Un verdadero terremoto con epicentro en la Iglesia chilena se sintió en las últimas horas luego de que el Vaticano diera a conocer que el Papa Francisco aceptó la renuncia del polémico obispo de Osorno, Juan Barros, cuestionado por su posible rol de encubridor en los abusos sexuales cometidos por Karadima.

En ese sentido, el Sumo Pontífice decidió nombrar a Monseñor Jorge Enrique Conchua Cayuqueo como Administrador Apostólico.

Por su parte, el Papa Francisco también aceptó la renuncia del Arzobispo de Puerto Montt, Cristián Caro y el obispo de Valparaíso, Gonzalo Duarte.

El primero explicó que su salida se debe a motivos de edad, por lo que un administrador apostólico ocupará su lugar.

Duarte, por su lado, será reemplazado por Monseñor Pedro Mario Ossandón Buljevic, quien era obispo auxiliar de Santiago.

Vale decir que la caída de Barros se da a pocas semanas de que el Papa Francisco pidiera perdón por los abusos cometidos en Chile y porque “he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”.

Su perdón fue dirigido “a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo también personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas”, avisaba en ese entonces.