Masaya, la ciudad que fue cuna de la revolución sandinista hace cuarenta años y que hoy lidera las revueltas contra el presidente Daniel Ortega, se prepara para el autogobierno, después de echar al alcalde, encerrar a los policías en el cuartel y haberse fortificado tras un centenar de barricadas.

“Queremos hacer una junta de gobierno porque ahorita Masaya no tiene gobierno. Estamos platicando con distintos sectores para conformar un gobierno del pueblo. No reconocemos al alcalde asesino (Orlando) Noguera”, indicó este lunes Cristhian Fajardo, uno de los líderes de la revuelta en esta ciudad a 30 kilómetros al sur de Managua.

Escoltado por decenas de jóvenes encapuchados con morteros caseros, Fajardo compareció en una rueda de prensa para asegurar que la lucha del pueblo de Masaya es “inclaudicable” y que no levantarán las barricadas, a pesar de los constantes ataques de las policía y los grupos paramilitares afines al Gobierno.

“Cuantas más ciudades estemos atrincheradas, más rápido caerá el Gobierno, así que le hacemos un llamado a toda Nicaragua a que levantes sus ‘tranques’ (bloqueos), que son nuestra garantía de supervivencia y la única herramienta para botar (sacar) pacíficamente a Ortega. Nosotros no queremos la guerra”, aseguró el universitario y miembro del denominado Movimiento 18 de abril.

La ciudad, en las faldas del imponente volcán Masaya, era uno de los principales polos turísticos de Nicaragua por su bella artesanía y sus constantes fiestas folclóricas, que atraía a diario a miles de turistas de todo el mundo. Hoy es completamente impenetrable.

Fue una de las primeras en levantarse contra el Gobierno y una de las que más ha sufrido la brutal represión de la policía. Trece de los más de 200 muertos que ya deja el conflicto son de Masaya.

Las autoridades de la ciudad, en connivencia con la policía, dejaron que las denominadas “turbas sandinistas” (bandas de paramilitares partidarios de Ortega) se desplegaran por las calles de Masaya, saqueando los negocios y sembrando el horror “al más puro estilo ISIS (Estado Islámico)”, contó Fajardo.

Tras librar cruentas batallas, los ciudadanos de Masaya consiguieron recuperar su territorio y montaron un auténtico fortín al que los únicos que tienen acceso son los camiones que transportan víveres y las organizaciones de derechos humanos.

Una de esas organizaciones fue la encargada de coordinar el traslado de los periodistas desde Managua a la rueda de prensa.

Nicaragua vive sumida, desde el pasado 18 de abril, en su crisis más sangrienta desde la década de 1980, que se inició con unas manifestaciones contra una reforma a la seguridad social y que se convirtió en un grito nacional que pide la salida de Ortega.

“Masaya es un territorio libre del dictador”, dijo a Efe un “chavalo” de apenas 20 años (nombre cariñoso con el que se llama a los jóvenes en Nicaragua) que lleva dos meses apostado en un “tranque” y que se tapaba la cara con una máscara del superhéroe Spiderman.

El alcalde y las demás autoridades huyeron del municipio y los policías, comandados por el comisionado Ramón Avellán, fueron replegándose hasta quedar encerrados en el cuartel local: “Ríndase Avellán y asuma que es cómplice de esta masacre”, clamó otro joven presente en la comparecencia.

La ciudad, donde viven cerca de 100.000 habitantes, está haciendo historia, pero también lo hizo hace cuatro décadas. En el barrio de Monimbó se gestó la insurrección final que derrocó a la dictadura de la familia Somoza en 1979 y que dio paso al Gobierno sandinista, liderado paradójicamente por Ortega, quien retornó al poder en 2007 y fue reelegido dos veces en cuestionados procesos electorales.

“Debe ser desmoralizador para el presidente haber perdido Masaya y Monimbó porque son el corazón de Nicaragua. Para el ser humano perder el corazón significa la muerte, lo mismo para el Gobierno”, indicó a Efe el secretario de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (Anpdh), Álvaro Leiva.

La población es consciente de que están rodeados y de que el Gobierno quiere entrar “por los cuatro flancos”, por eso Fajardo imploró la ayuda del Ejército, que hasta ahora se ha mantenido neutral en la crisis.

“El Ejército tiene que elegir si está a favor de una dictadura familiar incapaz de gobernar o si está con el pueblo. Si Ortega se decide finalmente a entrar, aquí va a haber una carnicería porque el pueblo está desarmado pero no se va a rendir”, alertó.