Laicos y observadores de las primeras acciones tomadas por el Papa Francisco en el episcopado chileno ven ciertas señales y preferencias en sus decisiones que, según las fuentes consultadas, son apenas las primeras piezas de un puzzle que recién comienza a armarse.

La aceptación de la renuncia de Juan Barros (Osorno), acusado de complicidad en los abusos sexuales, de poder y de conciencia en la red del sacerdote Fernando Karadima, era esperada, pero está lejos de considerarse suficiente, en una Conferencia Episcopal en que los más conservadores esperan que se vayan al menos nueve obispos.

El Papa acompañó la remoción de Barros, con la salida de Gonzalo Duarte, quien formalmente había cumplido la edad para mantenerse como obispo, pero respecto de quien también han revivido en estos días acusaciones de abusos sexuales y de poder hechas hace más de una década y que la Iglesia chilena desestimó en su momento.

Cristián Caro, el tercero de la lista, arzobispo de Puerto Montt, se adelantó a anunciar su salida, probablemente para marcar una diferencia y distancia con sus otros dos colegas, pues en su contra no había más reproche que la longevidad. No obstante, un motivo adicional habría sido, según comenta el director de América Solidaria, Benito Baranda, que por tratarse de una arquidiócesis con tutela administrativa sobre Osorno, su salida era necesaria para complementar la salida de Barros.

Otros cambios que se vaticinan debieran ocurrir después de la segunda visita de los obispos Charles Scicluna y Jordi Bertomeu -quienes llegaron el martes 11 y permanecerán en Chile hasta el 19 de junio- son la salida del nuncio (el embajador del Vaticano en Chile) Ivo Scapolo y el reemplazo del arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati.

El Papa designó en reemplazo de los salientes, solo a “administradores apostólicos”, es decir, que no han sido confirmados en las sedes donde fueron nombrados. Pero, según las fuentes consultadas, la medida es una precaución, pues, en este rol “interino” es más fácil removerlos en caso de surgir antecedentes que los cuestionen. No obstante, el Papa escogió a los candidatos con pinzas y muy bien asesorado por fuentes chilenas, algunas muy alejadas del episcopado. “Los obispos están interdictos. Son los últimos en enterarse”, dice una fuente. La idea sería que los administradores que pasen un período de prueba se queden en las sedes donde han sido designados o puedan ser considerados candidatos viables para otras sedes donde habrá cambios.

Benito Baranda celebra la decisión de nombrar a obispos jóvenes y con experiencia parroquial en reemplazo de obispos criticados por el Para por sufrir de la “sicología de elite”.

Osorno: el obispo aplaudido

Entre los laicos y observadores, el nombramiento más celebrado es el del actual obispo auxiliar de Santiago, Jorge Concha Cayuqueo, en Osorno.

Marcial Sánchez, historiador de la Iglesia Católica Chilena, afirma que es un “franciscano muy cercano a la gente. Me sorprendió cuando el Papa lo nombró obispo auxiliar de Santiago, pues tiene mirada totalmente distinta a la de Ezzati. Lo más interesante, es que es un hombre que se relaciona de manera más horizontal que vertical, y que hoy está a cargo del laicado en el Arzbispado de Santiago”. Que tenga ascendencia mapuche fue otro factor determinante en su nombramiento.

Una persona que ha trabajado con él en el Arzobispado de Santiago desde que llegó como obispo auxiliar en 2015 relata que en ese cargo ha sido el responsable de la pastoral social, de la pastoral para la vida consagrada y del área de laicado.

“Ha sido la mejor experiencia que he tenido de trabajar con un obispo, porque no es el estilo de obispos a los que estamos acostumbrados. Él es muy franciscano, muy sencillo en su forma de ser, cercano a las personas, sencillo en su manera de vestir. Tiene una forma de escuchar muy respetuosa. A él no le gusta que lo llamen ‘monseñor’. Solo hermano o padre”, relata la fuente, a condición de anonimato.

El obispo Concha es reconocido por promover la formación de los laicos y por estimularlos a expresar su opinión, aún las críticas a la Iglesia. “Por ejemplo, ha promovido la participación de la mujer, cosa que muy pocos hacen”, dice la fuente. “Él escucha todas las posiciones y luego da su opinión sin imponerla, sino que tratando de buscar los puntos de encuentro entre distintas posiciones. Siempre recalca que el laico debe ser respetado en su dignidad y que debe ser sacado del infantilismo en que a veces cae, del clericalismo. Que sea capaz de expresar sus opiniones, con plena libertad y responsabilidad, y siempre les dice que si ven debilidad en sus pastores, que levanten la voz y lo hagan saber”.

La fuente añade que no es raro que el obispo almuerce con sus colaboradores y que festeje con ellos un cumpleaños. En Santiago, también le ha dado gran relevancia, agrega, a la “pastoral Mapuche”, a pesar de que la jerarquía mira con recelo este trabajo. “Él tiene claras las ideas. Es capaz de disentir con sus pares”.

