“Así somos: parece que así somos”, dice Martín Caparrós en una columna en el New York Times en la que repasa lo acontecido con la selección argentina en la víspera, cuando ante los ojos del mundo Croacia le pintó la cara y la dejó con un pie en el cadalso.

Según escribe Caparrós, en “el mundo dicen —los que dicen algo sobre el tema— que lo que hacemos los argentinos es exactamente eso: sobrar, hacernos los vivos, simular que podemos lo que no podemos, creerlo incluso”.

Lo anterior lo grafica con lo que ha sido definido por los relatores del otro lado de murallón cordillerano como una cagada.

“Así somos: a los ocho minutos del segundo tiempo el arquero argentino, Wilfredo Caballero, recibe la pelota de un compañero y, en lugar de pararla o pasarla hacia un costado, intenta levantarla sobre la cabeza de un atacante croata y se la entrega. El croata, un tal Rebic, agradecido, lo fusila. Un partido tenso, difícil, en el que cualquier error podía ser fatal, se deshizo por esa obviedad: un argentino creyendo que puede lo que está claro que no puede”.

Tras la frase que queda dando vueltas, el escritor argentino trae a la memoria lo que alguna vez dijera el expresidente Eduardo Duhalde, frase que hoy se lee como una maldición: “La Argentina está condenada al éxito”.

“Y lo creímos, se diría, lo creemos. Parece que todos lo creemos pero, campo tras campo, cada sector se empeña en desmentirlo. Nos quedaba —entre pocos— el fútbol: en fútbol sí que somos buenos, los mejores, somos el país de Maradona y Messi, de Di Stéfano y Sívori, uno de los mayores exportadores de futbolistas, los hinchas más tremendos. Con esa idea fue a Rusia la selección argentina: aunque la realidad se empeñaba en desmentirla, aunque se clasificó por los pelos en el último partido, aunque jugaba mal a nada, igual se suponía que, cuando llegara el momento verdadero, el éxito, nuestra condena, llegaría”, agrega.

Punto aparte, antes de hablar de Messi, o del fantasma de él, le dedica unas palabras a Jorge Sampaoli: “No formó el mismo equipo dos veces en los trece partidos que lleva dirigidos. Un señor que hace cuatro días paró cuatro defensores y ahora, para el partido más difícil, puso tres zagueros y dos laterales: es difícil jugar con esa formación, requiere semanas o meses de trabajo y él lo improvisó, igual que todo.

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