Hace años que la izquierda viene repitiendo el mismo discurso: los medios y el duopolio; que no hay libertad de prensa; que la derecha tiene el monopolio de los medios. Hasta la propia derecha empieza a cuestionarse si estas afirmaciones son verdaderas y como siempre, los amarillos intentan objetivarlo todo y cuotear paneles, columnas y espacios en los medios.

Pero la verdad es otra. La mayoría de los periodistas son de izquierda y los medios son dominados por sus opiniones, ediciones y reportajes. Son ellos los que orientan a la opinión pública; son ellos los que “interpretan” a las personas y ponen, en la boca de las autoridades, las palabras políticamente correctas y los corrigen cuando se desvían del “deber ser” que ellos mismos imponen.

Hoy por hoy, el clímax de la influencia progresista se concentra en las editoriales de CNN Prime, donde, la inmensa mayoría de las opiniones, se concentra en cuestionar a autoridades del Gobierno de derecha; a imponer la verdad progresista; a utilizar los datos a su antojo para hacer afirmaciones sin espacio a contestación.

La pregunta que cae de cajón: ¿Por qué durante los 4 años que recién pasaron no juzgaron con la misma vara el actuar del Gobierno de Michelle Bachelet? La economía se desplomó, la corrupción fue encubierta desde el propio Gobierno; y las reformas fracasaron absolutamente. Nada de eso fue denunciado consistentemente ni puesto como prioridad de editoriales y denuncias de “nuestros superhéroes comunicacionales” .

Similar reducto progresista se ha convertido el Primer Café de Cooperativa. Se ha transformado en una huesera de viejas glorias de la Concertación y de la Izquierda. Lo más a la derecha que llega es Evopoli, con pocos chances de cuestionar y mostrar una mirada de derecha.

Curioso que en ese programa se pasen horas criticando al Gobierno y a la economía, y ninguno de los directamente responsables se haga cargo del fracaso político y económico de los últimos dos Gobiernos de la centro-izquierda y vengan a ponerse desde la altura moral de darle recetas al actual Gobierno sobre como hacer las cosas.

Por último, la trinchera más propiamente izquierdista es Estado Nacional de TVN que lo compone de un panel mayoritariamente zurdo. Francisco Vidal, con maestría, ha logrado erigirse como vocero vitalicio, repartiendo culpas y buscando imponer conceptos. Derrotados de la democracia cristiana, como Aldo Cornejo e Ignacio Walker, nos vienen a dar lecciones de resiliencia democrática y sobre como interpretar a las mayorías, algo que han ido perdiendo consistentemente desde 1990. Para terminar, un Frente Amplio representado por figuras como Kena Lorenzini y Beatriz Sánchez. La última usa el programa como una verdadera plataforma presidencial o municipal, con el auspicio del canal de todos los chilenos. Hacia la centro derecha, figuras como Sylvia Eyzaguirre o Cristóbal Bellolio que representan una visión liberal y Gonzalo Muller, que con una visión más ponderada y mesurada logra a ser el único representante cercano a la derecha.

Nuestro movimiento ha insistido, por todas las formas, a que se abran estos paneles a otras visiones, a que se representen todas las sensibilidades de la sociedad. Sin apoyo de partido alguno ni de parlamentarios, logramos un razonable 8% compitiendo con el candidato de derecha más exitoso de los últimos 50 años. Nuestro movimiento cuenta hoy con más de 15 mil adherentes y las encuestas nos posicionan favorablemente dentro del escenario político nacional.

Sin embargo, ninguno de estos argumentos ha sido tomado en cuenta a la hora de considerar las ideas de esta nueva derecha para integrar paneles de opinión en Chile. Ni en Teletrece Radio, ni en Cooperativa, ni en ADN . La única salvedad ha sido el The Clinic, Radio Bio Bio, Radio Agricultura y La Tercera TV, donde legítimamente se la han jugado por buscar verdaderos equilibrios entre las distintas posiciones, como Teresa Marinovic, Sergio Melnick entre otros.

Nuestra opción política ha mostrado madurez y capacidad para debatir y discutir. Incluso frente a verdaderas encerronas mediáticas, producto de los panelistas, como el programa de TVN de la semana pasada, donde más que panelistas preguntando, los integrantes del panel parecían activistas ideologizados, que llegaron a perder el control absoluto de sus preguntas y de las respuestas que esperaban. Por lo mismo, creemos que es momento de discutir la censura implícita que existe en Chile y cómo, todos juntos, debemos combatir la dictadura progresista que se está instalando en los medios y que excluye a todos quienes pensamos de manera distinta.