Cristóbal Bellolio ha afirmado que no existe espacio político en Chile para levantar un movimiento socialcristiano. No sólo porque según él Maritain no tendría respuestas para esta época, sino también porque generacionalmente no habría “flujo” para ello, lo que quedaría demostrado por el hecho de que los amigos socialcristianos de la época universitaria PUC del columnista “están en otra”.

Pues bien, Bellolio se equivoca. Es un error reducir la doctrina socialcristiana a Maritain, y poco serio desacreditar a ese pensador sin argumentos. También es errado creer que las nuevas generaciones socialcristianas solo pueden venir de la PUC. Pero su problema más grueso es concebir la actividad política como pura taquilla y zorronaje, obviando que ella requiere no solo escuchar a la gente y ofrecer una imagen contingente atractiva, sino también convencer y liderar mirando en el largo plazo. No se pueden evaluar las posibilidades del socialcristianismo con la lógica de Tinder.

El socialcristianismo tiene como fuentes doctrinarias no solo a la doctrina social de la Iglesia sino que también una inmensa variedad de autores comunitaristas, personalistas, humanista-cívicos, republicanistas y promotores de la Economía Social de Mercado. Entre sus principios se encuentran el respeto de la dignidad humana, la búsqueda y promoción de la justicia social, la opción preferencial por los más pobres, el destino universal de los bienes, y el rol de los cuerpos intermedios. Cada uno de estos principios tiene un nutrido desarrollo doctrinario del cual es imposible dar cuenta en esta columna, y que permiten interpretar la realidad y llenarla de contenido y sentido.

La lucha en contra de la injusticia social – por ejemplo – implica la protección de quien se encuentra en una posición más débil en la sociedad, así como de quien ha sido constantemente abusado por un sistema económico que trata a la humanidad como desechos. Con esto me refiero a la precariedad en la que viven los niños del SENAME, los presos en las cárceles, las comunidades mapuches oprimidas, los adultos mayores abandonados, la vulnerabilidad de los inmigrantes y los aún miles de chilenos que viven en campamentos.

En el mismo tenor, el principio del destino universal de los bienes – “primer principio del ordenamiento ético social” -implica promover una economía que facilite a todos las condiciones necesarias para un desarrollo integral, además de la protección de la casa común, la naturaleza. De esta forma, la propiedad privada está subordinada a su función social.

Para afirmar que un proyecto socialcristiano carece hoy de sentido, habría que afirmar que los problemas que esta tradición intenta abordar han desaparecido o han sido suficientemente abordados por otras tradiciones políticas. Y ninguna de esas dos cosas es cierta. Sólo la política zorrona piensa que lo que le parece pasado de moda ya no existe. Pero no hay que tomar en serio a la política zorrona: ya cambiará de parecer cuando cambie la moda. Y en eso estamos.

*Abogado, exmilitante democratacristiano.

Columna de Cristóbal Bellolio: Matapasiones – The Clinic Online

Soledad Alvear y Gutenberg Martínez renuncian a la Democracia Cristiana, partido en el cual militaron por cincuenta años. Dicen que se van para construir un nuevo referente que sea capaz de transmitir de mejor manera los principios del humanismo cristiano. Probablemente, la renuncia también tenga que ver con que perdieron el control interno.