Este domingo Colombia afronta las elecciones más importantes en la historia reciente del país. Está en juego el histórico acuerdo de paz alcanzado a finales de 2016 con la guerrilla de las FARC que puso fin a más de medio siglo de guerra. Por causa de este, la polarización en la sociedad ha dibujado un escenario inédito: una batalla entre la izquierda y la derecha que tendrá consecuencias en la región.

El sustituto de Juan Manuel Santos deberá tomar decisiones cruciales en la política internacional respecto a América. La crisis humanitaria en el país vecino de Venezuela ha jugado un papel protagonista en la campaña y será una de las prioridades del nuevo presidente. En Colombia ya viven más de un millón de venezolanos desplazados por la falta de alimentos y medicamentos y la incertidumbre política.

El fin de las FARC ha permitido a los carteles de la droga mexicanos establecer sus redes en el territorio colombiano, donde se registra la mayor producción de cocaína del mundo. Esta nueva realidad no afecta sólo a los países vecinos del sur, como Ecuador, también influye en Centroamérica, por donde pasan las rutas del contrabando hacia el norte.

Además la relación con Estados Unidos, que ha tenido en Colombia un aliado estratégico desde finales del siglo pasado, podría cambiar con el nuevo inquilino del Palacio Nariño de Bogotá.

En la política interna los asuntos en juego no son menos importantes: el resultado de estas elecciones determinará cuál será la orientación de la economía a medio plazo, hasta qué punto habrá un compromiso real para combatir la corrupción en Colombia (donde el escándalo de Odebrecht ha salpicado a la clase política) y se tomarán decisiones vitales respecto a la distribución de la tierra, el conflicto que provocó la aparición de las guerrillas a mediados del siglo XX.

Cada candidato ofrece una solución diferente. Los dos extremos ideológicos encabezan el podio de favoritos: Iván Duque, desde la derecha vinculada al uribismo (el partido del expresidente Álvaro Uribe, el Centro Democrático), y Gustavo Petro, quien ya se autodenomina “el primer líder progresista de Colombia” y al que sus rivales vinculan con el “castrochavismo” por su amistad con el líder venezolano Hugo Chávez.

Si gana cualquiera de ellos dos (el primero tiene un 35% de los apoyos según las encuestas y el segundo un 24%), habrá una ruptura con la política que ha seguido Santos en los últimos ocho años al mando del país. El actual presidente concentró todas sus fuerzas en lograr un acuerdo con las FARC, lo que le valió el Nobel de la Paz en 2016.

Los tres aspirantes con menos opciones, el profesor y matemático Sergio Fajardo; Germán Vargas Lleras, exvicepresidente con Santos, y Humberto de La Calle, jefe negociador en el acuerdo de paz, ocupan el centro del espectro político y, en principio, mantendrían una continuidad con las políticas del último Gobierno.

Iván Duque: el único que ha prometido modificar el acuerdo de paz

Iván Duque encabezó la campaña del No en el Plebiscito de 2016 para evitar que el Gobierno colombiano firmara un acuerdo con las FARC. Fue una de las voces más moderadas dentro de su bancada, siempre abierto al diálogo, pero desde que se convirtió en candidato ha insistido en que hay puntos que fueron pactados que son necesarios cambiar.

Un análisis de la fundación independiente Insight Crime refleja que Duque es el único candidato que introducirá modificaciones en el acuerdo de paz en caso de ser elegido. También podría, junto a Germán Vargas Lleras (el otro aspirante conservador), interrumpir o dificultar el diálogo que Santos inició con la otra guerrilla del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Salvo sorpresa, ningún candidato tiene posibilidades de proclamarse presidente en la primera vuelta de este domingo. Para ello sería necesario obtener la mitad de los votos más uno. El escenario más probable es que haya un duelo decisivo entre los dos más votados en la segunda vuelta del 17 de junio.

“Hay que asegurar una victoria este domingo para que no vuelva a pasar lo mismo que en las últimas elecciones de 2014”, dice a Univision Carlos Flores, coordinador de las juventudes que apoyan a Duque en Bogotá.

Entonces Óscar Iván Zuluaga, el candidato elegido por Uribe, ganó en primera vuelta pero perdió contra Santos en segunda. Algunas voces destacadas del partido, como Carlos Holmes Trujillo, también insisten en esta idea: “a Colombia le conviene elegir a Iván Duque en la primera vuelta”.

Los números le son favorables, pero no tanto. En un censo electoral de 36 millones de votantes, donde las previsiones de abstención oscilan en torno al 50%, Duque cuenta con los más de cuatro millones de fieles uribistas que lo eligieron en la consulta de la derecha en marzo. Otros dos millones de personas votaron por las otras opciones del arco conservador y ahí es donde está el botín que Iván Duque ansía lograr. Estas cifras serían suficiente para garantizarle el paso a segunda vuelta como favorito.

