Por Gabriela García
“La nieve pinta la montaña hoy
No hay huellas que seguir
En la soledad un reino,
Y la reina, vive en mí”
(“Libre soy”, de la película “Frozen”)
“La nieve pinta la montaña hoy
No hay huellas que seguir
En la soledad un reino,
Y la reina, vive en mí”
(“Libre soy”, de la película “Frozen”)

Antes de que sus padres adoptivos la inscribieran como Greta en el Registro Civil chileno y de que el 24 de agosto pasado se la llevaran a vivir con ellos a Roma, su identidad estaba contenida en las iniciales K.G.C. La niña de nueve años amaba las princesas. En la residencia de Peñaflor que la cobijó junto a otras cuatro hermanas hasta 2017, recuerdan que le gustaba vestirse de rosado y pedía siempre ese disfraz para sus cumpleaños.

K.G.C llegó al hogar con una de las biografías más dolorosas que se recuerden en Koinomadelfia. Aún así, del promedio de 80 niños que atiende ese hogar, ella destacaba por ser la más histriónica y cariñosa.

Las cuidadoras solían encontrarla cantando el soundtrack de “Frozen” en el columpio donde se balanceaba veloz. Como la protagonista de la película, quería ser libre y escribir su historia de nuevo. Por eso, cuando en 2017 el organismo acreditado por Sename para tramitar su adopción internacional, -la Fundación Mi Casa-, le mostró en YouTube imágenes de la Fontana di Trevi y de El Coliseo, y le dijo que allí vivían los padres que habían elegido para ella, lo que la futura Greta vio sin conocer aún a la familia conformada por una sicóloga, un ingeniero y un hijo en común, fue su propio reino.

A la pequeña K.G.C. le habría gustado compartirlo con sus hermanas. Pero el matrimonio italiano no podía llevárselas a las cinco. Así que hicieron un pacto del que fue testigo la directora de la residencia de Peñaflor, Mónica Hernández.

-Las cité a todas y les expliqué el escenario en el que estábamos: algunas ya eran grandes y al ser cinco hermanas era muy difícil que las adoptaran a todas. Les dije que las más chicas podrían tener la oportunidad de crecer en una familia extranjera. Ellas aceptaron separarse, con pena, pero lo aceptaron con una condición: mantener la relación entre las hermanas. No importaba lo que pasara, la promesa fue que se verían por Skype y se mandarían fotos hasta que crecieran y pudieran visitarse- dice Mónica.

La intención de las hermanas por mantenerse unidas está en diversos informes que la propia residencia envió al Juzgado de Familia de Peñaflor durante los ocho años que Greta permaneció institucionalizada. Pero también es un derecho contenido en la Convención Internacional de Los Derechos del Niño y de la Niña. En su artículo 8 se menciona que “los Estados Partes se comprometen a preservar la identidad del niño, incluidos la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares”.

La directora de Koinomadelfia asegura que le contó de este pacto a los padres adoptivos de Greta y también a los de su hermana menor, F.G.C, cuando se produjo el primer encuentro en Chile. Pero a pesar de que ambas parejas se mostraron dispuestos, una vez que las dos partieron a Italia, de Greta no volvieron a saber nunca más.

-Las niñas me pedían hablar con sus dos hermanas pero con K.G.C nunca funcionó. Intencioné en varias ocasiones el contacto a través de Fundación Mi Casa pero me decían que el matrimonio estaba pensándolo, que consideraba que todavía podía ser muy fuerte para la niña, que había que esperar-afirma.

Mónica les pidió paciencia. Pero en octubre de 2017 y cuando Greta llevaba tres meses en Italia sin dar noticias a sus hermanas, recibió un llamado que la hizo llorar y que hasta ahora no ha sabido transmitirles a las chicas que siguen residencializadas por temor a que se descompensen emocionalmente.

-Las cosas no andan bien. Los padres se arrepintieron de la adopción, y Greta ya no está con ellos, sino en un hogar en Roma- cuenta Mónica, a quien le informaron desde Fundación Mi Casa.

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Las hermanas aprendieron a cuidarse las espaldas entre ellas desde muy temprano. Greta cumplirá 10 años este mes. Pero la medida de protección que la sacó del hogar donde vivía con sus padres, se activó en el Juzgado de Familia de Colina cuando tenía apenas un año y cinco meses de vida.

