Antelope es un pueblo minúsculo del noroeste de Estados Unidos. En los años setenta tenía apenas medio centenar de habitantes, en su mayoría adultos jubilados que buscaban pasar su vejez de manera tranquila y sencilla. Sin embargo, el deseo de esos pobladores se vería interrumpido cuando, a principios de la década de los ochenta, los seguidores del líder espiritual Bhagwan Shree Rajneesh se instalaron a una veintena de kilómetros del poblado.

La historia de Rajneeshpuram —el nombre de esa nueva comunidad— es asombrosa: de ser un rancho en medio de las montañas de Oregon, pasó a ser en pocos meses una sociedad inmensamente vital de varios miles de personas. Si Antelope contaba con un café como única distracción posible, la naciente población de Rajneeshpuram tenía tiendas, restoranes, teatros, un galpón capaz de reunir a miles de personas e incluso un pequeño aeropuerto. Pero a pesar del entusiasmo de los seguidores de Bhagwan, los tintes polémicos pesaron más. Hubo intentos de asesinatos y fraudes migratorios, denuncias de sectarismo y arrebatos místicos, fuerzas paramilitares y atentados con bombas. Los conflictos entre la comunidad y las autoridades del Estado no se demoraron, y la nueva ciudad fue una utopía que no logró sobrevivir más que unos pocos años.

Wild Wild Country es un documental de Netflix que relata el periplo de Bhagwan y sus seguidores en Estados Unidos, y desde su estreno hace algunas semanas ha sido enormemente exitoso. Plantea a los espectadores preguntas profundas en torno a la convivencia entre cosmovisiones radicalmente distintas, pues nos muestra la disrupción que genera la fundación de una ciudad en un contexto cultural muy diferente. La historia relatada en el documental escala de manera fugaz a una tensión extrema. Al prohibírsele a los habitantes de Rajneeshpuram establecerse como ciudad (algo así como un municipio con su propio concejo) por reglamentaciones del uso del suelo, comienzan a comprar propiedades del vecino Antelope y a inscribirse como miembros del pueblo. Rápidamente adquieren mayoría e inclinan la balanza a un terreno insospechado: cambian los nombres de las calles, la educación pública empieza a regirse por el credo sanniasin, el café local comienza a servir comida de inspiración india, ¡e incluso el pueblo pasa a llamarse Rajneesh! Las diferencias culturales son radicales, y si bien los sanniasins tienen amplias mayorías democráticas, su asociación parece pasar a llevar una comunidad tradicional bien establecida.

La relación entre ambos grupos fue conflictiva, y plantea de manera casi experimental preguntas relevantes en torno a la integración e, indirectamente, en torno a la inmigración: ¿qué pasa cuando distintos paradigmas y estilos de vida tienen desencuentros profundos relacionados con la vida pública de cada asociación? ¿Cómo puede una comunidad preservar rasgos de su identidad a pesar de estar en una radical minoría?, si bien toca de manera tangencial estas preguntas, ilumina algunos de los conflictos que plantea el mundo de hoy. Además, nos obliga a afrontar problemas que muchas veces preferimos posponer y olvidar, pero que exigirán, más temprano que tarde, respuestas concretas.

*Instituto de Estudios de la Sociedad.