Casi tres décadas después de perder su acceso al mar Rojo, Etiopía busca con ahínco salidas marítimas en puertos de países vecinos, mientras intenta resucitar la Armada que desmanteló al quedar sin litoral tras la independencia de Eritrea.

El nuevo primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, ha anunciado su deseo de conseguir salidas portuarias y ha dado instrucciones a las Fuerzas Armadas para comenzar un nuevo modelo de negocio que conllevaría una refundación de la Armada.

Tras perder la Guerra de Independencia de Eritrea en 1991 y, por consiguiente, su línea de costa, Etiopía mantuvo operativa la Marina (unos 3.500 efectivos y 26 barcos) con bases en Yemen y Yibuti, hasta su desaparición en 1996.

“Hemos tenido éxito en la construcción de la defensa nacional con una de las fuerzas aéreas y terrestres más fuertes de África”, dijo hace dos semanas Abiy en un discurso ante militares, en el que abogó por “desarrollar la capacidad de la fuerza marítima en el futuro”.

“El primer ministro está llevando a cabo una estrategia lógica para proteger los intereses de Etiopía en asuntos regionales e internacionales”, explicó a Efe una fuente del Ministerio de Exteriores etíope.

Abiy reforzó esa idea alegando que “las reformas que se van a acometer en la (extinta) Armada irán en línea con los cambios socioeconómicos y políticos que vive Etiopía”.

A pesar del desarme de la Armada se ha mantenido un instituto de formación marítima-militar en el lago Tana, el más grande del país y que contiene el 50 % de las reservas de agua dulce, además de ser considerado fuente del Nilo Azul.

Por otro lado, el país del Cuerno de África ha creado una compañía estatal de comercio marítimo, que opera con barcos amarrados en puertos del vecino Yibuti, por donde salen y entran el 95 % de las exportaciones e importaciones etíopes.

Este exitoso negocio no le sale nada barato a Etiopía, ya que paga a Yibuti casi 2.000 millones de dólares cada año, lo que supone más de la mitad de las ganancias medias por exportaciones etíopes.

Por eso, tan solo un mes después de jurar cargo el pasado 2 de abril, Abiy realizó tres visitas fundamentales en esa estrategia de asomarse al mar: Yibuti, Sudán y Kenia.

En Yibuti, a finales de abril, Abiy ofreció al presidente de ese pequeño país, Ismaïl Omar Guelleh, acciones en dos empresas estatales clave (la aerolínea Ethiopian Airlines, una de las más grandes de África; y la empresa de telecomunicaciones Ethio-Telecom) a cambio de que adquirir participaciones en sus puertos.

Dos días después de esa visita, Abiy se dirigió a Jartum, donde alcanzó un acuerdo para que Etiopía pueda usar la mayor salida de Sudán al mar Rojo, Puerto Sudán, para diversificar sus opciones y ahorrar costes.

El mandatario etíope logró un acuerdo similar menos de una semana después en Kenia, donde se le facilitó la adquisición de terrenos en la isla de Lamu (norte).

Abiy obtuvo ese logro como parte de un millonario proyecto tripartito (Kenia, Etiopía y Sudán del Sur) de transporte e infraestructuras que data de 2012 y que ha sufrido retrasos por falta de fondos y la inseguridad en la zona.

Sin embargo, la búsqueda de un socio marítimo puede fructificar: este sábado, en una visita oficial a Somalia, Abiy y su homólogo somalí, Mohamed Abdullahi Mohamed, acordaron invertir juntos en cuatro puertos marítimos y en mejorar las comunicaciones por tierra entre ambos países.

En el mismo comunicado, ambos líderes se comprometen a impulsar las relaciones diplomáticas y comerciales, así como a acabar con las barreras económicas entre Etiopía y Somalia.

Si los pactos conseguidos en este carrusel diplomático llegan a buen puerto, Etiopía dejaría de depender tanto de Yibuti, donde cada vez hay más control y presencia de fuerzas navales de países como EEUU, Francia, China y Japón.

Un hecho que, para el analista político Yohannes Anberbir, preocupa a Etiopía, que ve cómo las costas más próximas a su territorio se llenan de buques militares extranjeros.

“Los últimos movimientos unilaterales de Yibuti respecto a sus puertos han alarmado a las autoridades etíopes”, explica a Efe Yohannes Anberbir.

La reconstrucción de la Marina etíope puede, además, responder a intereses geopolíticos que van más allá de los anhelos nacionales de Adís Abeba, como bien sugiere Yohannes.

“Las ambiciones navales etíopes -apunta el experto- parecen estar apoyadas por sus aliados occidentales, principalmente EEUU, en su intento de contrarrestar la creciente influencia de China, los países del golfo Pérsico -sobre todo Arabia Saudí-, Irán y Turquía”.