Uno de los puntos que tocó Sebastián Piñera en su discurso de este viernes 1 de junio, su primera Cuenta Pública de esta segunda administración, fue, a sorpresa de muchos, mantener la carga impositiva a las empresas. Esto cuando se esperaba una modificación a la reforma tributaria implementada en el gobierno anterior.

Pues bien, como se trató de uno de los anuncios más llamativos, fue el encargado de las finanzas públicas, el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, quien debió precisar el alcance de las palabras de Piñera.

“Chile se está poniendo de pie, poco a poco, estamos recuperando la capacidad de crecer. Pero esto es un desafió a largo plazo”, dijo, mandando otro misil de largo alcance al gobierno de Bachelet.

Pero lo más férreo de los ataques a la administración anterior fue lo que Larraín diría posteriormente para justificar el porqué de no bajar los impuestos a las empresas.

“No es posible bajar la tasa dada la situación compleja en la que nos encontramos (…) la situación fiscal que encontramos es bastante peor que la que esperábamos”.

Así, el secretario de Estado afirmó que lo medular de la labor financiera será la responsabilidad fiscal y el crecimiento económico.