Sus votantes son las clases privilegiadas, con un gran apoyo de colectivos religiosos como el Partido Mira (cristianos con énfasis en las políticas sociales) y el sector más radical de los evangélicos, que jugó un papel destacado en la victoria del No en el Plebiscito. También puede atraer, gracias al voto del miedo, al ciudadano indeciso que teme las políticas de izquierda de Gustavo Petro. Si consigue ganar, a sus 41 años sería el presidente más joven de la historia reciente de Colombia.

Gustavo Petro: el líder progresista que despierta pasiones y odios

Petro simboliza, a sus 58 años, el cambio en todos los frentes. En la economía pretende apostar por los cultivos y las fuentes de energía renovables (el aguacate ha sido uno de los símbolos de su campaña) para sustituir la dependencia del petróleo y el carbón; en política aspira a liderar “un nuevo eje progresista” en América Latina, y en lo social apuesta por reducir la enorme desigualdad de Colombia.

Sus detractores temen que, como sucedió durante su paso por la Alcaldía de Bogotá entre 2012 y 2015, el candidato quiera hacer muchos cambios en poco tiempo (en este caso, cuatro años). Los grandes empresarios desconfían, pues sus rivales le acusan de querer expropiar tierras para lograr un reparto más equitativo. A medida que ha ido postulándose como uno de los favoritos, sus posiciones extremas se han ido moderando.

Anticipa un cambio en las hasta ahora estrechas relaciones con Estados Unidos. “Colombia no ha tenido una política internacional propia, ha sido un apéndice de Estados Unidos. La guerra contra las drogas ha sido un fracaso. Donald Trump sigue insistiendo en esa vía militar y de represión mientras en su país la gente se está muriendo por consumir sustancias más nocivas que la cocaína”, decía en una reunión con la prensa internacional en Bogotá.

En Colombia no se recuerda una campaña presidencial que haya generado tantas adhesiones y odios. Sus discursos ante las masas en las plazas públicas de todo el país y los mensajes bien calculados en las redes sociales han sido sus armas.

Su carrera ha estado marcada por la polémica. Denunció lo que él considera “un fraude electoral” por el sistema de conteo de los votos este domingo y desde la Registraduría le respondieron que estas serán “las elecciones con más observadores de la historia”. Su coche fue asaltado en un mitin en Cúcuta, en la frontera con Venezuela. Ha sufrido amenazas como la del exjefe de los sicarios de Pablo Escobar, alias ‘Popeye’, que este viernes fue detenido por otras acusaciones.

“Si no me matan antes, puedo ganar”, dice. La suya será una opción pasional, que aglutina a la izquierda tradicional junto a los sectores populares y las minorías. La llave del éxito para él es el apoyo de los que nunca votan, los que odian a la clase política. Ha sabido tocar las teclas que conectan con este sector y apropiarse del voto de castigo anti-establishment.

Sergio Fajardo: el sprint final del profesor

Los símiles con el ciclismo han marcado la estrategia de este matemático. Habla de un “sprint”, de “escalar la montaña y adelantar a los adversarios” y “escaparse del pelotón en la segunda vuelta”. Fajardo cree en la remontada. En las últimas encuestas figura con un 16% de los apoyos, a sólo 8 puntos de Petro.

“Es el único candidato que ha subido en intención de voto en las últimas semanas”, dice a Univision Santiago Londoño, coordinador político de la campaña que lleva 12 años a su lado, cuando fue alcalde de Medellín, y más tarde, cuando se convirtió en el gobernador del departamento de Antioquia.

Fajardo tiene 61 años y un sueño: “ser el presidente que represente a los profesores de Colombia”. La educación como arma de transformación social ha sido la columna sobre la que se ha sostenido su estrategia. Al hablar de él, distintas voces coinciden en su “honradez y decencia”, cualidades ideales que usa como carta de presentación para combatir la corrupción.

Su punto débil ha sido su indefinición en los temas más espinosos, lo que la prensa colombiana ha bautizado como “la tibieza de Fajardo”. Algo que le puede pasar factura en un electorado tan polarizado. “Es un ataque efectista. Él no gustará al votante que busque un candidato agresivo que grita sus mensajes. Como buen matemático, le gusta explicar bien las cosas”, asegura Londoño.

“Somos la sorpresa de las elecciones”, proclaman. Su equipo habla de un “cambio revolucionario” en la forma de hacer política en Colombia, de “romper las viejas estructuras del clientelismo, la maquinaria, el todo vale, los votos a cambio de puestos y contratos”. “Nosotros no hacemos eso”, zanjan.

