El gobierno de Nicolás Maduro ha colocado a la oposición política del país, y a la ciudadanía en su contra, que es la vasta mayoría, en una encrucijada que vuelve a cobrar cuerpo en estas adelantadas elecciones presidenciales de 2018. ¿Qué beneficia más al régimen actual de Venezuela? ¿El ciudadano que vota y legitima la elección, o el ciudadano que no vota y deja abierto el terreno para la reelección presidencial del heredero de Chávez?

El sociólogo venezolano Ronaldo Díaz Peñalver, actualmente residente en Boston, se pregunta si “no era posible derrotar al dictador si hoy la oposición hubiera salido a votar masivamente”, teniendo en cuenta los reportes de prensa que circulaban en las redes y entre los periodistas independientes, tanto nacionales como extranjeros, prediciendo que la votación del gobierno sería muy baja este 20 de mayo.

En conversación con The Clinic, Vivas Peñalver nos ha dicho que al menos desde las redes sociales “la abstención que se percibe es muy fuerte” y hace la salvedad de que, aunque significativos, tampoco se pueden documentar demasiados centros. “Aun si así fuera”, dice, “para una fuerza ausente de las mesas, los centros regionales y el nivel central, los sitios donde se deciden las elecciones, es muy difícil medir el nivel de abstención”.

Por su parte, el politólogo Luis Gómez Calcaño, autor de Populismo autoritario: Venezuela 1999-2005, dice que “votar significaría aceptar condiciones que han ido de injustas a sencillamente inaceptables, y por lo tanto sería colaborar con el fraude anunciado. Estoy de acuerdo con la decisión de la oposición de no llamar a votar”.

Ante la pregunta de qué debilidad podría diagnosticársele a la estrategia de enfrentamiento de la oposición, Gómez Calcaño resalta que el llamado a no votar no estuvo acompañado de políticas de movilización alternativa, un criterio que comparte el ensayista y politólogo cubano Armando Chaguaceda, residente en León, México. “Varios colegas llevamos hace rato pidiendo una estrategia para crear redes de movilización y desobediencia civil. No sin partidos, pero no solo con ellos”, señala Chaguaceda.

Las irregularidades del proceso electoral resultan evidentes. Caros Torrealba, graduado de Filosofía por la Universidad Central de Venezuela y Candidato a Doctor en Investigación en Ciencias Sociales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en México, enumera la arbitrariedad legal de las elecciones.

“La convocatoria la realiza la ya cuestionable Asamblea Nacional Constituyente y no el poder electoral, como manda la ley. El tiempo constitucional para dar fecha a elecciones es seis meses, y en esta se hizo en dos. Los candidatos opositores importantes están inhabilitados, así como la tarjeta unitaria de la Mesa de la Unidad Democrática. Hay importantes partidos opositores ilegalizados, como Primero Justicia, una nula observación electoral independiente, un aumento irregular del registro de electores y de centros de votación, y la prohibición de los llamados de abstención”.

Esta suma de condiciones adversas para el ejercicio transparente del voto terminan por arrojar un estigma de complicidad con el régimen sobre aquellos que, pesar de todo, deciden ir a las urnas, incluida la red clientelar del gobierno. No obstante, Torrealba vuelve a complejizar el asunto: “La apuesta del sector que defiende férreamente abstenerse no viene acompañada de una estrategia más amplia de participación no electoral activa, lo cual convierte al acto de abstenerse en un pago de pureza con uno mismo, un autocomplaciente ‘Yo no participé de las elecciones de la dictadura’, cuya incidencia se limitará a la autoayuda”.

Un tanto más allá del análisis especializado, hay una poderosa anécdota personal que recoge a la perfección el dilema, incluso emocional, que plantea para los venezolanos las elecciones.

La reconocida periodista de Univisión Tamoa Calzadilla, quien tuvo que exiliarse en Miami desde hace unos cuatro años, ha contado desde su cuenta de Facebook cómo su padre, aún en Venezuela, le ha preguntado en una llamada telefónica si debía votar o no, qué creía ella al respecto.

Tamoa parece decirle en un primer momento que no vaya a votar, y luego dice que ya esa pregunta ella se la ha hecho en la distancia tantas veces, y que es muy fácil verlo fríamente.

Su padre, “atrapado en un país que se cae a pedazos y sin esperanzas de pronta solución”, le cuenta la subida exorbitante de los precios, cuántos cuesta cada producto básico, si es que hay. Luego añade que “la gente en las colas comenta que va a votar por (Henri) Falcón para sacar a Maduro o para que por lo menos sepa que no lo queremos, aunque haga trampa”.

Luego el padre le vuelve a preguntar a Tamoa, un tanto desesperado: “¿Tú qué dices?” “No hubo una respuesta definitiva”, cuenta Tamoa. “El ‘No votes’ que respondí al principio no pude sostenerlo al final”. Tamoa le dice a su padre que haga lo que siente que debe hacer. El post es breve y contundente. Deja leer la incertidumbre nacional y el dolor familiar a partes iguales.

En otro orden de cosas, Diego Armando Maradona acaba de regalarle a Nicolás Maduro un reloj marca Hublot valorado en treinta mil dólares.