Sonia Montecino, antropóloga y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2013, habló con este pasquín sobre la violencia a la mujer que se ha tomado la prensa local durante los últimos días y sobre la incorporación del lenguaje inclusivo, una nueva realidad que el movimiento feminista ha puesto en la agenda pública.

Hace algún tiempo salió una entrevista en revista Caras, donde señalaste que “Entonces, tal vez podemos extrapolar que es posible que aumente la violencia contra las mujeres; es una reacción a la usurpación de su espacio y, además, una interpelación directa”. Ya van siete femicidios este mes, según datos del Sernam, además del brutal asesinato a una funcionaria de la Universidad de Chile por cinco hombres en el Barrio República. ¿Esos hechos son síntomas de lo que decías? ¿Las mujeres deben estar alerta a esa violencia?
-Era una hipótesis, y mucho de lo que mencionas puede indicar que su formulación como posibilidad tiene algún sentido de realidad. En esa ocasión lo planteé porque en medio de las tomas y de las reuniones que realizamos como académicas escuchamos muchos testimonios de reacciones agresivas de algunos colegas ante la interpelación directa que ha habido sobre el acoso sexual y el abuso de poder por parte de los hombres. Lamentablemente, no hay estudios e investigaciones que den luces sobre la correlación entre presencia pública de las mujeres, visibilidad de sus demandas, reclamos por un lugar no subordinado y el aumento de los casos extremos de violencia como el feminicidio o la violación. Sin embargo, algo de la evidencia empírica da cuenta que en la medida en que las mujeres cobran presencia pública, y sobre todo con demandas de género o feministas, hay reacciones ante ello. El mismo término feminazi es una agresión simbólica, un modo de respuesta a los emplazamientos discursivos de grupos feministas.

¿Dónde se origina esa rabia?, ¿qué la motiva?
-Sin duda, cuando el “coro se rebela” hay conflictos y quienes no son capaces de elaborar sus sentimientos de rechazo responden de manera violenta, con distintas gradaciones, pero muestran su rabia por su perdida de poder, por la interdicción a sus privilegios. Por otro lado, cuando se universaliza la noción de “mujer”, entendiéndola solo desde lo “biológico” o desde el “sexo”, eso produce una mayor discriminación, solo se entiende al sujeto desde un rasgo de su identidad (como se hizo, por ejemplo, con los judíos). Así, si un grupo de mujeres se rebela, cada mujer es identificada con esa desobediencia y así es posible que cualquiera pueda ser objeto de violencia.

¿Cómo se puede transformar? ¿Hay alguna solución?
-La transformación pasa por ejercicios reflexivos, por la autoconciencia masculina, pero también por un nuevo modo de concebir a los sujetos humanos en su plena dignidad y en la multiplicidad de rasgos que los conforman: el género se experimenta desde la clase, la etnicidad, la generación, entre otras vivencias, y asimismo de sus estatus, de sus posiciones en la vida social, por tanto no se puede pensar en términos de “la mujer” o “el hombre” como universales abstractos, sino en la humanidad de cada sujeto la cual no puede ser vulnerada.

Otro tema relevante es la incorporación del lenguaje inclusivo. Desde tu disciplina de estudio, ¿cómo se construye el lenguaje?
-Las realidades sociales y culturales están en permanente transformación y el lenguaje debe adecuarse para nombrar esas nuevas formas que emergen. Por ejemplo, lo “trans” supone una nueva experiencia de identidad, ya no sirven los términos hombre, mujer, masculino, femenino para definirlo. Todas las culturas inventan nuevos términos para nombrar artefactos, tecnologías, usos que se incorporan ya sea creando palabras, mezclándolas, o dándole nuevos signficados a las que se utlizan. Por ello, no veo porqué no pueda incorporarse el lenguaje inclusivo a nuestro vocabulario contemporáneo.

¿Es posible transformarlo al punto de incorporarlo cotidianamente?
-Sin duda, en la medida en que hay un consenso social y las nuevas identidades así lo requieran, no veo problemas. Creo que incluso es relevante en términos culturales porque enriquece el repertorio de palabras y significados de un lenguaje.

¿Se puede llegar a un consenso político para incluirlo?
-No sé si un consenso político, primero debe estar inserto en los usos y hablas sociales, el tiempo hará su trabajo ¿cuánto se demora la RAE en incorporar palabras que en las hablas cotidianas ya están asentadas? Por cierto la RAE toma decisiones que son “políticas” al incluir o no determinados términos en el diccionario, no es neutro y eso se advierte y advertirá con las palabras relacionadas con las realidades de género. Hay mucho conservadurismo y defensas de la “lengua de Cervantes”, pero hace mucho rato que la realidad sociocultural ha subvertido esa lengua, el problema es que las instituciones son demasiado lentas en cambiar cuando se trata de asuntos que tocan las estructuras y cimientos de lo social.