Jon Lee Anderson, el gran periodista estadounidense, reportero de planta del New Yorker, es un profundo conocedor de la realidad y la historia política latinoamericana. En diciembre último, Anderson publicó en la revista neoyorkina un perfil sobre Nicolás Maduro, el heredero de Chávez en el trono venezolano. Anderson cree que Maduro es alguien más inteligente de lo que podría parecer si nos guiamos solo por el retrato acuñado tanto por la oposición interna como por los medios de prensa internacionales. En esta pequeña entrevista también habla sobre los candidatos izquierdistas a la presidencia en las próximas elecciones de México y Colombia, Andrés Manuel López Obrador y Gustavo Petro.

-¿Fue una estrategia efectiva por parte de la oposición política venezolana no participar en las elecciones de este 20 de mayo?

-No fue una estrategia efectiva el llamado a no votar. Hasta ahora, la oposición venezolana ha demostrado ser, como me dijo hace un par de meses un oficial norteamericano especialista en la región, la pandilla que no podía disparar bien. The gangs that couldn´t shoot straight es el título de una película cómica sobre un grupo de vaqueros que no sabían disparar. Por más que llaman a la unidad nunca lo logran.

Tienes a Falcón, el ex chavista, que muchos creen que es un gatopardo, postulándose a la presidencia mientras la oposición llama a boicotear las elecciones, y el hecho de que ellos no se plieguen a las urnas tampoco les da posibilidad de participar. Tienen el convencimiento de que el régimen va a cometer fraude o de que de todas maneras va a ganar, pero su posición de mantenerse en las sogas del ring tampoco les da ninguna potestad, ni dan quehacer en el ring, ¿no? El boicot de la oposición creo que beneficia al gobierno.

-Has pasado tiempo con Nicolás Maduro. Has escrito sobre él ¿Cómo es?

-Maduro es más inteligente de lo que lo han pintado. Yo no creo que ayude a nadie en la oposición, ni ayuda, pues, a la comprensión de él y de lo que pasa en Venezuela seguir pintándole desde los medios solo como un dictador. Es casi como un refrán describirle como dictador, un auto de fe que lo deja ahí, no permite que uno avance más allá en explorar matices de su personalidad y de su actuación política. Si bien Maduro era el gatopardo del chavismo, hay que mirarle ahora como una figura con apariencias externas que lo asemejan a una especie de bufón, payaso, tropezón, pero que obviamente guarda fibras y texturas de cierta sofisticación interior, o no estaría ahí.

Yo sentí que estaba con un hombre que había crecido bajo la sombra de Chávez y hasta cierto punto había sobrepasado la iconografía de Chávez, aunque es eso lo que lo convalida en el puesto. Estaba delante de un hombre que empezaba a construir su propia mitología, o intentaba hacerlo. No sé qué compromiso ha contraído Maduro con los militares o los chavistas que le respaldan y le mantienen en el cargo, pero sin duda tiene esas alianzas. El tiempo nos dirá si su desafío y el de sus aliados bolivarianos, varios de ellos bajo sanciones norteamericanas hoy en día, les beneficiará o no.

Puede que todo sea una especie de resistencia simbólica y pírrica, como lo fue para Noriega hace veintitantos años cuando sacó su machete y lo levantó en el aire como un acto de desafío contra los gringos, ¿no? No le sirvió a Noriega. Hay que ver que resultado tiene esta posición de desafío para Maduro y sus allegados.

Sin duda Venezuela está en el suelo, están en una situación apremiante, desde el punto de vista social y económico. El país atraviesa una profunda crisis. Si no se enfrentan y atienden las penurias venezolanas, al gobierno de Maduro no le doy mucho tiempo de duración. Es obvio. Por otro lado, se sabe desde hace un tiempo para acá que los gobiernos opuestos a Maduro, liderados por Donald Trump, vienen complotando un golpe de estado, incentivando y alentando a grupos militares venezolanos a que lo remuevan del puesto, como una salida posible a una situación que ellos creen ya inaceptable y que no tiene solución parlamentaria.

-¿Cuáles sería la diferencia entre esa izquierda de la que viene Venezuela y las izquierdas que representa hoy en México y Colombia candidatos presidenciales como Andrés Manuel López Obrador y Gustavo Petro?

Diría que la diferencia entre la izquierda del chavismo actual, el madurismo del post chavismo, y la izquierda de Petro y López Obrador (AMLO) está quizás en que los venezolanos representan lo que queda de la izquierda más populista, más bombástica, más retórica, sustentada todavía por dinero y poco rigor filosófico, y ya es una cosa de supervivencia.

AMLO es alguien que viene un poco de la vieja izquierda o centro izquierda mexicana, que ha sabido evolucionar y ha sabido guardarse en el ring con una evolución pragmática. Todavía reserva una noción de centro izquierda en su discurso, pero adecuado a las circunstancias actuales. Yo lo llamaría un centro izquierda más inteligente.

De todas las izquierdas existentes, quizás la de Petro es la más interesante, porque es un hombre joven, ex guerrillero, que ha sabido mantener un discurso potente, pero a la misma vez habiendo sido alcalde, así como AMLO en su momento. Uno de la Ciudad de México y otro de Bogotá. Han sabido lidiar con las fuerzas políticas en la realidad, ¿no? Y ya saben cuáles son sus contrincantes y cómo lidiar en ese terreno y seguir de pie.

Todo indica que Petro va avanzando en las predicciones electorales y cerrando la distancia entre él y el delfín de Uribe, Iván Duque, de forma muy impresionante. Creo que eso tiene que ver con que hay una nueva astucia en estos dos políticos, AMLO y Petro, que demuestra una sofisticación en torno a su análisis, el análisis de sus posibilidades, y también en cuanto a la correlación de fuerzas de la coyuntura política del momento.