Desempeño insuficiente. Así resume la Dirección de Presupuesto cuando evaluó la principal herramienta que tiene Chile para financiar programas de prevención del delito. El Fondo Nacional de Seguridad Pública ha invertido en proyectos con resultado mixto (en algunos lugares baja el delito, en otros sube). Tampoco logra focalizar en territorios que carezcan de inversión pública, de hecho la concentración de la inversión no muestra gran eficiencia cuando en promedio hay 2,8 proyectos por comuna y más del 30% de los proyectos se concentra en 5% de las comunas.
Los más de 66 mil millones de pesos presupuestados para este programa en el periodo 2015-2017 se suman a los miles de millones que el Estado ha invertido en una multiplicidad de iniciativas que buscan disminuir el temor, aumentar la confianza ciudadana e impactar la victimización. Dificil saber el impacto de dicha inversión, mejor dicho el impacto debe ser mínimo pero por ahí tuvo resultados en mejorar la calidad de vida de algunos ciudadanos. No todo está perdido, es importante reconocer que estos programas han logrado establecer equipos técnicos con conocimiento en la temática y mientras no se presenten cambios de equipo gubernamental (central y local) se logran mantener en funciones. Algunas comunas han logrado establecer institucionalidad sólida y rigurosa en la temática, otras han aprovechado los cargos para nombrar operadores, cercanos o gente de confianza que maneje un tema tan sensible y de alta preocupación ciudadana como la seguridad.

La prevención del delito es un concepto elusivo. Incluye múltiples iniciativas y prácticamente todo puede fundamentarse como una estrategia para disminuir el temor, las oportunidades de desarrollo de carreras criminales o de hechos delictuales. En breve se pueden identificar tres tipos de prevención: primaria (que busca actuar sobre la raíz del problema en general, por ejemplo la falta de educación), secundaria (cuando el problema está en desarrollo y se busca controlardo, por ejemplo patrullaje policial de puntos calientes) y terciaria (enfocada en aquella población con alto riesgo de reiteración de conductas violentas o criminales). En Chile nos hemos quedado principalmente en la primaria.

La prevención primaria es como un disparo a la bandada que tiene efectos positivos cuando los diagnósticos son muy finos, cuando se cuentan con las capacidades para intervenir de largo plazo y cuando se identifican territorios de mayor complejidad. Pero también es efectista y de rápida entrega, por ende, aumentan las alarmas comunitarias, los botones de pánico, los sistemas cerrados de control, la iluminación entre muchas otras iniciativas interesantes y necesarias pero que deberían ser responsabilidad de otros ministerios o directamente de las municipalidades con financiamiento específico.

Es hora de cambiar el foco. No el de la iluminación sino el de la política pública. Sabemos que al menos cinco son los factores más importantes que aumentan la posiblidad que un niño ingrese a la vida criminal: (a) abandono escolar temprano; (b) víctima o testigo de violencia en el hogar; (c) consumo de alcohol y drogas; (d) embarazo adolescente, y (e) tener un familiar en la cárcel. ¿Dónde están los programas de prevención terciaria destinados a estos niños?

Es hora que la prevención pase a ser una prioridad, que se concentre en los programas que traen resultados de largo plazo. Esto significa voluntad política para disminuir lanzamientos y ofertones así como para identificar fuentes diferentes de financimiento municipal para las iniciativas que hoy se desarrollan. También significa coalición público-privada que potencie la labor de fundaciones, organizaciones no gubernamentales y actores locales que hoy desarrollan iniciativas interesantes en las cinco áreas mencionadas.

La prevención no puede seguir siendo un eslogan de campaña, una mano amiga que acompaña al control y el accionar policial. La experiencia es clara: o cambiamos de rumbo o seguiremos en la primaria con desempeño insuficiente.

Paula Vial es presidenta del Directorio de la Fundación Proyecto B.
Lucía Dammert es académica de la Universidad de Santiago de Chile.