En menos de cuarenta y cinco minutos la masacre ha terminado. A Panamá se le conoce por su canal, y hoy le han rendido tributo. Los goles caen como churros. Inglaterra por fin se gusta, Harry Kane se convierte en héroe, y a nadie se le ocurre pensar que todo es un espejismo, un producto de la imaginación de los ingleses debido a su sed de victoria; los creadores del fútbol son una selección vilipendiada, sin muchas apuestas a su favor para levantar el título. Pero hoy han tratado de cambiar eso. Se ensañaron con el pequeño del barrio, y quizás ahora alguien les respete un poco más, pero los duros, los buenos, los que saben, siguen viéndolo como lo que es, Inglaterra la simple.

A Polonia le tocó pagar los platos rotos. Carlos Sánchez cometió un error monumental en el primer encuentro y ahora Lewandowski y compañía están eliminados. Colombia destrozó a los polacos; era ver la fluidez, las ocasiones, los goles, y llorar por Argentina. Una profecía cumplida, la del juego bonito, las victorias justas, los cafeteros luchando por un sitio en la élite. Por momentos, parece una Liga de la Justicia futbolística: el matador de área, el corredor sin límites, el generador de juego, el sidekick del generador de juego, el defensa oportuno. Y en el público, los ciudadanos agradecidos por salvarles el día, por hacerlos felices y brindarles una existencia más segura. ¿Cómo podría terminar esta película si no es con un final feliz?

El Japón – Senegal prometía. Los pequeños que se revelaron, rompieron pronósticos y ahora tenían el pase a octavos en la mano. Los africanos empujan y marcan, los nipones restablecen la parida; los africanos empujan y marcan, los nipones restablecen la parida. Eran las mismas escenas, uno sabía de antemano qué ocurriría y aun así ahí nos quedamos. Al final, sabían que el empate era una trampa de esas donde pones el pie en una baldosa y un mecanismo atroz acaba contigo. Para los senegaleses se trata de Colombia, a priori la más peligrosa. Para los asiáticos, es una eliminada Polonia, en teoría, el mejor de dos males. Ahora queda esperar, ambos cayeron en la trampa; dependen de sí, o tal vez no, tal vez dependan de qué tan terrible sea el infierno del último partido del grupo.