La Tercera recoge este miércoles la declaración de dos de los presos ecuatorianos que fueron torturados al interior de la cárcel Santiago 1, y que se encuentran imputados por el robo con homicidio contra Margarita Ancacoy en pleno Barrio República.

Según consigna el medio antes citado, Cristián Romero Morales (20) y Jonathan Chávez Quinchiguango (21) relataron el calvario que sufrieron al interior del penal, al mismo tiempo que declararon a favor del gendarme Héctor Palma Ortiz, quien es acusado por la Fiscalía de hacer vista gorda a los ataques recibidos.

Pues bien, Romero dijo a funcionarios de la Oficina de Seguridad Interna de Gendarmería que “traté de correr, pero lo único que sentía eran más golpes de puños, pies, objetos cayendo al piso, hasta que en ese momento apareció un gendarme y me ayudó a ponerme de pie y nos llevó hasta un lugar seguro; gracias a su ayuda logré salir vivo de esta situación”.

Mientras la fiscalía afirma que el gendarme Héctor Palma Ortiz hizo “vista gorda” de las torturas al interior del penal, ambos ecuatorianos afirman que gracias a lo realizado por el funcionario es que lograron zafar de los ataques de los internos.

Al respecto, el otro ecuatoriano, Jonathan Chávez Quinchiguango (21), aseguró que “después de varios minutos de agresiones, un interno nos dice que nos paráramos y corriéramos a la salida, por ello tratamos de correr, pero casi todos los internos nos siguieron y continuaban agrediéndonos, pero justo en ese momento llegó un funcionario de Gendarmería, quien nos retiró del patio, logrando terminar con la golpiza que estábamos recibiendo”.

Agregó que “cuando los internos nos ordenaron correr a la salida y mientras nos golpeaban, el funcionario de Gendarmería nos levantó y nos quitó de encima a los agresores. Gracias a él no sufrimos mayores lesiones”.

Sobre la tortura que sufrieron a manos de los presos del módulo 11, soltaron que mientras comían pan en el casino, uno de los internos les preguntó por qué estaban encerrados, a lo que contestaron que “estábamos presos acusados por un homicidio, pero no recordábamos nada ya que estábamos borrachos el día del hecho (…) y de repente varios internos chilenos comenzaron con amenazas de que nos iban a pegar unas puñaladas, que no saldríamos vivos y que nos matarían”.

A renglón seguido, cuentan, llegó un sujeto apodado “el peluquero” quien les cortó su cabello, para luego comenzar a “golpearnos con palos, con un fierro en todas partes del cuerpo”.

Siempre según sus relatos, señalaron que “como habíamos sangrado, los internos nos obligaron a limpiar la sangre con nuestra propia ropa, por ende, nuevamente nos llevaron a la ducha para quitarnos la sangre en donde nuestra ropa quedó toda mojada”.

Afirmaron que después de pasar 30 minutos bajo el agua fría, fueron sentados en unas sillas para ser electrocutados mientras se tomaban de las manos.

“Nos estaban grabando por un teléfono, ya que nos decían que teníamos que pedir disculpas por lo que habíamos hecho”, sentenciaron.