¿Cómo ves la toma feminista de las universidades?
-Las mujeres nos empoderamos, nos hastiamos de este trato y cada cierto tiempo se necesitan estos quiebres para reinventarse. Si antes fue la lucha por el voto y otras causas como la integración al campo laboral, hoy estamos peleando por una serie de derechos, entre ellos, quizás el más importante, por el derecho a que se nos respete. Es cosa de ver lo que pasó en España con este grupo llamado “Manada” o lo que ha pasado en Chile con esa chica que denunció haber sido violada por un grupo fanático de un equipo de fútbol. Si a eso le sumamos las acusaciones de abuso, nuestra respuesta es ¡basta! Para eso se necesita un movimiento que dé que hablar, porque esta situación no se resuelve en un escritorio en una conversación entre privados. Los cambios siempre nacen de las crisis, nunca son tranquilos, no pasan por conversaciones a puertas cerradas en las que decidamos: “ahora lo vamos a hacer distinto”. No, los cambios siempre nacen de las crisis, de los conflictos y lo que está pasando con nosotros es que estamos en una etapa de transición. El punto es que no podemos hacer vista gorda de toda la información que tenemos y seguir actuando como si nada hubiera cambiado. Tenemos que evolucionar.

-¿Qué te provoca el término feminazi?
Los extremos no hacen bien para nada; esto no se trata de creer que los hombres son un desecho o que hay que destruirlos. Nada que ver, esto se trata de que las mujeres tengamos exactamente los mismos derechos que ellos, que ganemos lo mismo y que recibamos el mismo trato en igualdad de oportunidades. Esa es la historia, lo demás es un fanatismo que no tiene sentido, que incluso le hace daño al movimiento feminista, porque lo ridiculiza y lo caricaturiza.

¿Cuál es escenario que enfrenta Herval Abreu después de las acusaciones en su contra?
-Es un escenario complejo porque hay tanta acusación concordante entre las declaraciones de todas las denunciantes, que da, por lo menos, indicios de que esto amerita ser investigado, como se está haciendo. Es normal que un caso así levante tanta atención pública y creo que es bueno que sea así para que hablemos del tema y empecemos a entender cómo funciona el abuso. Una discusión muy importante se da a propósito de los cuestionamientos que se hacen a las denuncias realizadas después de varios años. La respuesta es que una víctima se demora muchos años en aceptar que fue abusada y en hablar sobre el tema; imagínate que una víctima de violencia se demora en promedio siete años en hablar y en denunciar. Una víctima de abuso puede demorarse toda una vida, puede incluso nunca hablar sobre ese tema. Por eso es importante la imprescriptibilidad de los delitos a menores de edad.

¿Qué es lo que más te da rabia de los problemas de las mujeres hoy?
-Da rabia tener que esforzarse tanto. Lo discutía con un amigo el otro día: “es que no, es que tendrías que nacer de nuevo, tendrías que ser mujer para entender lo que es salir de noche y pensar que lo peor que te puede pasar no es que te asalten, sino que te violen. ¿Tú sabes lo que es ir en el metro y tratar de correr el poto para que no se te enganche nadie atrás? ¿Sabes lo que es andar entre un tumulto cuidándote el poto para que no te lo agarren? No tenis idea lo que se siente cuando uno está trabajando y chucha, quieres quedar embarazada y sabes que al hacerlo capaz que te cambien de puesto y que te echen después del posnatal”. Digámoslo: vivimos con un estrés distinto al de los hombres porque tienes que demostrar el doble para ganar lo mismo, porque tienes que ser el doble de eficiente porque eres mujer. Basta ya, nos aburrimos.

PAPITOS CORAZÓN
Tienes un estudio en el que llevas básicamente causas de familia ¿por qué?
-Tenemos algunas causas civiles, pero principalmente nuestro fuerte son las causas de familia porque creo que es el mayor conflicto que tienen los chilenos y el que más daño produce, especialmente en la crianza de los hijos. Tuvimos un demandado que era abogado al que tuvimos que meterlo preso para que entendiera que su hija necesitaba los alimentos porque se estaba muriendo con leucemia. Estos casos me parten el alma y me apasionan. Además, me involucro muchísimo porque son emociones transversales: puedes tener un cliente con muy buena situación o un cliente con una economía muy precaria, pero finalmente las sensaciones son muy parecidas a las que viví yo misma el día que me divorcié: el bloqueo, el miedo, la pena, el nerviosismo… Sé en carne propia lo que se siente y por lo mismo hoy estoy metida en un proyecto para masificar el servicio legal a la familia…

¿Cómo será este servicio legal? ¿Será con pago contra sentencia?
-No necesariamente, pero sí en niveles en que la masividad nos permita bajar los honorarios en forma contundente para que más gente pueda acceder. Queremos que el acceso a la justicia deje de estar supeditado por temas económicos, queremos que sea transversal.