Era el año 2009 y K.G.C. era la menor de seis hermanos y la más pequeña de las hijas que había dado a luz Lilian y José. La pareja llevaba junta 16 años pero su relación –marcada por el alcohol y la violencia- solía hacer crisis a cada rato.

Preocupada por la desprotección en que se encontraban los hijos de la pareja, la tía paterna se llevó a sus dos sobrinos mayores a vivir con ella: Alicia y José Miguel, entonces de 15 y de 12. Además denunció “las malas condiciones de vida en la que crecerían las hermanas menores de éstos” en el Centro de Atención Jurídica Especializada.

Fue a través de su denuncia que esta institución solicitó una medida de protección por vulneración de derechos al Juzgado de Familia de Colina. El tribunal dictó que se investigara el daño al que podrían estar expuestas K.G.C y sus hermanas. Pero el 31 de agosto de 2009, una fuerte discusión entre Lilian y José terminó con él detenido por Carabineros, y todo explotó. José había amenazado a Lilian con arma blanca en la vía pública y tanto las niñas como su madre terminaron en una casa de acogida. Un mes después regresaron a la casa. Pero ya no había vuelta atrás: un informe del DAM (Programa de Diagnóstico Ambulatorio) que llegó al tribunal en septiembre de ese año dejaba en claro que había que intervenir cuanto antes.

“Los seis hijos habían estado expuestos a cuidado negligente, asociación a grupo de pares negativos, descontrol normativo (ausentismo escolar), violencia intrafamiliar, parentalización, trabajo infantil, presunta exposición a actos sexuales entre adultos y consumo de alcohol”, se lee.

Los dos mayores solicitaron al tribunal seguir viviendo con la tía paterna, mientras que K.G.C y el resto de sus hermanas de apenas 3, 4 y 6 años en esa época, fueron llevadas a un hogar. Desde que pasaron a manos del Estado –en noviembre de 2009- que el criterio que se hizo valer fue mantenerlas unidas.

Considerando “la relevancia que supone el que todas ellas permanezcan juntas por su condición de hermanas”, dice el expediente, es que distintas residencias del Sename como el Hogar Misión de María o Casa Catalina las acogieron a todas aún cuando no había cupos suficientes. Así, en una larga institucionalización, hasta llegar al Hogar Koinomadelfia en Peñaflor.

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Lilian quiso recuperar a sus hijas durante el tiempo en que demandó a José y se separó de él. Pero ya en diciembre de 2009 recompusieron la relación y las visitas de ambos al Hogar Misión de María eran cada vez más escasas. Por otra parte, los informes que se elaboraban a partir de entrevistas que el equipo sicosocial les hizo a los padres no eran esperanzadores. Destacan “la pusilanimidad” de José y la falta de empatía de Lilian.

-Ambos progenitores han revelado respecto de la totalidad de sus seis hijos, incapacidad para mantenerlos bajo su cuidado y procurarles satisfacción a sus necesidades de protección- se lee en uno de los informes que envió la residencia al tribunal.

Mientras tanto, en el hogar Misión de María, la futura Greta cumplía 19 meses y aún no aprendía a caminar. El test EEDP –que mide el desarrollo sicomotor- evidenciaba signos de retraso en su edad cronológica “principalmente en la adquisición del lenguaje hablado”.

-Todo lo anterior podría indicar una carencia en la estimulación afectiva y cognitiva previo a su ingreso al sistema de protección- registra el sicólogo que la evaluó en la residencia. Durante el primer año de vida, estuvo hospitalizada cinco meses por cuadros respiratorios. Aún así, parecía adaptarse bien. En los informes enviados al tribunal se lee que se alimenta y duerme bien, aunque a veces “muerde a sus pares sin poder identificar una razón aparente”.
A comienzos de 2010 se siguió trabajando con la familia de origen. Pero aunque Lilian y José fueron derivados a terapias para reforzar sus habilidades parentales, el expediente revela que a la madre “le cuesta dimensionar la situación en la que están sus hijas y su responsabilidad en ella”.

El sistema amplió el radar y buscó en su familia extensa a una persona que pudiera hacerse cargo de las hermanas. Pero no encontró a nadie.