Otras características del obispo Concha, dice la fuente, es que es simpático “y le gusta echar la talla”, pero rehúye a la prensa y las apariciones públicas. “Va a tener que aprender”, dice la fuente, y agrega que, no obstante, sus cualidades son especiales para intentar recomponer las relaciones entre el laicado y la jerarquía en Osorno.

Dudas en Valparaíso

El obispo Pedro Ossandón también es un obispo con prestigio de vocación popular, pues es discípulo del obispo Carlos González de Talca, reconocido durante la dictadura por su opción “por los pobres”. Ossandón vive en la Legua y no se cambió de barrio cuando ascendió a obispo. En el tema Karadima, ha sido explícito en llamar “delincuentes” a los sacerdotes comprometidos en los abusos.

Sin embargo, como señala Sánchez, en el período en que ejerció como obispo auxiliar de Santiago bajo el mandato de Ezzati, su vocación pastoral quedó obscurecida por las “labores administrativas” que debió asumir y en una posición muy “subordinada” a Ezzati.

Una persona que trabajó con él en ese período (2012-2015), manifiesta aún más reparos a su figura. “Teníamos muchas esperanzas puestas en él, por su opción social. Sin embargo, cuando llegó aquí no le vimos esa veta. Su línea de pensamiento es medio espiritualista. Le cuesta aterrizar. Es muy galante, muy amable. A todo el mundo le encuentra lo bueno, y eso en los tiempos que corren no siempre es deseable, pues hay situaciones donde hay que saber distinguir el bien del mal. Me preocupa que lo manden a Valparaíso”.

La fuente agrega que, aunque vive en La Legua, “su opción pastoral es contradictoria. Vive allá, pero demuestra mayor sintonía con los movimientos religiosos más elitistas. Todos tenemos incoherencias, pero en un obispo se nota más”.

En las comunidades de base hay quienes opinan que más que a ayudar, “Ossandón se ha dedicado a destruir las pocas que quedaban en la zona sur”.

Antonio Galdames, expárroco ordenado por Duarte en 2005, quien actualmente dirige la agrupación de laicos “Iglesia contra el abuso”, ve con esperanza el nombramiento de Ossandón pues, hasta ahora, dice, en Valparaíso y en Chile las víctimas “no eran reconocidas como tales sino como enemigos”.

Galdames recuerda que Sebastián del Río, un exseminarista, denunció haber vivido abusos de poder, conciencia y sexuales durante su estadía en el seminario San Rafael por parte, entre otros, de Duarte y que hizo llegar sus denuncias hasta Roma. “Benedicto XVI tomó conocimiento y, luego, habría tomado contacto con el obispo Jorge Medina para que él llamara a su vez a Sebastián. Obviamente después no ocurrió nada, y la denuncia se desconoció hasta hoy”.

Sobre el actuar de Duarte ante estos casos, afirma, “raya en lo criminal”.

“Yo mismo escuché a Gonzalo Duarte hablar de que había ‘segundas intenciones’ detrás de las denuncias de abusos, como la de Sebastián. Su interpretación era que, como no se le permitía ordenarse como sacerdote, Sebastián del Río estaba ‘vengándose de la iglesia’ y que por eso desestimó las denuncias”, afirma.

Esta semana, Sebastián del Río será recibido por Charles Scicluna en Santiago, a quien presentará antecedentes en contra de otro ‘reconocido director espiritual’ de San Rafael.

Puerto Montt: un nombramiento en peligro

De los tres administradores apostólicos nombrados por el Papa, el más joven y el único que no es obispo es el sacerdote mercedario Ricardo Morales, ordenado recién el 3 de marzo de 2006.

Asumió como Provincial de la Orden de la Merced en Chile, en 2011, en medio de la crisis por la destitución del líder provincial y mundial de la Orden, Mariano Labarca, acusado como encubridor de abusos sexuales contra menores mientras estuvo a cargo de dirigir a la congregación. Labarca saltó desde Chile a dirigir la orden a nivel mundial, después de haber ignorado las denuncias por abusos sexuales contra ocho religiosos de la Orden.

Quienes conocen a Morales afirman que destaca por sus calidades de gestión y ejecutivas, pero que en el trato es hosco y poco asequible.

El propio Morales ha sido acusado por exseminaristas, sacerdotes consagrados actualmente, de abusos de poder que, probablemente, le sean comunicados a Scicluna, en su nueva visita a Chile.

Esto, sumado a que para mantenerlo en el cargo el Papa tendría que ordenarlo obispo, hacen presumir a los observadores que este nombramiento podría ser solo temporal.

Roberto Sánchez, analista de temas eclesiásticos, agrega que “pensamos que se iban los del Bosque. El Papa avanza, pero a medio término. Seguramente que (estos tres cambios) se hicieron primero para descomprimir el ambiente antes de la llegada de Scicluna. Para entenderlos, no solo hay que mirar a la Iglesia chilena, sino lo que pasa en Roma y las presiones que debe estar recibiendo el Papa en el Vaticano”.