El 9 de junio se estrena en el Municipal de Santiago « El Cristo de Elqui », ópera del compositor nacional Miguel Farías, cuya puesta en escena estuvo a cargo de Jorge Lavelli con textos del sociólogo Alberto Mayol. La obra, basada en «El arte de la resurrección» y «La Reina Isabel cantaba rancheras», de Hernán Rivera Letelier, busca representar la voz del desierto y de las pampas nortinas.

Acá, para The Clinic, fragmentos del polémico libreto de la ópera que cuenta la historia de un hombre que se autodenomina el Cristo de Elqui, quien comienza a predicar por el desierto chileno. Si bien algunos lo consideran un loco, la resurrección de la regenta de un prostíbulo lo transforma en una celebridad religiosa y multitudes lo aclaman como el mesías. Decide viajar a Santiago, donde la estación de trenes lo recibe abarrotada por miles de personas esperándolo. La Iglesia chilena se escandaliza y se inicia una lucha teológica entre la fe pura y carismática del Cristo y la fe institucional y burocrática del Cardenal. El Cristo es detenido y encerrado en un manicomio.

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Obispo 2: Hay un punto más, hay un punto más.
Cardenal: ¿En la tabla?
Obispo 2: En la tabla de la ley.
A coro obispos y cardenal: La tabla de la ley.
Obispo 1: Un punto más, señor Cardenal.
Cardenal: Pan. (saca pan)
Obispo 1: Vino. (se sirve vino)
Obispo 2: Se trata del Cristo del Elqui.
Cardenal (comiendo pan y sorprendido): ¿Cristo del Elqui?
Obispo 1 (sorprendido): ¿Cristo del Elqui?
Cardenal: No recuerdo esa festividad.
Obispo 2: El Cristo del Elqui es un profeta.
Cardenal: ¡¿Profeta?!
Obispo 1: ¡¿Profeta?!
Obispo 2: Dice ser la encarnación, la reencarnación, de Jesús el Cristo. Vaga por las pampas calcinantes.
Cardenal: ¡Un impostor!
Obispos: ¡Un impostor!
Cardenal: Vade retro Satanás.
Obispos: Mandamiento, mandamiento.
Cardenal: Necesitamos más información.
Obispo 2: Nació en Elqui y vaga por el desierto, por ciudades mineras, por prostíbulos, ofreciendo su palabra.
Cardenal: ¡Dios! ¡Virgen! ¡Es realmente un impostor!

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Trabajador 1: Dicen que el profeta viene, que tostadas pidió por la mañana. Dicen que al desierto miró e incomprensibles palabras pronunció.
Trabajador 2: Extrañas, palabras, extrañas.
Trabajador 3: ¿Profeta? ¿Quién es?
Trabajador 1: El Cristo, el Cristo, el Cristo del Elqui.
Trabajador 2: El Salvador, dice ser.
Trabajador 3: ¿Loco? ¿Farsante?
Trabajador 1: Loco, un peligro, incautos caerán
Trabajador 2: Llama a vencer a la Iglesia del Señor, proclama el fin de una farsa milenaria.
Trabajadores 1 y 3 ríen
Trabajadores (a coro): ¿un loco? ¿un farsante? ¿un impostor? ¿Un hijo más de los terremotos?
Trabajador 1: Si dice ser Cristo, milagros debe dar.
Trabajadores (a coro): Viene, viene, el Cristo. Viene, viene, el Cristo.
Aparece el Cristo de Elqui.
Cristo de Elqui (predicando): Sabemos donde hemos nacido, hermanos, pero no dónde quedarán sepultados nuestros huesos. Sotanas enfrían nuestra fe y arrojan nuestros cuerpos al desierto plutoniano de la noche.

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(De la escena 2 en el prostíbulo de la Reina Isabel)

Cristo de Elqui: Reina mía, hace meses que no la escucho cantar. ¿Nos regalaría una de esas hermosas rancheras?
Reina Isabel: Querido profeta de las almas perdidas, pampino del fin del mundo. Llevo años sin cantar como es debido, es solo un recuerdo de mis primeros años. Me avergüenza haber perdido voz de tanto haber llorado.
Cristo de Elqui: Alegre la tarde a este profeta, que hoy mucho he sufrido. Mi Magdalena no aparece, mi noche fría es, mi Padre me ha abandonado. Solo la tersura de su voz puede humectar mi alma y temperar mi cuerpo.
Reina Isabel: Cantar.
Cristo del Elqui: Cantar.
Reina y Cristo: Cantar.

