Alejandra Matus, destacada periodista chilena y autora de ‘El libro negro de la justicia chilena”, publicó este viernes una columna en su blog personal, donde compartió algunas reflexiones sobre el inminente cierre Revista Paula tal y como la conocemos.

Recordemos que esta semana trascendió que Copesa finiquitaría a todo el equipo de Paula y mantendrá solo el nombre de la publicación, para dárselo a la otra revista del conglomerado que apunta hacia el público femenino: “Mujer”.

“Como era de esperarse, la noticia convulsionó las redes sociales y se levantó un gran coro en que se escucharon muchas voces lamentando lo que el cierre de estos medios significa para el periodismo nacional; otras, que pusieron énfasis en lo inevitable de estos cierres, considerando la crisis del “modelo de negocios” de las revistas impresas en un mundo digitalizado; y algunas, que se alegraron diciendo que la revista era un producto dirigido a las elites y que no tenía más valor que servir de material para pasar el aburrimiento en peluquerías y consultas dentales”, dice el texto titulado “En defensa de Paula”.

Por otro lado la periodista, apuntó a que las voluntades para salvar el medio no fueron suficientes, pues las estrategias para hacer solvente la revista no fueron consideradas por los mandamases de Copesa. “En el caso en particular de Paula, el año pasado perdió 140 millones de pesos. Una bicoca comparada con las pérdidas de miles de millones de otros productos del holding. Es más, las proyecciones para este año eran azules. Por lo que sé, el equipo de dirección de Paula tenía ideas y proyectos que podrían haber levantado los ingresos, sin sacrificar el equipo ni el contenido periodístico, pero nunca le pidieron la opinión, ni lo invitaron a las reuniones en que se decidió la suerte del medio”, dice Matus.

Además señala que no es lo mismo Revista Mujer que Revista Paula, “porque su estructura de funcionamiento es muy distinta. Es cierto que Paula también tenía muchas páginas dedicadas a moda, tendencias y cocina de vanguardia, que eran las que atraían el avisaje, pero con una diferencia clave: el contenido periodístico de Paula no se definía en torno a un diseño de marketing. En buen chileno, no estaba hecho para acompañar a los avisos”, dice y agrega: “Al revés, la idea era que las campañas publicitarias generaran recursos para dar libertad y vuelo a la pauta periodística. Incluso, en el último tiempo las direcciones periodísticas y de avisajes trabajaron a la par ideando estrategias que le dieran sustentabilidad a la revista, pero sin poner a las periodistas (eran fundamentalmente mujeres) al servicio de los avisos”.

La autora de “Doña Lucía”, por último, reflexiona sobre el origen social de su audiencia. “Pero si Paula tenía una audiencia elitista, conozco pocos medios que desafíen a sus lectores con la valentía que lo hizo Paula, publicando en sus páginas temas que eran resistidos fundamentalmente por ellos. El valor que eso tiene para la democracia es enorme. Y si esa contribución se producía siguiendo un hilo en las redes sociales (donde Paula también brillaba) o en una peluquería, pues que fuera”.