“Bueno, para contextualizar, actualmente en la Universidad Católica están estudiando y se están titulando violadores y acosadores sexuales. Esto es una realidad y no se trata de un desconocido que tú te encontraste en un callejón, sino que se trata de tus compañeros, tus amigos, con los que tú haces trabajos en grupo, los mismos que tú ves en el patio y jamás te imaginarías que son capaces de hacer algo así”.

De esa manera parte el relato de la alumna de la UC, Francisca Montecinos, quien en conversación con ADN habla de lo que -según sostiene- están pasando en el plantel, asunto que fue parte de las motivaciones de la reciente toma en la Casa Central.

Al hacer la afirmación, a Francisca la periodista Mirna Schindler le consulta por los argumentos para sostener tales acusaciones.

Entonces la alumna relata:

“El año pasado se presentaron 38 denuncias de abuso sexual por parte de mis compañeras, de las cuales solamente una (denuncia) fue sancionada. Esto se debe a que la universidad se lava las manos, diciendo que se está haciendo cargo de esta situación, pero no es cierto porque sus protocolos son completamente arbitrarios y vacíos. Ellos solamente toman en cuenta los casos de violación o abusos que son adentro de los recintos universitarios y no afuera, lo cual, puede pasar, pero es muy poco probable que un compañero que pueda abusar en un sala de clase”.

“Me acuesto en la cama, empieza el abuso”

Francisca cuenta también en el espacio de la emisora radial lo que personalmente dice haber sufrido con un compañero de clases.

“Yo entro a estudiar Arte el años 2014, conozco un compañero, comienzo una relación de amistad, que con el tiempo se va alejando, pero se retoma el año 2016.

En noviembre del 2016, un profesor hace un asado en su casa para celebrar el fin del curso. Este asado comienza a las 6 de la tarde y termina alrededor de las 2 AM. Es un asado donde hubo mucho alcohol y mucha marihuana.

Al finalizar el asado, un compañero me invita amablemente a su casa junto a otras compañeras. Y yo, por mi parte, llevo a esta persona para allá. Llegamos al lugar, estuvimos media hora, yo me fui a acostar inmediatamente. Mi compañero me habilitó un dormitorio de visitas, recuerdo en entrar al lugar, esta persona me acompaña, me sigue, mejor dicho, y bueno yo me acuesto en la cama, me acuesto en un rincón. En esta situación empieza el abuso. Yo estoy en un rincón, empiezo a sentir que esta persona me empieza a tocar. Mis partes íntimas. Primero me hago la dormida. Digo, me hago la dormida, ese va a ser mi plan, va a parar si es que sabe que no voy a despertar. No fue así, mientras más estaba dormida, más me tocaba. Me doy vuelta y esta persona me da un beso. Completamente violento. Ni siquiera alcanzó a ser un beso, fue un golpe de cara siento yo. A lo que yo le digo ‘¿qué onda, qué te pasa?’ y me dice como ‘shi’, como ‘cállate’. Bueno, yo lo quedo mirando y esta persona empieza a desnudarse. Se saca la polera y en ese momento ya tenía su pantalón abierto. Era compañero mío y amigo. No amigos tan cercanos. Jamás hubo una insinuación… una amistad, y una amistad ni siquiera tan cercana.

Yo le digo inmediatamente ‘no voy a tener relaciones contigo, quiero que lo sepas’. Pero por qué, qué tiene de malo si eres mi mejor amiga. Yo le di razones, sin tener que dárselas (…) esta persona como que ya, se vence, se acuesta, yo me acuesto de nuevo, estoy en shock, completamente paralizada, eso recuerdo. Muchas se preguntan por qué no saliste de ese dormitorio, uno queda paralogizado, tú no entiendes lo que está pasando”.