Caparrós se siente con licencia de expresar opiniones que sabe impopulares, políticamente incorrectas, como cuando reniega del papa Francisco, cuando escribe alegatos contra la madre Teresa de Calcuta o el Dalai Lama, o cuando en plena efervescencia de los movimientos feministas se atreve a afirmar, sin ruborizarse, que el fútbol está más pensado para las habilidades físicas de los hombres. Por este último alegato, que pronunció en la inauguración del Foro Centroamericano de Periodismo 2018, se ganó el rechazo de un sector del gremio periodístico y hasta le dedicaron un par de columnas en Guatemala y en México.

Esa misma incorrección política, al borde del reglamento, la aplica cuando habla de fútbol practicado por hombres, en especial cuando se refiere a su selección. Dice que si una potencia futbolera como Argentina está dudando ante la debutante Islandia, su primer rival en Rusia, deberían no participar. Cree que la selección argentina es una “manga de burros” que juegan junto al mejor del mundo: Leo Messi. Y para explicar el trato a su juicio injusto que la hinchada argentina dispensa a Messi, rescata de su memoria un chiste de un hombre que quiso cogerse a cien mujeres, pero no pudo. Políticamente incorrecto. Caparrós en estado puro.

¿Messi dejará de ser Messi si no gana este Mundial? Tendrá ya 35 años en Qatar 2022 y parece que este es su último tren.

Yo no creo que Messi fracasa si no gana el Mundial. Es ridículo creer que algo tan pequeño puede llegar a condicionar la idea general de 10 o 12 años de gran fútbol. Imaginate: la final de 2014 terminó con un apretadísimo 1 a 0. Los alemanes ganaron porque la metieron, pero también pudo haberla metido Higuaín. ¿Messi sí sería el mejor jugador de la historia si Higuaín hubiera metido aquel gol? No tiene sentido. Es puro azar que Higuaín lo haya metido o no, o que Mario Gotze lo haya metido o no. Entonces, para mí no tiene ningún sentido, pero mucha gente lo cree.

Mucha gente…

Antes del Mundial del 2014, comparaba la situación de Messi con un chiste muy malo que contaba mi papá. Era que García, un señor cualquiera, decía que se iba a coger a cien mujeres en el Luna Park, el estadio donde se hacían las grandes veladas de boxeo en Argentina. Y entonces, va un público numeroso y bullicioso a ver cómo García probablemente fallaba en su intento. Pero García empieza a cumplir con su promesa: se coge a 10 mujeres, después a 20, luego llega la número 30, y el público empieza a entusiasmarse. Llega la 50 y todos están ya gritando: “¡García! ¡García! ¡García!”. Llega la 70 y “¡García presidente!”, “¡Queremos un hijo tuyo!”, qué sé yo. Y García. Y García. Y llega a la 90 y “¡García es lo más grande que hay!”, “¡García es argentino!”. Y a la 95, más: “¡García, García!”. Y a la 98: ‘¡Qué maestro, García!’. Pero en la 99, García no puede más y muere. Y entonces, todo el público argentino comienza: “¡García maricón! ¡García maricón!”. Pues eso parece ser lo que está pasando con Messi.

Pero el Mundial es el Mundial.

Claro, pero si alguno de sus compañeros erra el gol en la final o en octavos, o incluso si es el mismo Messi quien falla, ya parece que eso invalida las 98 anteriores. Y eso para mí no tiene sentido.

¿Es un rasgo argentino? Si El Salvador disputara siquiera una final de la Copa Oro, ya creeríamos que es una gran selección. Argentina jugó entre 2014 y 2016 tres finales de primer nivel y parece como si fuera la peor selección que tuvieron. Es un público y un periodismo muy exigentes con una selección que no alcanzaba la final del Mundial desde Italia 1990.

Hay cinco o seis equipos que ganan los mundiales. La Argentina es uno de ellos. Entonces, no ganar el Mundial es menos que lo que nos creemos legítimamente autorizados. Puede ser una estupidez, pero hay un mínimo de historia que respalda esa idea. A mí me intriga saber cómo es ir a una Copa del Mundo sabiendo que no la vas a ganar, cosa que le pasa por lo menos a los fanáticos de 25 equipos, y a los de los otros 150 que se quedaron en el camino.

Regresando a Messi…

Me parece que lo que le da un morbo particular a la cuestión es esta especie de injusticia del destino que nos dio al mismo tiempo al mejor jugador del mundo y a una manga de burros para que lo acompañen. Es como un poema de Borges que habla de la ironía de Dios, que le dio al mismo tiempo los libros y la ceguera, porque cuando lo nombraron director de la Biblioteca Nacional, se estaba quedando ciego. Tenía todos los libros que hubiera querido leer, pero no los podía leer. Esto parece algo así. Darte al mismo tiempo a Messi y…

…y a Lucas Biglia.

O sea, que Biglia sea el que estamos viendo a ver si no se lesiona para que esté ahí. Habría que estar esperando lo contrario.