-De acuerdo a lo observado, las únicas redes que se aprecian en favor de la madre es la familia del padre, concretamente la tía paterna-, relata un informe del Hogar Misión de María. Aunque le consultaron a ésta si podía cuidarlas, la tía manifestó que estaba apenas con los dos sobrinos mayores y sus propios tres hijos y que su sueldo como nana en Chicureo no daba abasto para más. Necesitaba una mano.

Las niñas fueron trasladadas al hogar Casa Catalina posteriormente al terremoto de 2010. Allí, una sicóloga y una asistente social caracterizaron las dinámicas de las hermanas. K.G.C, en ese entonces de dos años y dos meses, era “la protegida” de las más grandes. El 22 de septiembre de 2010 son trasladadas al hogar Koinomadelfia en Peñaflor donde la niña entró como K.G.C. y salió como Greta.

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Mónica Hernández recuerda bien cuando llegaron las hermanas porque dice que en 15 años como directora de la residencia, es uno de los casos más dolorosos que le ha tocado abordar.

-No sólo por el nivel de vulneraciones que sufrieron las niñas, sino porque si ya es difícil encontrar una familia sustituta para un niño, para cinco hermanas era prácticamente imposible. Koinomadelfia insistió en restablecer el vínculo con la familia biológica y mantener a las niñas en contacto con los hermanos mayores que vivían con la tía paterna, pero en julio de 2014 todo se fue a pique: tras volver de una salida a la casa de sus padres durante el programa de acercamiento familiar, K.G.C. hizo un comentario en la escuela que volvió sospechosos a los padres y a los vecinos de éstos de vulneraciones en la esfera de la sexualidad y el tribunal decretó la prohibición de acercamiento de los progenitores.

La medida se mantiene hasta hoy y en su momento hizo que Mónica por primera vez pensara en la adopción para estas niñas: si bien podía significar separar a las hermanas, comenzaba a preguntarse, si valía la pena mantenerlas juntas pero condenarlas a todas a vivir eternamente en una residencia. O era mejor darles la posibilidad de vivir en una familia a las dos más chicas y al resto buscarles figuras de apadrinamiento.

-¿Qué vamos a hacer? ¿Qué va a pasar cuando estas niñas crezcan si no tienen a nadie?- le preguntó angustiada Mónica al equipo Adopción de Fundación Mi Casa. En conjunto llegaron a la conclusión de que ese era el camino: salvar a la futura Greta – de entonces 6 años- y a la nueva hija de Lilian que había llegado a la residencia: F.G.C., la cual también se fue a Italia pero cuya adopción, hasta ahora, ha sido un éxito.

-Todas las entidades acreditadas para tramitar adopción nos señalan que no hay matrimonios que estén dispuestos a adoptar niños mayores de 8 años. Las parejas en Chile, lo que quieren, ojalá, es una guagua- dice Mónica.
Pero además estaba el deseo que incubaba la propia K.G.C.

-Ella iba a mi oficina y me lo pedía: “Quiero tener una familia, tía, se lo ruego”- recuerda que le decía la pequeña.

K.G.C. fue declarada susceptible de ser adoptada en septiembre de 2015 produciendo un terremoto emocional en el resto de las hermanas. El impacto fue consignado en numerosos informes que los Programas de Protección Especializada en Maltrato y Abuso Sexual Infantil (PRM) que les dieron terapia a lo largo de su residencialización enviaron al Juzgado de Familia de Peñaflor antes de que se decidiera interrumpir el tratamiento para que, al menos en el caso de la futura Greta, pasara a ser preparada para la adopción por Fundación Mi Casa.

Por citar sólo uno de estos documentos y referiéndose a la hermana mayor, la psicóloga apunta que:

-La niña habría manifestado miedo y angustia y sensación de ahogo debido a que tras la audiencia celebrada en septiembre, se habría decretado que sus hermanas pequeñas serían susceptibles de adopción, por lo que cabría la posibilidad de que se separaran y se fueran a vivir con otra familia.

-La llegada al hogar de la más chica, F.G.C. también fue un punto de inflexión en sus vidas: entonces dimensionaron que no había retorno con su familia de origen y que sólo permaneciendo juntas sobrevivirían- dice una profesional de esos PRM que ha pedido mantener su nombre en reserva.

