Si ayer 33 mineros centraron la atención mundial en Chile, hoy son otros 33 los que han vuelto a posicionar nuestro país en el ideario mundial. Ellos, poco conocen los riesgos a los que un minero se expone en su trabajo, o cuánto cuesta ganarse el pan o andar apretados en la micro, sin embargo, son hábiles trabajando en el sub terra del poder para hacerse una madriguera, donde no llega la luz de la transparencia, ni son vistos en sus andanzas. No son mineros, son monseñores.

Hasta hace unos meses, estaban tranquilos y hoy desfilan frente a la prensa descolocados. No ha faltado quien al ser objeto de cuestionamientos insistentes ha golpeado micrófonos, retado periodistas, dar por finalizadas las preguntas o mentido. ¿Por qué están descolocados?

En línea con un amigo exonerado en la UC por los mismos que la semana pasada en una epopeya le dijeron a James Hamilton que “en silencio también hemos querido decir basta al abuso de poder”, los bastonazos de ciego se podrían entender porque ellos, a diferencia del laicado, no tienen claridad sobre los abusos pues éstos no recaen sobre ellos. Más bien, son los que han abusado de su poder y ahora sienten que ese privilegio se les está arrebatando.
No obstante, ¿están perdiendo sus privilegios?

En primer lugar, a diferencia del laicado organizado, ellos no han recibido los insultos del Papa, más bien, los convida a discernir juntos. Claro, no alojan con el Papa en Santa Marta pero viajan en primera clase. Y es más, en el comunicado de la Santa Sede de hace unos días, se afirma que van a dialogar sobre el encubrimiento de abusos sexuales, pero, ¿eso no es un delito? ¿Cabe discernimiento cuando teniendo los antecedentes, su deber es llevarlos a la justicia? Y ante esto, ¿qué estamos haciendo?

En segundo lugar, la atención de la prensa y la opinión pública se ha centrado en quién es el mensajero mentiroso, pero, ¿no fue el mismo Papa quien en una misiva a los obispos del 31 de enero de 2015 les informa que está consciente de que le están jugando chueco? Y más aún, ¿no será que el verdadero problema es que en una sola persona se concentre tantas decisiones? Incluso, ha trascendido que fieles y miembros de congregaciones religiosas han aprovechado de presentar al líder del monopolio un listado de candidatos “irreprochables” que cambien el rostro al exactamente mismo ejercicio episcopal.

En tercer lugar, todas las expectativas están puestas en que el Papa “ilumine” a los obispos para que la solución a los problemas y futuras víctimas caigan mágicamente del cielo. Pero, si los obispos ayer se reconocieron incapacitados para acompañar a las víctimas, ¿cómo confiar que por arte de magia volverán de Roma con la panacea? ¿Basta un encuentro con el Papa para pasar de encubridores a fuentes de inagotable bondad?

Finalmente, se ha presentado como el escenario más exitoso el que el Papa remueva a los Karadima boys. Pero, ¿no era ese el mismo plan que un recién asumido Francisco había propuesto al episcopado nacional y después echó pie atrás? Entonces, se ha propuesto un escenario más osado… sacar a Ezzati, pero, ¿no está renunciado desde hace un año y medio? A lo que inmediatamente se propone a Errázuriz quien ya advirtió que espera su salida del C-9 porque ya caducó el contrato, aclarando que, por tanto, no será por “estos líos” que en otros contextos se llaman crímenes. ¿Es, entonces, este escenario el más exitoso cuando es reafirmar el statu quo? Si solamente esto ocurre, los US$12 millones de dólares gastados para que el Papa venga a empaparse de la realidad chilena, el trabajo Scicluna-Bertomeu, el sufrimiento de las víctimas y el ninguneo a Osorno, habrá servido para que todo siga igual. Mal que mal, para muchos Francisco volvió a ser el Santo Padre de siempre.

En un contexto donde muchos creen que los 33 no están bien en el “refugio”, lo cierto es que sí, lo están, pues ese refugio no se llama Papa Francisco, sino Papado. Este es el subsuelo donde el episcopado tiene su madriguera, y que servirá para que muchos se abriguen en este crudo invierno, pero cuando la tempestad calme o el Papa cambie, volverán a la superficie, pues a pesar de que se habla mucho de la crisis de la iglesia, de los necesarios cambios, el suelo y la superficie siguen siendo exactamente los mismos pues con perdones reiterados y esperados cambios de rostros, anunciamos que nos damos por satisfechos. El desafío, por tanto, es comprender que cambiar a algunos mineros no significa que no pueda llegar uno más hábil. Y en esto, los futuros monseñores han sido entrenados por los mejores.

*Juan Carlos Claret
Vocero de los laicos de Osorno.