¿Cómo se construye el lenguaje? Esa es una pregunta que tiene a todos de cabeza hoy por hoy gracias a la incorporación al debate del lenguaje inclusivo.

¿Pero de qué se trata esto? De la inclusión de una terminación no binaria, es decir, que sustituye por “e” las terminaciones de adjetivos, sustantivos y artículos. ¿Por qué? Porque según los defensores de esta idea, el género masculino no es completamente neutral y su uso da cuenta de las diferencias de género. Su utilización entonces, correspondería a un acto de justicia, o al menos, de equilibrio.

¿Pero es efectivamente el español una lengua sexista? Sobre eso habla Soledad Aravena, lingüista de la Universidad Católica. “Desde mi disciplina te puedo decir que en realidad no estoy de acuerdo con la afirmación de que la lengua española sea sexista. La lengua no es sexista, ni machista. Las personas son las que pueden tener actitudes de ese tipo y por lo tanto uno puede usar el lenguaje para transmitir esas actitudes. Más bien el discurso puede tener un determinados rasgos machistas o sexistas por el contenido y también por las palabras que uno emplea puede diseñar un mensaje sexista, pero la lengua en sí no lo es”.

La académica asegura que en el castellano hay tres géneros gramaticales: el femenino, el masculino y el neutro. “No es tan abundante el uso del neutro, el masculino y el femenino si lo son. Y usamos ambos. Hay lenguas en que todo es neutro y sin embargo son sociedades igualmente machistas o más machistas que la nuestra”, dice. Así da el ejemplo de la lengua persa: que no tiene género y es la que se habla en Irán.

“No resolveríamos nada con eliminar el género gramatical, no convertiríamos la sociedad en una sociedad feminista necesariamente. Por supuesto que la sociedad es machista y que las actitudes sexistas existen en todos lados y que hay que combatirlo de distintas maneras”, explica.

Además hace una salvedad: “El género gramatical no es lo mismo que el género biológico. Desde el punto de vista de la lingüística, de la disciplina, el castellano usa el masculino de una manera genérica. Si no conoces la gramática podrías llegar pensar que eso es solamente una interpretación y que en realidad usarlo así es puro machismo. Pero la verdad es que las lenguas tienen mecanismos para ser más económicas”.

Así da el ejemplo del tiempo presente que muchas veces sirve para hablar en presente, en pasado y tiempo continuo. “Es un uso para decir que en la gramática hay formas lingüísticas que sirven con varios significados, el género masculino no es el único caso. El número, el singular: cuando yo digo: ‘La fiesta de la cerveza’. Cerveza ahí está empleada de forma singular, pero eso no quiere decir que me refiera a una solamente”, explica Soledad Aravena.

“Yo creo que si hay un grupo de personas que quiere decir “alumnos, alumnas y alumnes” en un sentido político o para llamar la atención sobre un fenómeno, es válido. Desde un punto de vista lingüístico, eso sí, no es necesario”, agrega.

Darío Rojas, lingüista de la Universidad de Chile y autor del libro “¿Por qué los chilenos hablamos como hablamos?, también analiza el tema y da su punto de vista: “Es complicado porque en el fondo lo que está detrás no es solamente un tema de lenguaje, sino que es un tema de identidades, políticas de género, política identitaria sexual. A veces yo creo que se reduce a un problema meramente lingüístico y no es así”.

Uno de los hechos que puso este tema en discusión fue la carta en que la Universidad Diego Portales acepta que desde el segundo semestre del 2018 se incorpore el uso de un lenguaje inclusivo en actividades académicas de pre y posgrado, y que considere la utilización de las palabras “e” y “x” para reemplazar vocales que expresen diferencias de género. No solo eso, dentro de las ideas que busca instalar el movimiento feminista, es la incorporación de un lenguaje justo y que no invisibilice a las mujeres ni personas de géneros no binarios.

La Real Academia de la Lengua Española (RAE), a través de una consulta en redes sociales, también se pronunció respecto al uso del lenguaje inclusivo propuesto por el movimiento feminista. En Twitter señaló que el uso de la “@” o de las letras “e” o “x” como marcas de género inclusivo es “ajeno a la morfología del español, además de innecesario”.

En respuesta a eso, Darío Rojas señala que “no es un asunto que le competa a las academias de la lengua. Pueden tener su opinión, pero este es un asunto que trasciende al lenguaje, es un problema que tiene que ver con que hay sectores en la sociedad que no se sienten representadas en el lenguaje que usamos y tienen todo el derecho del mundo como hablantes, a exigir verse representadas en sus formas de comunicación”.

Los hablantes finalmente son dueños de su lengua y tienen derecho a hacer con su lengua lo que les parezca mejor. No creo que sea el punto si va a cambiar o no el lenguaje, lo que importa es que ahora ciertos sectores de la sociedad, los colectivos feministas y quienes los apoyan, quieren manifestar en su lenguaje sus posturas frente al mundo”, opina Rojas.

¿Son posibles los cambios? Aravena responde: “Los cambios son lentos. Para que haya un cambio significativo tiene que ser un cambio masivo, no sirve si lo ocupa un sector limitado de personas en un contexto específico. Para que realmente cambie algo tiene que ser masivo. Efectivamente el uso de frases como ‘niños y niñas’, ‘ciudadanos y ciudadanas’ tiene un efecto simbólico de visibilizar más a las mujeres. Los cambios fundamentales vienen, eso sí, del discurso. Tienen un efecto mucho más significativo. Por ejemplo, cuando uno lee: “crimen pasional”, en vez de decir “femicidio”. Eso sí que es rotundo”.