En Koinomadelfia una de las hermanas llegó a amenazar con prenderle fuego a la residencia luego de saber que las separarían y a otra la pillaron aspirando corrector y tuvieron que llevarla a un servicio de urgencia. Las cuidadoras de trato directo contuvieron “sentimientos de tristeza y rabia, lo que se tradujo en comportamientos agresivos y desafiantes”, se lee en el expediente. Y Mónica, la directora, también estuvo allí.
Fue entonces que firmaron ese pacto entre ellas. Con llanto, llegaron a la conclusión de que no importaba el destino que tuviera cada una: se mantendrían en contacto, y algún día se visitarían.

Mónica dice que el plan inicial era que las niñas quedasen con familias en Chile. Pero que no apareció ninguna. Y que en vista de eso, Fundación Mi Casa –acreditada por Sename para la adopción nacional e internacional- habría comenzado a ver opciones de padres extranjeros que quisieran cuidar a K.G.C. y a la hermana más pequeña, la que llevaba menos tiempo en Koinomadelfia.

Las residencias no participan de esas decisiones. Los padres adoptivos que el 24 de agosto de 2017 se llevaron a Greta a vivir a Roma fueron elegidos por la organización italiana Patrízia Nídoli. Y sus papeles de idoneidad, venían listos desde Italia y fueron validados por Fundación Mi Casa y el propio Sename. Sí, el mismo organismo que en vista de la adopción fallida, ahora está haciendo una supervisión extraordinaria a un proceso de adopción internacional del que estuvo al tanto todo el tiempo y que podría tener algunas irregularidades que están evaluando.

A Nídoli, en tanto, Sename ya le quitó la acreditación y según confirma la jefa de gabinete de Susana Tonda, Danae Fuentes, “no podrá tramitar nunca más adopciones internacionales en Chile”. Aún así, y como muestra su página web, celebra el haberse llevado, hasta marzo de 2018, 303 niños chilenos a Italia, cobrando en Italia, por cada uno de los menores nacionales, 12 millones de pesos.

En cuanto a las ganancias de Fundación Mi Casa por la tramitación de adopciones internacionales, The Clínic se comunicó con Delia del Gatto, su directora, para hacerle algunas preguntas para este reportaje, pero se negó a dar entrevistas explicando que los comunicados de Sename y el Ministerio de Relaciones Exteriores sobre la adopción fallida de Greta eran suficientes.

La denuncia de una niña chilena que fue dejada por sus padres adoptivos hace al menos siete meses en un hogar en Italia, sin embargo, no la lanzó ninguno de los organismos del Estado que participaron, monitorearon y hasta visaron la partida de Greta con la venia del Juzgado de Familia de Peñaflor. Sino que fue la Comisión de Familia de la Cámara de Diputados la que luego de recibir la respuesta de Sename a un oficio donde pedía información sobre la menor, hizo público el caso que taladraba sus consciencias a puertas cerradas.

Mónica, directora de Koinomadelfia, se agarra la cabeza y llora. Aunque sabe desde octubre de 2017 que la adopción de Greta salió mal, no ha sabido comunicarles a las hermanas que siguen en la residencia que es porque está en una casa de familia de acogida a siete kilómetros de la Fontana di Trevi y El Coliseo, que hace ocho meses no reciben siquiera una foto de Greta.

-Me da miedo que se descompensen. Son niñas muy frágiles- advierte con pesar.
A Mónica le atormenta no estar cumpliendo su palabra.

-El famoso pacto-dice. Y los ojos se le humedecen.

***
Nadie entiende bien qué fue lo que pasó exactamente con Greta. La información aún se maneja bajo siete llaves. Pero Danae Fuentes, jefa de gabinete de Susana Tonda, directora actual de Sename, dice que “la razón que tuvieron los padres para iniciar un proceso de adopción fallida, si bien es de carácter reservada, se gatilló 16 días después de llegar con la niña a Italia”.

Fuentes que tuvieron acceso a su caso, sin embargo, afirman que durante el proceso de enlace, “la madre ya mostraba señales al equipo de Fundación Mi Casa de que no estaba tolerando bien a la niña, pues un día fueron a comer y no le gustó que aplaudiera cuando llegaron los platos”. Una vez en Roma, el panorama no mejoró. Tras ser examinada por un neurosiquiatra cercano al matrimonio, sus padres adoptivos habrían llegado a la conclusión de “que la menor que se habían llevado tenía más daño que lo que Fundación Mi Casa le habría informado mientras estuvo en Chile”. Razón por la cual habrían querido poner fin al vínculo con Greta.