O es una especie de compensación del destino, digo, no podían tenerlo todo.

Sí, pero creo que en tiempos de Maradona el destino fue un poco menos cruel. Y hubo muchos otros momentos con otros, ya poniéndose celoso, en que no fue nada cruel. Digo, al Brasil del 70 le dio para que tiraran y revolearan. Pero más allá de eso, que es un chiste… bueno, todo es un chiste hablando de fútbol, pero hay varios equipos que tienen una media de jugadores mucho mejores que la Argentina. ¿No tienen a Messi? Sin duda, pero la media de jugadores argentinos no tenía por qué ser tan baja.

¿Argentina llega a Rusia creyendo que pueden ganar?

Yo creo que sí, sin duda. Pero lo relevante ahí es esta idea a la que vos te referías hace un momento. Para los argentinos, no ganar es fracasar. O sea, salir cuarto, tercero o séptimo no es suficiente, no es un triunfo como lo sería para, no hablemos de El Salvador, para Colombia. Para Colombia salir tercero en una Copa del Mundo sería ¡wow! por fin terceros. Para Argentina sería un fracaso espantoso.

¿Y no es hora de revaluar las expectativas?

No, porque tampoco tenés que nada que te ponga muy fuertemente en tu lugar. Hace cuatro años se perdió la final. Hace ocho fue un desastre que no se entiende muy bien.

Diego Maradona era el técnico.

Maradona era el técnico, es la explicación perfecta. En la de 2006, fue el mejor equipo que tuvo Argentina en los últimos 40 años, y quedó afuera por un azar de los penales.

Ante Alemania.

Sí, pero aunque no hubiera sido. Fue muy azaroso. Con el arquero argentino especialista en penales lesionado al minuto 70.

El Pato Abbondanzieri.

Se fisuró una costilla. Después de eso, vino el gol alemán, y en los penales el arquero suplente se tiraba sistemáticamente al otro lado. Al Pato yo lo vi mucho porque era el arquero de Boca, y tenía esa característica rara entre los arqueros: que podía agarrar el penal o no, pero siempre se tiraba para el lado bueno. Aguantaba al pateador lo suficiente, y yo sí creo que hubiera agarrado uno o dos a los alemanes.

El grupo que tocó a Argentina es Islandia, Croacia y Nigeria. Debería ser sencillo. Pero en 2014, estaban sudando en el minuto 89 contra Irán, hasta que Messi metió un gol. ¿Cómo te imaginás estos partidos?

Durante el Mundial voy a escribir una columnita diaria en The New York Times. Tengo un articulito medio escrito sobre lo ridículo que es que los argentinos ahora tengamos miedo a Islandia. Porque he escuchado a varios amigos: “No, vas a ver lo que puede pasar”. ¡Hijodeputa! Son 330 000 personas en todo el país, de los cuáles juegan al fútbol 5 000, como mucho. No hay ningún jugador de Islandia en ningún equipo del que uno se pueda acordar. Y con todo eso aún hay aficionados argentinos que están: “No, hay que tener cuidado”. Bueno, si hay que tener cuidado con eso, matémonos, no vayamos, vayamos a otro lado, está todo bien. Yo digo en ese artículo: si se trata de una competencia como país, tengámosle miedo a Islandia. Nos ganan por mucho: 60 000 dólares de PIB per cápita, la mejor educación del mundo, todos son ateos… Si fuera una competencia de países, toda la razón en tenerle miedo. En fútbol, no.

Croacia y Nigeria. Parece ya norma que cada Mundial se enfrenten Argentina y Nigeria.

Cualquiera te puede ganar, pero si no podés con Croacia o Nigeria, no vayás. De verdad. Se supone que vamos para otros partidos. Quizá sea un error, quizá sea mentira, pero se supone que vamos para los partidos con los de nuestra liga.

¿Te animás a pronosticar un ganador?

Me parece que Francia tiene los mejores jugadores, uno por uno son impresionantes, aunque no tienen un buen equipo todavía. Brasil a mí me parece que está bien, es un buen equipo, pero no lo veo tan inalcanzable. España está peor que en los años anteriores, no apareció nadie a la altura de Xavi e Iniesta. Y Alemania que es Alemania, ya. Supongo que entre esos estará la cosa.

¿El problema de Argentina no pasa por el entrenador? Lo digo pensando en Diego Simeone, que parece el candidato perfecto para la selección.

Dicen que él dice, estas cosas nunca se saben, que no quiere la selección mientras esté Messi, porque no quiere chocar con alguien al que no puede poner en su lugar, alguien que es un poder alternativo. Él quiere todo el poder. Después, si se la siguen ofreciendo, es muy probable que la agarre.

Hay mucho chambre en el periodismo deportivo, ¿no? Mucho dicen que dicen.

