Lejanos parecen aquellos días en que los fundadores del holding Penta, Carlos Délano y Carlos Lavín, más el exsubsecretario de Piñera, Pablo Wagner, ingresaban con su bolsita al hombro al anexo cárcel Capitán Yáber luego de la bullada audiencia de marzo de 2015 cuando el entonces jefe del Ministerio Público, Sabas Chahuán, secundado por el fiscal Carlos Gajardo, les acusaba de tener una máquina para defraudar.

Lejanas, también, resuenan las audiencias en que se les imputaban los delitos de soborno y cohecho por la mesada que, en tanto funcionario de gobierno, le repartían sagradamente a Wagner.

La cosa es que el caso Penta se acaba, al menos para ellos, pues se les reformaliza y -tras acuerdo con la fiscalía- se les da un eventual juicio abreviado a su situación. Como para no ser expuestos a la cosa oral. Que es más pública.

Por lo anterior, y porque en el marco de la trama de corruptela llamada caso Lava Jato se acaba de condenar al millonario brasileño Eike Batista, el exfiscal Gajardo, exprotagonista también en Penta, habla de vergüenza y de que en Chile la “Fiscalía decide no perseguir pagos mensuales de empresa a subsecretario en Caso Penta”. “Por eso confianza en la justicia es del 15%”, aporta y pide “.