El juez Mario Carroza llegó esta mañana, acompañado de un grupo de peritos del Servicio Médico Legal, hasta el Panteón de los Jefes y Oficiales del Ejército del Cementerio General para exhumar el cadáver del ex general Augusto Lutz, fallecido por una septicemia en 1974.

La exhumación de los restos de Lutz forma parte de una investigación iniciada por Carroza en noviembre pasado, luego que una de las hijas del general, la abogada María Olga, interpusiera una querella para determinar si en la muerte de su padre “hubo participación de terceras personas”. A la diligencia de esta mañana llegaron además los hijos del general, Alejandro, María Olga y Patricia.

Los peritos del SML extrajeron el cuerpo del exgeneral para determinar el verdadero motivo de su muerte, que, según consta oficialmente, se trató de una septicemia contraída en el Hospital Militar mientras era tratado por una úlcera.

Lo ocurrido aquel 28 de noviembre de 1974, la fecha de su deceso, ha levantado sospechas en la familia Lutz por años. Sobre la base de las fuertes disputas que sostuvo el general con el propio Augusto Pinochet a pocos meses de consumado el golpe, y otros antecedentes, la familia del fallecido militar le ha pedido a la justicia que aclare si en su muerte participaron terceros.

En conversación con The Clinic, el abogado de la familia, Alberto Espinoza, sostiene que la exhumación del fallecido general “es una diligencia que decretó el tribunal,en el marco de la investigación a objeto de determinar la causa de muerte del general Augusto Lutz”.

Espinoza aclara que esta investigación judicial nació a raíz de una “querella presentada a fines del año pasado por una de las hijas del general Lutz, María Olga”, y que actualmente tramita el ministro Mario Carroza.

“Hubo una relación con Augusto Pinochet que fue compleja, especialmente luego del golpe militar. En aquella época hubo una verdadera purga (al interior de las Fuerzas Armadas). Hay que ver lo que ocurrió con el general Bachelet y otros miembros que fueron víctimas de la represión por su conducta más bien constitucionalista”, cierra el abogado.

“¡LA DINA SOY YO!”

Para el 11 de septiembre de 1973, Lutz se desempeñaba como jefe del Servicio Militar del Ejército, posición desde la cual apoyó el golpe.

Su nombre adquirió mayor protagonismo cuando fue vinculado al “Caso Horman”, el periodista norteamericano que fue detenido seis días después del bombardeo a La Moneda y asesinado, a los 31 años, en el Estadio Nacional, el día 18 de septiembre.

Lutz experimentó roces con el jefe de la Junta debido al creciente poder que adquirió Manuel “Mamo” Contreras, entonces apenas un coronel, quien contaba con la venia y el apoyo de Augusto Pinochet para efectuar labores de inteligencia.

La animadversión entre Lutz y Pinochet era mutua. Por ejemplo, cuando el general Óscar Bonilla abandonó Interior en julio de 1974, Lutz, a pesar de secretario de la Junta y décimo en la jerarquía del cuerpo uniformado, fue destinado a la V División, emplazada en Punta Arenas. Su entorno interpretó esta decisión como un alejamiento forzado, a raíz de las desavenencias que mantenía con el cabecilla del régimen.

En octubre del mismo año, viajó a Santiago para asistir a una reunión de generales convocada por el Alto Mando, donde se comunicaron las nuevas modificaciones que sufriría la cúpula más alta del Ejército.

Según narra su hija Patricia en el libro “Años de viento sucio”, Lutz se presentó a la cita con una grabadora escondida en su chaqueta, y registró el áspero diálogo que mantuvo con Pinochet cuando mencionó los apremios y delitos efectuados por la DINA, entonces controlada por el coronel Contreras.

-¡Señores, la DINA soy yo! ¿Alguien más quiere pedir la palabra?-,gritó Pinochet en esa ocasión, mientras golpeaba la mesa. La suerte de Lutz, declararía su hija años después, se sentenció en ese momento.

Para la familia, las sospechas en torno a su fallecimiento se ven alimentadas, además, por el episodio que marcó el inicio de su decaimiento: un cóctel ofrecido a Pinochet y al equipo que lo acompañó a fines de octubre de 1974 en un viaje a Punta Arenas.

El malestar que experimentó luego de probar el banquete lo llevaron al hospital de la región, donde le diagnosticaron várices esofágicas, un mal que suele afectar a personas con hábitos alcohólicos. Pero Lutz era abstemio.

La cirugía a la que fue sometido reveló que la verdadera complicación del general era gatillada por una úlcera, por lo que en noviembre de ese año fue trasladado al Hospital Militar de Santiago, donde fue atendido por un equipo encabezado por el mismo médico que 12 años más tarde atendió al expresidente Eduardo Frei Montalva, Patricio Silva.

Tras veinte días de hospitalización, Lutz falleció el 28 de noviembre a causa de una septicemia, según la versión emanada por el Hospital.

Patricia Lutz sostiene en su libro que la familia solicitó un sumario a la Unidad de Sanidad del centro, sin respuesta. Incluso pidieron una audiencia con Pinochet que el general concedió, y en la que se comprometió a iniciar diligencias para investigar lo sucedido. Sin embargo, acusa que nunca hubo señales de ella.

La querella fue presentada en noviembre pasado por María Olga Lutz, hija abogado del general, quien actualmente reside en España.

La familia decidió iniciar las acciones al constatar las similitudes con otros casos de extrañas muertes, que luego se ha aclarado que correspondieron a homicidios planificados por la DINA y con el uso de agentes químicos o bactereológicos elaborados por ese organismo, como la muerte del ex Presidente Frei; el intento de asesinato de un grupo de prisioneros del MIR en la cárcel, y el crimen del ex jefe de protocolo de la Cancillería, Carlos Guillermo Osorio.