Consultada sobre ello, Mónica Hernández, directora de Koinomadelfia, lo descarta:

-La niña no tenía daño orgánico, sólo afectivo. Si hubo un problema no fue de ella, sino de los padres que no supieron comprenderla- afirma.

Greta se había hecho electroencefalogramas en Chile para evaluar posible neuralgia permanente y vulnerabilidad emocional y psíquica. Y tomaba gotas de risperidona, quetiapina de 25 g, y Melitonina. En el expediente, uno de los médicos que la ve en 2016, refiere “preocupación en torno a una posible adopción, refiriendo que la niña no cuenta con las condiciones psíquicas como para iniciar vinculación con familia internacional”.
Si bien Koinomadelfia queda fuera del proceso adoptivo en sí, Mónica dice haber estado confiada en esos padres que habían viajado de Italia.

-Todo fluyó súper bien con la niña en el enlace. Ella estaba feliz. Hermosa. Vestida como una princesa- cuenta emocionada.

Como sea, quienes supervisaron la vinculación en Chile entre Greta y el matrimonio italiano lo hicieron en tiempos súper acotados. En Sename, la jefa de gabinete confirma que el primer enlace se produce el 6 de julio de 2017 y sólo una semana después, el 13 de julio, el Juzgado de Familia, dicta la sentencia de su adopción internacional. El matrimonio permanece apenas un mes y 11 días más en Chile junto a Greta y graban sus primeros videos en familia. En total, un mes y 24 días. Eso es lo que alcanzaron a convivir en la tierra de Greta antes de vivir en Italia.

-Por lo general este es un tiempo de adaptación que dura dos meses, a veces se intenta que pueda ser más. Pero pasa que para venir tienen que suspender su vida laboral y contar con recursos para arrendar un lugar donde vivir acá- explica Danae Fuentes.

-Se supone que ellos vienen preparados y listos para recibir niños que vienen de otra cultura y con otro idioma- agrega. Pero desconoce con qué estándares se mide la idoneidad de los padres por las organizaciones italianas y si se parecen o no a los que se aplican con matrimonios chilenos que pueden tardar dos o tres años en adoptar a un menor.

La directora de Koinomadelfia piensa que allá no hay tantos niños en residencias y que tampoco existen las vulneraciones gravísimas que hay acá.

-En Chile hay un índice de maltrato infantil altísimo, además de graves vulneraciones en la esfera de la sexualidad que no tienen nada que ver con las que ellos conocen. Es como si yo fuera a adoptar un niño a Haití. Los matrimonios vienen de otro mundo y hay que traerlos a esta realidad-señala.

Hoy las familias adoptivas extranjeras tienen prioridad frente a mujeres solas u hombres chilenos solteros, y las familias homoparentales no tienen siquiera acceso.

-Todo eso debería contemplarse en las modificaciones a la ley de adopción- dice la directora para favorecer el arraigo de los niños chilenos.

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Lo primero que hizo el matrimonio italiano, según Sename, fue informar a la fundación Nídoli de que no estaban seguros de continuar con el cuidado de su hija Greta. Y aunque los servicios sociales intentaron recomponer el vínculo, fue infructuoso. A fines de octubre y habiéndose iniciado ya el proceso de adopción fallida, el Juzgado dictaminó que la niña chilena saliera de esa familia y entrara a una casa de acogida ubicada en un sector residencial de Roma donde permanece hasta hoy.

Greta es legalmente italiana pero recién aprende a hablar el idioma. Según fuentes que conocen el caso pero piden reserva de sus nombres, aunque se le avisó de su situación a los padres adoptivos de su hermana que está en Italia, éste habría manifestado que no podía hacerse cargo de Greta, no obstante, se han preocupado de que estén contactadas.

Sename desconoce si las hermanas se han visto. Y Fundación Mi Casa, pese a viajar dos veces a Roma, no ha logrado ver a Greta.

El sistema italiano es bien cerrado, aseguran, pero “Greta se encuentra a salvo y protegida y en buenas condiciones”, reitera Danae Fuentes.