¿No te dan ganas de quemar una micro cuando tratas con “papitos corazón”?
-Eso es lo que me pasa haciendo el programa, cuando la gente me pregunta “¿por qué se vuelve loca?” y es porque no puedo creer que tenga que explicar con peras y manzanas que los niños comen todos los días, que van al colegio, que se enferman y que se necesita un mínimo de plata para educarlo. Si usted no quiere tener un hijo compre condón, absténgase, no sé, busque una forma, pero si el hijo nació ¡no puede hacer cuenta que no existe!

¿Es nuestra historia la de un pueblo de huachos?
-Yo creo que tiene que ver con una especie de matriarcado que nosotras mismas ejercimos y que dice que los hijos son míos, los crío yo y me hago cargo yo. Si tú te vas de la casa, el hijo es mío. Con años de práctica he descubierto que mientras más lejos está el padre del hijo, menos involucrado está ese padre con ese hijo, y por lo tanto no paga, no lo visita y se olvida. Cuando el padre se compromete con el hijo, cuando el lazo afectivo con el hijo es cercano, se hace inquebrantable. Si el padre ve al hijo seguramente no vas a necesitar decirle que el niño necesita zapatillas, porque lo va a ver el fin de semana y se las va a comprar solo.

NI POR LINDA NI POR SIMPÁTICA
¿Cuál será el problema más grande que tenemos como sociedad?
-Desde mi punto de vista es el clasismo, porque es la fuente de todos los quiebres sociales. En Chile no existe la aristocracia, en Chile las personas que hemos logrado una mejor situación económica venimos de una clase media pujante, trabajadora, que se ha sacado la cresta. La gran mayoría no nacimos en cuna de oro y somos bien pocos por lo demás. Y a veces siento que se pierde el norte y se cree que todo Chile está en una buena situación económica en circunstancias de que la mayoría vive pésimamente mal. Me llama la atención cómo este grupo desconoce su pasado porque anhela sentirse parte de esta nueva clase alta. Muchos no quieren hablar de dónde nacieron, no quieren decir cuáles son sus orígenes y desprecian su historia. Por otro lado, los que están abajo mirando hacia arriba, ven a este señor que llegó allá y como no saben que se sacó la cresta él o su familia, lo ven como un apitutado o como el hueón que tuvo suerte. Y nace la rabia y se produce un desprecio desde los dos lados. Todo se solucionaría si dejáramos de ser tan clasistas, tan aspiracionales, si empezáramos a reconocer nuestros orígenes porque nuestra esencia tiene valor y llegar arriba sacándose la cresta es loable, no es despreciable.

¿Has tenido experiencias de machismo y clasismo?
-Sí. Me acuerdo cuando recién empecé a trabajar en derecho penal, en causas de alta connotación, me trataban como “esta niñita recién salida”. Una vez un abogado después de una audiencia en tribunales, en pleno pasillo y a viva voz gritó: “¡Qué se cree esta pendeja de mierda!”. Yo lo miré y atravesé el pasillo hacia el otro lado y le dije “gracias por el piropo: me dijiste pendeja y tengo 42 años”. De episodios clasistas qué te puedo decir: he vivido de todo, desde estar muy cómoda a no tener ni un peso, y lo agradezco porque creo que me dio la experiencia y el sentido de entender y la empatía que hoy tengo. Me acuerdo que cuando me separé me compré un auto que se calentaba y tenía que andar con un bidón de agua para poder echarle cada tanto. Cuando recién me contrataron en Chilevisión varias personas me dijeron “cambia el auto, no puedes llegar en ese auto” y yo les decía “si es el único auto que puedo pagar”. Hubo algunos que incluso me dijeron “mejor anda en taxi, pero no llegues en ese auto”. Cuando fui candidata a Reina de Viña, una de las más grandes estupideces que he cometido en mi vida, ni hablar: los comentarios iban desde mi color de la piel, pasando por el apellido hasta la contextura física…

¿Cómo se defiende uno de la humillación?
-De ese periodo de la candidatura a reina lo que más me dolió fue la reacción de mis hijos. Del resto y del ego te voy a ser súper franca, lo dije ese día y lo vuelvo repetir y te juro que es así: nunca he logrado nada en mi vida ni por linda ni por simpática, lo he logrado trabajando, estudiando y siendo responsable. Entonces que me digan que soy fea, bueno es lo que hay, qué quieren que haga… Da lata pero no me quiebra, pero sí ver a mis hijos llorar.

