“Muchas gracias por tu sonrisa cada día”. Esa es una de la decena de mensajes que están en la entrada de la Facultad de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile y que recuerdan a Margarita Elena Ancacoy Huircán (40), funcionaria de aseo del recinto que murió tras la brutal golpiza propinada por cinco hombres en Barrio República.

A media cuadra de la puerta de entrada ocurrió el hecho, y hoy, a cuatro días del episodio, vecinos, estudiantes y transeúntes curiosos pasan, fotografían y se quedan un minuto frente al homenaje espontáneo que se tomó ayer las rejas de República 701, esquina Domeyko.

En esa misma cuadra camina cabizbajo Ramón Solís, cuidador de autos y cercano a Margarita. “Éramos muy amigos. Echábamos la talla cuando ella salía a botar la basura o barrer. Era muy cariñosa, muy buena compañera”, asegura el hombre que trabaja hace más de 14 años en esa intersección cuidando vehiculos de profesores y otras autoridades de la universidad.

El buen ánimo, la disposición al trabajo y su responsabilidad son algunas de las características que mencionan desde el departamento, en el que trabajaba desde el año 2014.

“Me sorprendió mucho la noticia cuando la vi por la tele. Al principio escuché su nombre, pero no asocié, cuando lo confirmé me bajoneé altiro. Era una persona muy cariñosa y esforzada”, relata Ramón.

Margarita caminaba sola cada mañana desde Alameda hasta calle Domeyko por República para llegar hasta su lugar de trabajo a las 5:30 horas. “Era puntual y responsable”, comenta María Inés Morcom, antigua compañera de sede de Ancacoy y funcionaria de la universidad.

Según cuenta María Inés “ella dio la vida por su trabajo. Se levantaba a las 03:40 de la madrugada para llegar puntual a su trabajo. Un horario indigno para una mujer y ella quería salirse de ese horario, varias veces lo comentó”.

También relata que esta no era la primera vez que la mujer de 40 años había vivido un asalto en plena calle: “Ella ya había sido asaltada con anterioridad y por eso quería cambiar el turno. Estaba cansada, y sobretodo, tenía miedo. Desgraciadamente pasó esto. Ella es madre, es mujer y no merece haber muerto de esa manera”, dice.

A raíz del episodio, a las compañeras de trabajo la universidad les dio cuatro días libres para recuperarse de la pérdida y darles apoyo psicológico a través de la Asociación Chilena de Seguridad. Según cuentan desde el interior, el equipo cercano está muy afectado con lo ocurrido.

“Hacer venir a una mujer sola a esa hora. Uno no sabe lo que puede encontrarse de la Alameda para acá. Esto, en algún nivel, es también responsabilidad de la universidad. Tienen que ofrecer alguna seguridad”, dice Ramón.

“Pienso que tras esto que ocurrió van a haber cambios. esto sirvió para remecer a las personas, que somos seres humanos, no somos máquinas y que tenemos una familia. Encuentro que es inhumano lo que hicieron con ella. Hacer salir a una mujer de su casa en la madrugada, sola, sin ni una protección. No sé, pagar una van, algo. A morir nomás. Es triste, pero la necesidad te hace aceptar cosas así”, coincide María Inés.