La Reina camina hacia un escenario hecho para bailarinas (con caño). Pide una guitarra para cantar una ranchera:

He visto ricos llorar,
en mi lecho de placer
He visto a pobres reír,
en mi lecho de dolor,
Soy la humedad del desierto
El reposo del minero

Como recuerdo esa noche
La noche en que no pagaste
La noche en que me humillaste
Y me dijiste adiós

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(De la escena 3 en el funeral de la Reina Isabel)

Cristo de Elqui (se levanta). Camina hacia la Reina, empuja al sacerdote, abre los brazos frente al cuerpo muerto.
Cristo del Elqui: Divino Maestro, clamo esta tarde por ti. Devuélvenos la vida en esta pampa, haz sagrada la sangre del caliche, danos la dignidad que el yugo doblegó y que la pulpería vendió. Danos toda la vida que nos quitaron con esa Iglesia muerta, haz justicia en esta tierra cruel.
Sacerdote: Idiota, idiota, glorioso pecador.
Cristo del Elqui: Divino Maestro, elige nuevamente a la impura para tu pureza, al loco para tu verdad, a los ofendidos para tu apología.
Sacerdote: Idiota, idiota, vicioso pecador.
Estruendo.
Suena una ranchera

Soy la humedad del desierto
El reposo del minero
Veo fantasmas al sol
En la pampa calichera
Y solo veo sudor
Y un dinero sin pudor

Se levanta la Reina Isabel

Cristo de Elqui sigue de brazos abiertos, pero ahora se arrodilla.

Prostitutas: ¡Vive ! ¡Vive ! La Reina vive. El Cristo, el Cristo, es el mesías.
Coro de prostitutas: Mesías, mesías, el Cristo del Elqui.

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(De la escena 4)

Cardenal mira la estación de trenes abarrotada de gente esperando el siguiente tren.
Cardenal: ¡Quién puede explicar esto! El impostor viene a la capital, como Cristo fue a Jerusalén. El impostor revivió una muerta, como Cristo a Lázaro. ¿Y yo qué? ¿Tendré que ir a esperarlo a la estación de trenes con alabanzas por la llegada del mesías? Desastre, desastre. ¿Qué clase de sacerdote era ese que fue derrotado por el loco? Y ahora qué. La estación de trenes está repleta porque viene Cristo. Qué locura, qué horror. (Burlándose) Cristo llega en el tren de las tres. Qué historia es esta.
Coro: El Cristo de Elqui, que vence a la muerte. El Cristo de Elqui, que vence a la muerte. (cantan de fondo)
Cristo de Elqui: Iluminado en la pampa, Dios me eligió. Fui su mesías, su hijo, su aprendiz. Hoy seré su sacrificio. Una cruz me espera. Una cruz sin cruz.
Cardenal: ¡Policías! ¡Llévenlo al manicomio!
Coro: ¿Qué es verdad? ¿Qué es verdad?
Policía: Orden, moral, propiedad. Orden, moral, propiedad.
La policía lo apresa violentamente. Cae el Cristo de Elqui y mientras lo empujan arrodillado dice.
Cristo de Elqui: Mis amarras no son de este mundo.
Policía: Orden, moral, propiedad.
Coro: Tristeza, desolación, Cristo no ha venido, fue solo un impostor. La fe mueve montañas y locos sin control.
Policías lo arrojan al suelo. El Cardenal lo levanta con aparente piedad.
Cardenal (al pueblo): Me llevaré a este pobre hombre que ha enloquecido con el sol del desierto. Recen por él.
Cristo de Elqui: ¡Miserable, rastrero! El Divino Maestro acallará tu voz traicionera.
Coro: Tristeza, desolación, Cristo no ha venido, fue solo un impostor. La fe mueve montañas y locos sin control.
Cristo de Elqui: Dios tuvo que matar a su hijo para que le creyeran. ¿A quién tengo que matar yo Cardenal, a quién debo matar para que usted me crea?
Cardenal: Ayer eras el milagro de la pampa, el nuevo mesías. Hoy te espera un manicomio.
Cristo de Elqui: ¿Cómo reconocerías a Cristo si lo tuvieras frente a tus ojos? ¿Qué tienes que ver para creer, hombre de poca fe? ¿O no crees que un Cristo verdadero no resucitaría una puta en el desierto?