GEMITA, SPINIAK, NOVOA Y ÁVILA
Este año se cumplen 15 años del caso Spiniak, en el que defendiste a Gema Bueno. ¿Cómo recuerdas esa experiencia?
-El caso Spiniak fue como hacer un doctorado, porque tenía de todo: sexo, drogas, religiosos, políticos, farándula… Además, tenía a los políticos como contraparte; por un lado a la Concertación defendiendo al cura Jolo y por otro lado, a la derecha defendiendo a Jovino Novoa. Fue un caso sumamente difícil que además tenía toda la atención nacional puesta encima. Fue intenso, yo trabajé muchísimo, me recuerdo pasando las noches en banda y a las ocho de la mañana en la corte para alegar. De ahí me iba a la cárcel para hablar con la Gemita una y otra vez la misma historia, para ver si se contradecía, para ver si entraba en discrepancias o aparecían cosas que había que investigar. La gran moraleja que me dejó fue el sentimiento atroz de sentir que en este país poco importan las verdades jurídicas…

Pero tú defendiste a Gemita…
-Cuando entré a la causa lo hice con las mismas aprehensiones que teníamos todos los chilenos cuando veíamos la tele y al final del día decía lo que todos decían: “si alguien se retractó, lo hizo por alguna presión política”. Yo debo haber revisado el relato de la Gemita respecto a su retractación y te juro que no te exagero si te digo que lo hice cien veces. Su última declaración fue la real: ella jamás participó de estas fiestas, todos los testimonios que dio fueron preparados y así se probó en el tribunal, pero la gente sigue pensando que no fue así, porque quiere pensar así no más…

¿Por qué Gemita inventó todo?
-Cuando uno empieza a conocer la historia de Gemita, que salió de su casa muy chiquitita y que creció en hogares del Sename, entiendes que sus intentos por complacer a quien conoce no son una característica extraña. Querer ganarse la confianza y el cariño de quien lo acoge no es una cosa rara en un niño que tuvo la infancia de Gemita y eso es lo que la movió. En ese minuto ella sentía que tenía un hogar, que tenía una familia, que lo estaba pasando bien, que estaba teniendo una vida que nunca había tenido y eso le encantó, pero cuando se dio cuenta que fue demasiado lejos se asustó y se dio cuenta que se le pasó la mano.

También es muy feroz lo que pasó con Spiniak…
-La gente todavía habla de pedofilia y en el caso de Spiniak jamás hubo pedofilia, hubo depravación y todo lo que tú quieras, pero hay un sólo caso que es el de José Alegría que tenía menos de 18 años en esa época; el resto de los involucrados eran todos mayores.

¿Qué te provoca lo que pasó con el juez Calvo y la cámara oculta del departamento de prensa de Chilevisión liderado por Guillier?
-Yo tengo el mayor de los respetos por el juez Calvo, lo conocí después como ministro en la corte, es una tremenda persona, un gran profesional y creo que lo que se hizo no tiene ninguna justificación… A él le arruinaron la vida. Creo que hoy lo entendemos con mayor cabalidad, pero en esa época hubo que explicar que la vida sexual de él no tenía por qué tener injerencia o no tenía por qué ser obstáculo para que él tuviera la imparcialidad o la capacidad mínima que se requiere para juzgar un delito… Hoy día parece aberrante, pero en esa época hubo que explicarlo.

¿Cómo ves este caso con la perspectiva de los años?
-Muchas veces conversé esto con el ministro Muñoz: el caso era un caso que podría haber sido como muchos otros, un caso con ene aristas, con todo lo que quieras, pero al que mediáticamente se le dio una connotación distinta con todos estos nombres de políticos y famosos… Al final del caso Spiniak no había nada; se trataba de una persona con una clara depravación o perversión sexual que facilitaba la explotación sexual y punto. Ese es el caso Spiniak.

