El domingo por la tarde, a esa hora incómoda que son las tres, el Volcán de Fuego entró en erupción y a su pasó arrasó con cuanta posibilidad de vida había. Se dice que son 70 los muertos, pero los lugareños creen que con el paso de los días irán apareciendo más cadáveres. O pero aun, no aparece nada de aquellas personas que habitaban la costa sur del país centroamericano.

Y mientras tanto, algunos sobrevivientes relatan el infierno, recoge El País.

 

 

“Allí quedó mi padre y mi sobrina”, dice Olga González, 46 años, desde el albergue de Escuintla a dos horas de la capital y 45 minutos del volcán.

“Dicen que hay más de 200 muertos pero debe haber muchos más. Todos los que no pudieron salir corriendo o se quedaron para sacar sus cosas”, agrega.

Olga en su memoria y narra lo siguiente:

“No dio tiempo a nada, la lava se nos venía encima. Solo podíamos correr y llorar sin mirar atrás”.

Juan Francisco González, agricultor de 52 años, cuenta que cortaba leña cuando escuchó el rugido de la montaña.

“Entonces el cielo se oscureció y cuando me di cuenta bajaba por la ladera un río caliente que iba arrasando todo”.

“Dios tenga en su gloria a todos los que quedaron atrás”, dice su vecino Domingo López, de 79 años.