sociedades científicas y agrupaciones médicas respecto a las agrupaciones que abogan por la marihuana? Que no es lo mismo hablar de marihuana que hablar de fármacos canabinoides. Ese es un tema central. Si es que por algún motivo se encuentran resultados positivos para algunas enfermedades con fármacos canabinoides, lo que nosotros sostenemos es que pase por los mismos procesos que pasa cualquier otro fármaco en nuestro país para que se apruebe por el instituto de salud pública y para que se indique si efectivamente es seguro y eficaz.

Esa es la diferencia con las agrupaciones canábicas que apuestan por el uso de una planta completa, no existe evidencia para justificar eso. No solo apuntan al uso, sino que dicen: ‘plantémoslas en la casa’.