El abogado Carlos Peña dedicó su habitual columna de los fines de semana en El Mercurio para darle duro a la agenda de género que promueve la derecha, esa misma que años atrás se oponía al divorcio, al aborto, a la pastilla del día después y a la igualdad entre hijos dentro y fuera del matrimonio.

En su escrito, Peña sostiene que “a poco de reflexionar se descubre que algo así no es posible” ni creíble, puesto que, a su juicio, “cada uno está preso de sus actos pasados, de su conducta previa y no es cosa de declarar de un día para otro que ha cambiado, que las cosas serán ahora radicalmente distintas”.

Precisó en este sentido que “a esa imposibilidad de contradecirse a sí mismo los juristas lo llaman -desde muy antiguo- doctrina de los actos propios: la imposibilidad de contravenir el sentido objetivo de la conducta pasada. Los pecados de la vida personal pueden perdonarse y siempre es posible comenzar de nuevo (a eso H. Arendt lo llamaba la natalidad de la vida humana), pero eso no es posible en política. En la arena de la política usted no puede haber luchado contra la igualdad de los hijos, el divorcio, el aborto y la píldora, y pretender que, de pronto, se le crea defensor de la igualdad de género”.

En otros pasajes, el rector de la UDP plantea que “lo que las mujeres hoy reclaman es autonomía o si se prefiere soberanía sobre sí mismas, la que no es concebible si no tienen también autonomía o soberanía sobre sus proyectos vitales y sobre sus cuerpos… Y basta recordar la manera en que la derecha ha resistido una razonable ley de aborto para advertir cuán lejos está en realidad de las demandas que las mujeres hoy día plantean, por más esfuerzos, sonrisas y gestos de comprensión que Piñera haga”.

Por este que el abogado apunta a que “el repentino feminismo de Piñera puede ser producto de una simple impostura, de un oportunismo rampante, o, en cambio, el resultado de un error de diagnóstico, de la creencia de que todos los fenómenos sociales son reivindicativos y ninguno demanda cambios estructurales”.

“Lo más probable es que ese feminismo sea el fruto equilibrado de ambos, del oportunismo y la incomprensión. Solo una cosa resultará con toda certeza de todo esto: se acabarán los chistes groseros y sexistas -¿se acuerda?- con que hasta ayer el Presidente gustaba adornar sus intervenciones”.