Un estudio de la OCDE da cuenta de una realidad cruel en nuestro país. Seis generaciones cuesta romper la brecha social para de esa manera superar la línea de la pobreza y así ubicarse en la escala de sueldos medios. Para aterrizar aún más el dato, se hablaría de 180 años.

“Ya no hay movilidad social en los países de la OCDE: los ingresos, la profesión y el nivel educativo se transmiten de una generación a otra”, dice Gabriela Ramos, asesora especial del organismo y quien presenta el informe.

Al considerar el resto o la totalidad de los países miembro de la organización con sede en París, Chile sale aun peor parado, porque -según Ramos- salir de la pobreza en promedio “tomará al menos cinco generaciones para que un niño de una familia de la parte inferior de la escala de ingresos suba a la mitad de ésta”.

Al otro lado de la vereda, en países como Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia, la brecha se rompe en tres o cuatro generaciones.

La realidad de Chile es la misma, en todo caso, que la de países como Francia o Alemania.

“Hay un pesimismo creciente de que no es posible mejorar la propia situación financiera antes del fin de la propia vida”, agrega la OCDE.

Para aportar más al debate, el organismo señala que “un ascensor social roto puede tener serias consecuencias políticas y sociales”, ya que “percibir igualdad de oportunidades puede reducir las probabilidades de conflictos sociales y las mayores tasas de movimiento de clases están pensadas para debilitar los descontentos económicos y la lucha de clases”.