El líder de la Coalición Colombia fue el único que se presentó este viernes al mediodía a un debate al que estaban invitados todos los candidatos. El resto suspendió su presencia a última hora. En lugar de irse, decidió hablar con la presentadora, la influyente periodista Vicky Dávila. “Hoy por única vez en mi vida diré por quién voy a votar. Como es un señor decente que cumple y tiene palabra, voy a votar por usted”, dijo la periodista delante de los miles de ciudadanos que seguían la conversación.

Sus opciones pasan por convencer a los votantes de izquierda de que él representa una opción más realista que Petro. Para ello cuenta con su fórmula para la vicepresidencia, la senadora por Alianza Verde Claudia López, con fama de luchadora por las causas sociales, y con el apoyo del izquierdista Jorge Robledo del Polo Democrático, aunque sus bases podrían pasarse al lado de Petro.

Germán Vargas Lleras: en manos de “la maquinaria”

Distintos analistas independientes como la Fundación Paz y Reconciliación (PARES) y medios de diversas tendencias como La Silla Vacía coinciden en que Vargas Lleras es “el candidato de la maquinaria” en estas elecciones. Pese a estar abajo en las últimas encuestas (con un 14,3%) cree que podría arrebatar el segundo puesto a Petro. “El domingo es la gran y única encuesta”, repite él machaconamente.

“Por maquinarias, en Colombia, se entienden dos cosas: la infraestructura logística y presencial de los partidos políticos a nivel local y regional, y el apoyo de los políticos o caciques regionales clientelistas, la mayoría de ellos corruptos, a los candidatos presidenciales”, explica Ariel Ávila, de PARES.

Su equipo niega rotundamente estos apoyos ilícitos y aprovecha para atacar a Petro por sus denuncias de fraude electoral. “Vargas Lleras pidió en el debate de este jueves a Petro que sea sensato y no quiera convertir a Colombia en Venezuela deslegitimando las instituciones. Este país es una democracia. Que no incendie a la sociedad. Es muy insensato llamar a sus seguidores a salir a la calle si llega a perder este domingo”, dice a Univision Ángela Calderón, directora de comunicación de su campaña.

Con 56 años, este político colombiano esgrime su dilatada experiencia (su carrera política empezó a principios de los 80 como concejal) frente a la incógnita que representa Iván Duque, que apenas cuenta con cuatro años como senador.

Es el único que ha puesto el foco de la campaña en la seguridad. Las elecciones al Congreso de marzo fueron las menos violentas en la historia reciente de Colombia y tras la firma de la paz esta preocupación ha pasado por primera vez a un segundo plano tras otros asuntos como la corrupción y la crisis en Venezuela. “Seré el primer policía del país”, dice el líder bogotano.

Su objetivo es representar estabilidad, continuismo con un leve giro a la derecha y usar su carta como Ministro de Vivienda en el último Gobierno, lo que le permitió recorrer todo el país regalando casas a los más necesitados. En su contra juega la herencia del gabinete de Santos, que el 7 de agosto dejará la presidencia con un índice muy bajo de popularidad.

Humberto de La Calle: esperando un milagro

Es la única opción del más veterano de los candidatos, con 71 años: un milagro que demuestre que las encuestas pueden volver a equivocarse en Colombia como sucedió en 2016 con el Plebiscito sobre el acuerdo de paz, cuando nadie apostaba por la victoria del No. Con su habilidad negociadora y mano izquierda, De La Calle (quien parte con apenas un 3,5% de los apoyos en los sondeos) fue uno de los responsables de que las FARC dejaran las armas.

“Gracias a él Colombia tuvo un éxito enorme en el proceso de paz. Los inconvenientes ahorita con los guerrilleros desmovilizados no conciernen a su labor como negociador sino al gobierno en la implementación”, dice a Univision Andrea Mariño, del equipo de prensa de su campaña.

Todavía tienen esperanzas. “Nuestra estrategia jamás ha sido pensar en la derrota, si no pasamos a segunda vuelta no sabemos a quién apoyará el candidato. Las encuestas se equivocan y fallan al hablar sólo con unos segmentos de la población donde no está nuestro electorado”, defienden.

Asociado al Partido Liberal, lo que dificultó a principios de año una alianza con la candidatura de Fajardo para tener una posición fuerte desde el centro político, los votantes de De La Calle corresponden a las elites urbanas del país. El voto útil podría jugar en su contra, si sus seguidores deciden dar su apoyo a Fajardo para intentar que este llegue a segunda vuelta contra Duque.

Este texto fue publicado originalmente en Univision.com
Autor: José Fajardo.