Carabineros armados apuntando a un grupo de comuneros mapuche. Un obrero parado en igualdad de condiciones frente a un empresario. Estudiantes movilizándose contra el lucro en la educación. Estas y otras escenas conforman Arpilleras. Por la vida y sus derechos, exposición de arpilleras que, a través de realidades y demandas actuales, representan los 30 artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En el dramático contexto de 1978, el entonces Arzobispo de Santiago, Cardenal Raúl Silva Henríquez, convoca a la realización en Chile del Año de los Derechos Humanos. Y esta exposición llega precisamente para eso. Para conmemorar los 40 años de aquel importante hito; junto con los 70 que cumple la declaración universal.

Reunidas en un laborioso taller, participaron antiguas arpilleristas de la Agrupación de Familiares Detenidos Desaparecidos (AFDD), junto a señoras que trabajaron a nivel poblacional en capillas de diferentes zonas de Santiago. Durante cuatro meses intercambiaron experiencias, penas y alegrías. Así sus manos retomaron las telas, que se fueron llenando de colores; y los hilos, que comenzaron a escribir desafiantes mensajes. La exhibición se puede visitar hasta el 05 de agosto en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Matucana 501).

El arte de las arpilleras nació en Chile gracias a Violeta Parra, quien habría iniciado la técnica de bordar sobre este textil cuando quedó en cama por un largo tiempo, producto de una hepatitis. Su influencia fue tal que las arpilleras trascendieron en el tiempo, logrando su auge en época de dictadura, donde fueron una herramienta de denuncia social que logró trascender los campos de la censura y la represión.

Bordar era una actividad muy propia y representativa de aquellos años, que inicialmente quedaba en manos de madres, hermanas e hijas de detenidos desaparecidos, presos y ejecutados políticos. En ellas plasmaban sus preocupaciones, inquietudes y esperanzas. Con el tiempo se sumaron otras mujeres que frente a la cesantía, el hambre y la pobreza se reunían en talleres a nivel poblacional.

“Todo lo trasladábamos a la arpillera: la calle, la lucha, huelgas de hambre, los encadenamientos. 40 años después me he reencontrado con mis compañeras y con otras más jóvenes que no vivieron lo mismo, pero que de igual forma vibran con ello y eso se ve reflejado en sus trabajos”, comenta Victoria Díaz, arpillerista de la AFDD que participó de este proyecto.

Sara Lillo, artesana que también trabajó junto a otras nueve arpilleristas en la construcción de esta exposición, tiene claro que el arte es un arma de lucha. “Empecé a hacer arpilleras por necesidad. Hicimos una toma de terreno en el año ‘83; no había trabajo. Éramos 25 mujeres en el taller que se llamó Violeta Parra. La Vicaría de la Solidaridad empezó a vender nuestros trabajos para afuera y eso nos ayudó. La arpillera era como un diario que mandábamos al extranjero. Eran las noticias que no se podían escribir, pero transformadas en arpilleras. Desde entonces, y hasta el día de hoy, nunca he dejado de bordarlas”, confiesa.

Al centro de la exposición, una pregunta interpela a los visitantes: si piensas que la Declaración Universal de Derechos Humanos fue hecha 70 años atrás, ¿qué derechos agregarías? Las respuestas son espejos de las realidades y demandas actuales: derecho a una educación no sexista, a tener privacidad en la red, a vivir sin miedo, derecho a la igualdad de género, y otros que se entretejen en la misma línea.

Arpilleras. Por la vida y sus derechos fue una iniciativa de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad y la Comisión de Cultura de la Asociación de Extrabajadores del Comité para la Paz, en colaboración con la Fundación Trabajo para un Hermano. Su ejecución fue posible gracias al proyecto Tejiendo y bordando esperanzas: los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en Arpilleras, que contó con el financiamiento de la Unidad Programa de Derechos Humanos de la Subsecretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y DDHH.