¿Cuántos heridos dejó este caso?
-Novoa, por ejemplo, yo creo que para siempre va a sentir el daño que le hizo el caso Spiniak porque la gente nunca se va a terminar de convencer que no estuvo implicado, que no se pudo probar nada, que nunca se relacionó con el caso… Otro ejemplo: Nelson Ávila, con quien me reuní mientras tramitaba el caso y al que considero un amor de persona. Creo no cometer una infidencia al contar cuando él me decía “tú no sabes lo terrible que es esto… antes mi señora me miraba pensando que yo era un picaflor y hoy día me mira pensando que soy un pervertido” y todo por una declaración, sin ninguna prueba, ¡si eso es lo más terrible! ¡en ese caso no había pruebas! Eran puras declaraciones, puros dichos…

Otro caso de alta connotación que llevaste fue el de Rodrigo Orias, quien degolló a un sacerdote en la Catedral…
-¿Tú sabes que Chile es uno de los países que tiene mayor cantidad de enfermedades psiquiátricas, y sin embargo no sabemos nada sobre el tema? Esa fue mi mayor motivación cuando tomé esa causa y me propuse dar entrevistas y explicarle a la gente lo que significa ser esquizofrénico. Tuve que estudiar muchísimo y el doctor Mario Quijada del Hospital Psiquiátrico me ayudó un montón. Cuando yo tomé el caso a este chico lo querían colgar en la Plaza de Armas y tuve amigos que me dijeron que me iban a excomulgar por defender a un supuesto demonio que mató a un cura… Mucha gente pensó que Rodrigo no tenía ninguna salvación y que, si hubiese existido la pena de muerte, él la merecía. Cuando lo conocí, a los dos segundos de hablar con él me di cuenta que, obviamente, no estaba en sus cabales. Y si hubo un punto de quiebre fue cuando el Padre Nicolás Vial de gendarmería me llevó a conocer la calle 15 de la cárcel, que era el lugar donde Rodrigo iba a ir a parar. Era un lugar inhumano, donde la posibilidad de recuperarse es nula, donde el futuro no es otro que morir ahí drogado, medicado hasta el último día, olvidado por nuestra sociedad, en condiciones denigrantes. Ahí me comprometí con el alma, ahí cagué.

Y demostraste que sólo necesitaba medicación…
-Eso era todo lo que necesitaba, a Rodrigo lo llevamos a Putaendo que es el mejor lugar que existe en Chile para tratar estos casos. Ahí estuvo con un equipo de excelencia y Rodrigo a los dos años tenía muy clara su enfermedad, el gobierno de Canadá donó el medicamente que hasta el día de hoy consume y se empezó a estabilizar. Y ahí uno se dice por Dios, por qué no todos los enfermos tienen acceso a esto, por qué perdemos gente así.

UN SISTEMA CARCELARIO INHUMANO
¿Cómo explicas el sistema carcelario que tenemos?
-Chile es uno de los países que más presos tiene en Latinoamérica, sin embargo, no tenemos la disminución de delitos que quisiéramos, eso quiere decir lo que los estudios internacionales sobre derecho penal dan fe: que no hay relación entre mayor cantidad de presos y menores delitos. Construir más cárceles no es la solución, la solución es la intervención a temprana edad, cuando el niño tiene siete u ocho años. Para eso tendríamos que tener un Servicio Nacional de Menores acorde a la situación y no como el que tenemos. La segunda opción es la reinserción, o sea, tomar a este señor que merece una condena, tenerlo privado de libertad y durante esa privación de libertad prepararlo y darle las herramientas para poder reinsertarlo a la sociedad y que se transforme en un individuo útil.

¿Pero entonces qué pasa?
-Es más fácil meter presos…

Pero es que eso llega a ser doloso…
-Claro que lo es, no sé cuáles serán las razones para no buscar una buena solución, me imagino que a lo mejor serán los costos, o tal vez que frente a tantas carencias, tantas patas cojas, preferimos invertir en otras cosas y no en un sistema penal mejor. No tengo idea, pero lo que sí sé es que el sistema no está funcionando como debería y como está, es inhumano.