Está lleno. Yo creo que es un mal contemporáneo que tiene que ver con que hay demasiados programas de televisión y de radio y medios en internet, y algo tienen que decir. Es patético, pero es así. Entonces la producción de chambres, como dicen ustedes en El Salvador, no para nunca, porque hay que llenar esos espacios.

Vos escribís columnas contando un partido, algo muy difícil porque cuando sale tu texto, todo mundo ha visto ya las jugadas 20 veces de cuatro ángulos diferentes.

Lo que a mí me gusta leer cuando consumo periodismo deportivo es a los tipos que te cuentan bien un partido, los tipos que tienen conocimientos técnicos y tácticos de verdad, y que te hacen entender cosas. Muchas veces en la previa de los partidos es muy interesante cuando alguien que sabe, que sabe serio, te explica cómo se puede armar el partido, qué puede pasar. O después, y te explica por qué pasó tal cosa, o por qué fulano entraba por la izquierda y nadie lo paraba. Y qué pasó, dónde movió el técnico a quién para conseguir esto o lo otro. Después, también me gusta el periodismo que tratar de pensar un poco, ya con más distancia, en el fenómeno fútbol, que es un fenómeno súper interesante. Digo: no ha habido muchos fenómenos en la historia de la humanidad que movilicen a tales cantidades de personas.

En la inauguración del Forocap se te armó un quilombo, como dicen los argentinos, por algunos de tus comentarios. A mí me parece entendible el tema de los salarios dispares entre hombres y mujeres futbolistas , pero ¿alguna vez has visto un partido de mujeres?

No, muy poco. Pero yo tampoco veo tanto fútbol. Veo al Barcelona, a Boca y a la selección argentina. Alguno más, pero no veo la Premier ni la liga italiana; no es raro que no vea fútbol femenino. Y no es que lo discrimine, sólo que trato de no pasar mucho tiempo viendo fútbol porque quiero hacer otras cosas. No lo he visto, pero yo decía que si aceptás que esto funciona como un negocio que genera cientos de millones de dólares, se lleva alguna parte de eso. Yo estaría totalmente de acuerdo en que esto fuera amateur, que nadie ganara nada, que les pagaran la casa y la comida y que jugaran para entretenerse. Estaría muy bien, y las mujeres recibirían lo mismo que los hombres. Pero si se acepta que esto es un negocio multimillonario, tenés que aceptar las reglas del negocio multimillonario. Si no, es un poco raro. En el tenis las mujeres producen menos dinero que los hombres y cobran lo mismo. ¡Genial! Han conseguido una reinvindicación que sólo se explica en términos sociopolíticos, no en términos comerciales.

En la discusión sobre la igualdad en el tenis, Djokovic dijo que estaba de acuerdo, pero que las mujeres también deberían jugar al mejor de cinco sets, no al mejor de tres.

A mí me parece interesante discutir estas cosas. Pero también me apenó un poco que el otro día había muchas otras cosas que se podían discutir, y al final terminamos hablando sobre si había o no mujeres en la mesa. Eso a mí me molestó un poco porque, primero, ni Mario Jursich ni Alberto Salcedo Ramos ni yo estábamos ahí porque éramos hombres. Estábamos porque sabemos un poco del tema del que se estaba hablando. Poner a una mujer porque es mujer me parece más humillante que aceptar que hay cosas de las que los hombres saben más, igual que hay otras cosas de las que las mujeres saben más.

Yo sí creo que hay mujeres que saben mucho de fútbol: Marion Reimers, Carolina Padrón… Pero no creo que vengan sin cobrar por compartir sus conocimientos, como vinieron ustedes, que lo hacen por simpatía a El Faro.

Sí, claro, pero además me parece una pena que el tema de género, en un caso como este, obture la posibilidad de discutir otras cosas. Yo había tratado de decir que el fútbol es la actividad donde más claramente se ve la enorme desigualdad económica, la enorme injusticia de la concentración de la riqueza. Eso a mí me parece por lo menos tan importante como el tema este de género, y de eso no se habló un carajo. Yo querría haber dicho que el fútbol no sólo produce estas desigualdades extremas, sino que sirve para crear modelos nefastos que millones y millones de chicos intentan imitar en todo el mundo. Modelos de la salvación individual en contra de cualquier idea colectiva. El modelo es: si yo juego bien, me van a llevar a París o a Madrid y voy a ganar 100 millones de dólares. En vez de pensar: estoy acá con mis amigos, hagamos algo juntos, veamos cómo podemos reparar las cosas juntos, para todos. Lo escribí en el Times cuando vendieron a Neymar: para el capitalismo global resulta muy barato pagar 200 o 300 millones de dólares para imponer ese modelo. Si ese es el precio por vender ese modelo a 500 millones de chicos en el Tercer Mundo, es muy barato. A mí me hubiera gustado responder sobre esas cosas, no sólo sobre cuántas mujeres había en la mesa.

Autor de la entrevista: Nelson Rauda Zablah.
Este texto fue publicado originalmente por Elfaro.net.