A diferencia de la residencia Koinomadelfia, donde ella era una de 80 niños, en la casa de acogida italiana compartiría sólo con otros cinco niños y permanecería bajo el cuidado de cuatro personas: monjas. Además, Sename dice que mantiene contacto directo con una tutora o curadora ad litem (abogada que representaría sus derechos ante los tribunales) y que la cónsul de Chile en Italia la visita frecuentemente.
Agrega la jefa de gabinete de Sename:

-Se trata de una casa de un estándar mucho más alto donde ella cuenta con apoyo permanente para el aprendizaje del idioma, con un asistente en aula que la acompaña a las clases que tiene en el colegio, con apoyo médico que hoy día, por ejemplo, la tiene con un tratamiento dental para el uso de frenillos.

Además de contar con apoyo siquiátrico y sicológico “con la finalidad de trabajar paulatinamente los episodios traumáticos que ha vivido”, el tribunal en Roma ya la declaró nuevamente susceptible de ser adoptada, el pasado 12 de marzo. Pero la Comisión de Familia insiste en que hay que traer a la niña de vuelta y que el Estado chileno debería pelear por ella. Y no abandonarla.

-Yo no me he quedado de brazos cruzados. Sename planteó la posibilidad de que la niña retornara en caso de que no hubiera una familia en Italia, y yo dije que estaba dispuesta a recibirla porque aquí al menos tiene a sus hermanas -indica Mónica recordando la audiencia que se realizó a mediados de octubre de 2017 en el Juzgado de Familia de Peñaflor con la directora de Sename de la época, Solange Huerta, las profesionales de Fundación mi Casa, Victoria Guerra y Ana Casas y ella. La idea fue poner al corriente al tribunal de que la niña estaba con alto riesgo de ser devuelta, pues estando todavía con sus padres italianos, se podía reaccionar. Había tiempo.

-Pero la jueza nos dijo que no podíamos hacer nada por ella porque ahora la niña era una ciudadana italiana. Que era demasiado tarde-agrega Mónica.

La jueza Paulina Sierra envió un oficio a la Corte Suprema tras esa audiencia. Pedía información de la niña. Su intención era que vía exhorto llegase a la Embajada de Chile en Italia. Pero el oficio llegó a manos del Ministerio de Relaciones en diciembre de 2017. Y como allí también sabían de esta adopción fallida y la cónsul en Roma, Nazhla Abad, ya los mantenía informados sobre las condiciones de Greta, el ministerio le entregó los mismos antecedentes que manejaba al Juzgado de Peñaflor, preguntándole si aún así quería que enviara el exhorto a Italia. Si bien en un comienzo respondieron que pedían que se complementara la información, en Cancillería dicen no haber entendido la solicitud.

-Volvimos a preguntar si enviábamos o no el exhorto a Italia pero hasta el día de hoy no tenemos respuesta de Peñaflor- dicen en el Minrel.

A Paulina Sierra no le extrañó el llamado de The Clínic. Dijo que “esto era algo que siempre supo que podía pasar”. Pero pese a que fue invitada a dar su versión en este reportaje se excusó diciendo que “hizo lo que tenía que hacer y que como funcionaria pública no está autorizada a entregar más información”.

Aún así Cancillería dice que la información que le dieron a Sierra no es más que la que seis meses después entregó Sename en respuesta al oficio de la Comisión de Familia. Es decir, lo que se supo el miércoles pasado: que Greta se encuentra “en una residencia acorde a sus necesidades, adaptada y muy bien cuidada”.

En resumen, esta administración de Sename con Susana Tonda a la cabeza, así como la administración pasada con Solange Huerta, adquirieron la misma convicción: que “la niña está mejor allá que acá” y que no está dentro de los planes traerla de regreso, “pues ya se declaró una nueva susceptibilidad de adopción a su favor, y la idea es que encuentre un nuevo matrimonio italiano que la quiera”, explica Danae Fuentes.

-Los padres que se arrepienten, ¿no son sancionados u obligados a traer de vuelta a la niña que rechazaron?

-No. Porque si los padres adoptivos por equis motivos deciden no quedarse con el hijo y fueran sancionados tendríamos que sancionar a todos los padres biológicos que por el motivo que sea, abandonan. O sea, tendríamos que ir detrás de cada una de las mujeres que deja sus guaguas en el hospital. No corresponde.

-¿No es mejor que la niña vuelva a su país de origen para recibir la contención de su residencia histórica y de sus hermanas acá?

