Después de la entrevista concedida a La Tercera, en la que le consultan por las tomas feministas en la Ues, el escritor Rafael Gumucio hace algunos alcances de sus comentarios.

En primer lugar, afirma que “incurro en generalizaciones indignas de un tema importante y que creo que hay que abordar con una altura de mira que me faltó”.

Luego, sostiene que “no importa la procedencia social o etárea de las tomas, pero sí el tenor de sus razones y reivindicaciones que al visiblizar una forma de abuso, el sexual, olvidan que ésta es una sociedad del abuso, un abuso que no es patrimonio de ningún sexo y que es ante todo social”.

Recuerda que “el 2011 los jóvenes supieron poner el buey antes de la carretera y al decirle no al lucro llegaron al sentido común de un país que entiende que como consumidores dejamos de ser ciudadanos”.  Por eso -prosigue- “siento que al centrar la reivindicación feministas de hoy en el vigilar y castigar se está alejando del sentido común del país. O sea, se está importando medidas y visiones que han aislado a la izquierda americana de su electorado (y permitido la llegada de Trump) a través de la amenaza a la disidencia y el reemplazo de la razón por la sensación”.

“Por cierto puedo estar equivocado, pero sé que mis percepción la comparten muchos, demasiados hombres y mujeres que no apoyan ni solidarizan con ningún abuso y que no tienen porque responder por los abusos de otro, sino razonar qué hay detrás de esa palabra y de esa cultura”, agrega.

“Yo sé que no es simpático poner peros o dudas cuando hay dolor y rabia en la agenda, pero muchas veces creo que es útil cuando la unanimidad de los que piensan como tú te permiten no explicar, pedir explicaciones”, asevera.

Gumucio sostiene además que “sé que soy hombre y blanco y tengo una posición de privilegio, pero no pienso pedir disculpa por ser quien soy porque no le exigí a nadie que lo haga para sentarse a conversar conmigo. Si estoy en la Universidad o en un medio de comunicación mi obligación es respetar”.

Para cerrar, dice que “la idea de que el otro habla de buena fe y que la razón y sólo la razón es el arbitrio de quien gana el debate son ficciones, lo sé, pero sin ella no hay cultura ni civilización posible”.