¿Qué caso te gustaría llevar hoy?
-El de Ámbar, porque ese caso me emocionó muchísimo y no estoy hablando por el responsable… Es tan obvio quién es el culpable y las penas que le van a tocar, que ni siquiera ese es mi tema. A mí me interesa todo lo que hay alrededor: me interesa el examen que se le hizo a la niña meses atrás; la denuncia de una profesora que daba indicios de que ya estaba siendo violentada; las gestiones que hizo el tío para solicitar el cuidado personal; el rechazo de la tía al decir que ya no la quería cuidar… Me gustaría saber qué pasó, quién falló, qué hizo el Sename, los Tribunales de Familia, los consejeros técnicos …

Hay abogados que dicen que no litigian por la prensa, pero tu estilo siempre ha sido lo contrario. Sabes del manejo de los medios, del peso de la opinión pública y lo ves como parte de la estrategia legal…
-Exactamente, así fue. Piensa en cuando a Rodrigo Orias la gente lo quería linchar o en el caso de la Gemita Bueno cuando toda la prensa hablaba de veinte años de cárcel para ella. Yo me negué a eso y dije que no, pero había que hacer cambiar de parecer a la opinión pública, porque aunque digan que no, yo siento que la presión pública influye pero tremendamente en la decisión de los jueces. No en vano la prensa es el cuarto poder. A mí me consta que los ministros en el caso Spiniak todos los días recopilaban toda la prensa y la revisaban. En el caso de Orias no me quedó otra porque la jueza nunca me quiso abrir el sumario.

Tú decías que, finalmente, los jueces escuchan a la opinión pública, ¿eso es bueno o es malo?
-Sí… es bueno…

¿Y qué pasa cuando el clamor es la pena de muerte?
-Uno no puede hacer oídos sordos, uno tiene que escuchar y estar permeable a la información pero jamás venderse al populismo. Por otro lado, frente a temas como estos hay bastante aprovechamiento político y mi punto de vista es muy simple: los que hoy hablan de la pena de muerte en los medios están vendiendo humo.

EL CHILE QUE MUCHOS NO QUIEREN VER
¿Son de verdad los casos que salen en tus programas? ¿Es tu nuevo programa una versión de La Jueza?
-El programa se llama “Carmen Gloria a tu servicio” y el formato es prácticamente lo mismo y consiste en resolver los conflictos… Y sí, son todos casos de verdad, asunto que agradezco con toda la humildad del mundo porque desde que el público se enteró que estábamos en TVN nos han llegado más de mil casos. Hay gente que todavía no lo sabe, pero nosotros tramitamos judicialmente estos casos y, por ejemplo, en el caso de una pensión de alimentos, en tres semanas entregamos una sentencia del tribunal de familia. Mientras en el sistema tradicional debes ir a la Corporación Judicial, someterte a una evaluación de la asistente social, esperar que la causa la empiece a tramitar un abogado, -que seguramente te van a cambiar a los tres meses o seis meses porque son los abogados en práctica-, puedes pasar entre seis meses y un año tramitando tu causa. Acá no, aquí tienes solución en un máximo de 30 días…

¿Qué pasó con la declaración que hizo un ejecutivo de Chilevisión y que respondiste por Instagram?
-Después de la declaración de ayer de Javier Goldschmied en La Tercera, confirmé que mi sentimiento tenía asidero y que no era una sensación mía, que era verdad que nos veían como a los rascas, como a los rotitos que hacían La Jueza. Y por eso reaccioné en Instagram, porque ni a mi equipo ni a mi público me lo tocan. ¡No po´! Yo creo que ese es el Chile de verdad, no es el metro cuadrado que conocen algunas élites, Chile es esto, el país que nadie quiere ver.

¿Clasismo nuevamente?
-Clasismo puro, como esos comentarios del tipo “esta señora es muy fea, no es tan bonita o le faltan dientes”. Frente a eso yo respondo que sí, que así es mi público y este es el país en el que vivimos ¿por qué queremos esconderlo? Me da tanta rabia. ¿Has cachado que ahora a las carreteras les ponen murallas, entonces tú andas por la súper mega carretera y no ves las poblaciones? Entonces en tu cabeza te engrupes que vives en un Chile súper moderno, donde están los súper edificios, donde tenemos un World Trade Center y un Alto las Condes. Hay un porcentaje de la población que sólo mira ese Chile y no quiere ver el otro. En el flaite, en el humilde también está nuestra identidad, también somos ellos. Por eso reacciono como lo he hecho con el comentario del ejecutivo de CHV, porque yo voy a defender nuestra identidad, porque debemos dejar de mentirnos. El Chile real es bastante más pobre, bastante más humilde, bastante más feo y habla más mal de lo que muchos quieren ver. Ese ese es nuestro país, deberíamos valorarlo así con esos defectos y tal vez recién ahí empezaremos a darnos cuenta que tenemos que hacernos cargo y ayudarlos a salir adelante. Olvidarse, hacer de cuenta que no existen no es la solución y eso profundiza la sensación de abandono. A mí me enerva, me da mucha rabia…