-Es que esa espera aquí se transformaría en una situación definitiva. Si la niña regresara a Chile difícilmente tendría la opción de ser adoptada por la edad que tiene. No es que a nosotros nos resulte cómodo que ella siga en Italia porque así nos desentendemos del problema. De hecho, para nosotros incluso sería más fácil traerla a Chile y dejar a todos contentos. Pero no se trata de eso, sino de pensar qué es lo mejor para ella en términos de sus oportunidades de vida.

-Desde qué prisma se mira aquello?

-Desde el prisma de ella, del interés superior del niño. Desde su derecho a vivir en una familia.

-Y las hermanas en Chile no lo son?

-Las hermanas no se pueden hacer cargo de ella. Son niñas que también están institucionalizadas y que no tienen la edad suficiente para hacerse cargo. Nosotros tenemos casos de niños que egresan con hermanos del sistema de protección, de hecho, es muy común, pero aquí estamos hablando de personas que están todas en una situación muy similar. La decisión de “desarraigarlos” de su país es porque se está tratando de velar por ese derecho a vivir en familia y a tener una vida mejor, no en términos socioeconómicos sino afectivos.

-¿Descartan entonces hacer otra gestión para traer de vuelta a la niña?

-Nosotros, por ahora, sí, en virtud de que ella se encuentra en condiciones de ser adoptada nuevamente en Italia. Y de alguna manera eso ya había sido asumido como algo beneficioso para ella, desde el momento en que se da inicio a la primera adopción.

-¿No creen que aquí también tenga posibilidades de conseguir ese bienestar?

-Por el momento no porque entendemos que las posibilidad de vivir en familia y de una buena vida para ella son mucho mejores allá que acá. Ese es el motivo de fondo.

-¿Cómo se llega a esa convicción? ¿Sobre la base de informes de un consulado que recién la viene a conocer? ¿Tiene su expediente al menos?

-El consulado ha tenido acceso a toda esa información efectivamente para el manejo del caso, porque ellos han ejercido la representación nuestra de alguna manera allá.

-¿Y sabe que las hermanas en reiteradas ocasiones dijeron que no querían separarse e hicieron un compromiso?

-La verdad, tenemos que revisar eso. ¿Puede una niña de 9 años tomar decisiones tan vitales? Así como no puedo hacerle caso por el solo hecho de que ella me diga que quiere irse en adopción, tampoco le voy a hacer caso por el solo hecho de que diga que no se quiere ir en adopción. Finalmente, aquí habemos adultos responsables del bienestar de esa niña tomando decisiones que van definiendo lo que pasa con ella. Y esas decisiones pueden ser muchas veces de acuerdo a lo que ella quiere, y otras no estar de acuerdo con lo que ella quiere. ¿Basta con que ella diga que quiere estar en familia para dejarla allá? No. ¿Basta con que ella diga que quiere estar con sus hermanas? Tampoco. Porque aquí no estamos hablando de una niña que estaba en su casa haciendo su vida feliz. Estamos hablando de una niña que efectivamente ha pasado por vivencias traumáticas, difíciles. Y que, por ende, para bien, actúan las autoridades: los tribunales, Sename, otros organismos.

Mónica Hernández, directora de Koinomadelfia, también se hace preguntas. Desde que salió el caso de Greta a la luz que la voz de la pequeña retumba en su cabeza.

-Tía, se lo ruego, quiero una familia- le decía antes de saber que iría al reino de coliseos y fontanas.

-Y si vuelve, ¿qué le vamos a ofrecer? –se pregunta Mónica- ella no quiere seguir institucionalizada, quiere una familia. Luego titubea y piensa que Koinomadelfia lo ha sido, que sus hermanas lo son.

-Y me acuerdo del pacto, que desde que se fue sus hermanas no han podido hablar con ella y se me aprieta el corazón.

-¡Chao Koinomadelfia, chao tías, algún día volveré! vociferó Greta antes de subirse al auto de sus padres adoptivos italianos el día en que abandonó Peñaflor.

Mónica no olvida su carita por estos días. La de una niña feliz cantando “Libre soy” en el columpio del hogar y con aires de princesa recibiendo el día anterior el adiós de sus compañeros y hermanas.
-La única que no participó fue la mayor- dice Mónica. Era la despedida de K.G.C. y el nacimiento de Greta. Una niña que se fue a Italia hace nueve meses pero que sigue sin encontrar su propio reino.