María Jesús Beckett estudia Derecho en la Universidad Católica y este miércoles participó de la marcha contra el machismo y una educación no sexista. Según cuenta a The Clinic, fue su primera experiencia y la peor. Esto porque dice haberse sentido discriminada. Agrega a lo anterior que “la violencia no se combate con más violencia”. La estudiante sostiene además que la izquierda se arroga estas banderas de lucha y, de alguna manera, no da cabida a personas que no comparten sus idea. Acá el relato que narra a través de su cuenta de Facebook.

“Hoy decidí darle una oportunidad a la marcha.

Decidí que valía la pena luchar por nuestros derechos, decidí que era mi deber hacerme notar y que a pesar de no estar de acuerdo con las consignas que se asocian generalmente a estas manifestaciones y el color político que generalmente toman, era mi tarea demostrar que había una lucha e ideal transversal que nos unía, la IGUALDAD.

Pensé que me encontraría con una instancia acogedora, que nos uniríamos todos en torno a un ideal y que podríamos generar el consenso al que es tan difícil de llegar hoy en día, pero para mi sorpresa, no se si fue por ser muy ingenua o porque realmente pensé que podría ser diferente esta vez, lo único que sentí fue IMPOTENCIA.

Llegué y me dio pena y rabia que se ensuciara el verdadero fin de la convocatoria. Me encontré con 2 imágenes que aparentemente todos apoyaban y que provocaron en mi sentimientos muy diferentes a lo que esperaba. Primero unas mujeres vestidas de monjas con falda corta, encapuchadas y ocupando el símbolo de la Cruz tirando papeles circulares en representación de hostias, mi primera impresión: PERPLEJIDAD. No logré entender el porqué, entiendo el que quieran ser mujeres empoderadas, pero realmente no entiendo el porqué de la necesidad de hacerlo en desmedro de algo, en este caso, de la iglesia.

Me sentí incómoda, le pregunté a algunas amigas con las que estaba y trataron de explicarme pero no me pareció, de todas maneras decidí dejarlo pasar pues tenía claro que al involucrarme y hacerme parte de la marcha habrían quienes estarían ocupando el espacio para otros fines.

Pasó un rato, y me encuentro con que una mujer se sube a una estatua afuera del frontis de mi universidad, que es de un cura, y le pone unos sostenes en la cara. Ahí si que me dio pena, ya no estaba perpleja, tenía pena de que cada vez me decepcionara más de lo que creí podría haber sido una instancia importante, y me dio rabia, porque me sentí pasada a llevar, no sólo una, si no que dos veces y en menos de 15 minutos, no lo soportaba más.

Unos compañeros al ver qué ocurría esto fueron a sacarle los sostenes de la cara de la estatua, claramente ocurrió lo esperable, los funaron, pero lo consiguieron. ALIVIO, pensé, hay gente que sintió lo mismo que yo y que no le pareció lo que estaba pasando. “No estoy sola”, pensé.

No pasaron ni 5 minutos cuando ahora dos mujeres volvían a subirse a la estatua a poner el sostén y además manchaban la cruz de la estatua con un líquido para luego pegar sobre ella un cartel que acusaba a la universidad de formar violadores. FUE VIOLENTO.

No digo que crea que efectivamente no hay acoso y abuso en la universidad, es más, lo tengo más que claro y he escuchado testimonios, pero creo firmemente que esto que vi hoy, no es el medio ni la forma para expresar el enojo y las ganas de cambio.

Ahora si que no aguanté más, no sé por qué me afectaba tanto, pero no había ni comenzado la marcha y me tuve que ir, crecía dentro de mi una sensación horrible, que ahora se identificar: VERGÜENZA E IMPOTENCIA

No le deseo a nadie tener que pasar por esto, muchos podrán decir que estoy exagerando, pero ocurrió algo que no tenía sentido, en vez de sentirme segura, incluida, contenida, escuchada e importante… me sentí pasada a llevar, humillada, insegura, me sentí menos, SENTÍ QUE NO PODÍA SER PARTÍCIPE DE UNA LUCHA QUE TAMBIÉN ME CORRESPONDE: LA LUCHA DE LA IGUALDAD

Lamentablemente quedé con la impresión de que no puedo ser parte de la búsqueda del objetivo transversal porque no compartía las demás banderas de lucha, de que la inclusión, la tolerancia y la igualdad de la que todos siempre hablan, se desvanece en estas instancias, es como si se les olvidara, prefiero pensar que esto es así y que no hay una mala intención, aunque a estas alturas ya no lo sé.