El año 2011 se le acusó, junto al sacerdote Manuel Hervia, de haber abusado sexualmente a menores del hogar de niñas que dirigía. ¿En qué aspectos le afectó la denuncia?
-Fue terrible, quedé en shock. En mi vida había escuchado algo así. Además al padre lo veía muy poco, porque él vivía en la Posta Central y solamente llegaba en la noche al hogar.

¿Qué opinión tenía de Hervia cuando lo conoció?
-Lo encontré un hombre muy serio y trabajador. Nunca creí que pudiera hacer algo así, y la justicia demostró que mi intuición tenía razón.

Aunque la causa se zanjó el 2013 en el Ministerio Público, la investigación canónica demoró tres años más en dictar su veredicto…
-Es que usted sabe quiénes estaban, pues.

¿Tuvo la oportunidad de entregar su versión ante algún personero de la Iglesia?
-Hablé personalmente con el cardenal Ricardo Ezzatti.

¿Cuántas veces?
-Tres, hasta que me ignoró.

¿Eran reuniones privadas?
-Así es, solicitadas por mí en el 2011.

¿Qué ocurrió en esas reuniones?
-La primera la tuvimos en el Arzobispado de Santiago. Me recibió muy bien, hablamos un poco menos de una hora. En esa ocasión se mostró preocupado y dijo que me quedara tranquila, que no me iba a pasar nada porque él no creía en las acusaciones. La segunda fue en su casa y hubo menos diálogo. Me miraba con otra cara.

¿Cómo la miraba?
-Me daba la impresión de que ya no me creía mucho, como que estaba empezando a desconfiar. Y después vino la tercera, en el Arzobispado, que fue la peor de todas. Ahí ya me miraba con una cara burlona, como diciendo “a qué viene”. No dijo una sola palabra esa vez.

¿Cómo explicaría la diferencia en la actitud de Ezzatti?
-Era como si hablara con gente entre nuestras reuniones. Además le tenían mala al padre Manuel, porque denunció a un amigo de ellos, a monseñor Cox.

¿Qué relación tenía Cox con Ezzatti y Errázuriz?
-Eran muy amigos, ellos lo sacaron de Chile cuando comenzaron las denuncias. Por entonces Errázuriz era cardenal y Ezzatti, su vicario, y surgió la necesidad de librar a Cox. Además, Errázuriz y Cox son schoenstattianos. Tienen una conexión por eso.

¿Qué opinión guarda del actual cardenal?
-Es un hombre profundamente machista. Ezzatti odia a las mujeres. Siempre ha mirado en menos a las monjas, cree que las esferas de poder están por encima de nosotras.

SALUDOS A ALEMANIA
¿Qué pasó con su congregación, las Hermanas del Purísimo Corazón de María?
-Desde que la fiscal me tomó ese día, tuve prohibido volver por los actos que supuestamente había cometido. Cuando salí libre de todo, en 2013, me comunicaron que el Cardenal cerró la Congregación.

¿Ezzatti cerró su Congregación?
-Sí. Cuando me dijeron fue terrible para mí. “Se acabó”, pensé. Y ojo, ésta y otras cosas nunca me las dijeron directamente desde la Iglesia. Siempre fueron recados enviados a través de otras personas, nunca de frente.

¿Siente que tras la denuncia se le marginó de la Iglesia?
-No me dejaron dónde ir luego del cierre de la Congregación, y tampoco puedo participar ni asistir a los actos oficiales de la Iglesia chilena. Pero yo seguiré siendo religiosa, y los que tendrán que dejarla serán los que le han hecho todo el daño que se ha conocido.

¿Como el actual y ex cardenal?
-Entre otros. Cualquier persona que defienda a un hombre que cometió tantas barbaridades, y por las que incluso fue castigado, debe irse. Piense que en 2011 Schoenstatt celebró los cincuenta años de sacerdocio del ex cardenal Errázuriz con una ceremonia a la que asistió Ezzatti. Y anunciaron que el saludo, a la distancia obviamente, también era en honor a Cox.