“Yo pensé que era un caso único”, dice uno de los protagonistas de la obra “Los Arrepentidos”, la carta sueca sobre el tránsito del género del dramaturgo Marcus Lindeen que se presenta en el GAM hasta el 8 de julio. Como Orlando y Mikael, Alfredo Castro y Rodrigo Pérez sostienen este diálogo entre dos transexuales que evalúan sendas experiencias de cambio de sexo en una perspectiva personal que trasciende un discurso de época, la contingencia y el progresismo binario. Al entrar a la tercera edad, y ya convertidos en mujeres, comparten las dudas sobre su decisión.

Para ambos actores, otrora anfitriones del Teatro La Memoria, este reencuentro en las tablas es oportunidad de definir en su real dimensión un texto que habla mucho más que de modas, banderas de oportunidad y discursos paternalistas. Dirige Víctor Carrasco, el mismo detrás de “La amante fascista” y las teleseries de la época de oro de TVN.

El 2001 ambos coincidieron también en el montaje donde travestían a “Evita Perón”, más tarde Rodrigo Pérez era quien dirigía a Alfredo Castro en “Interiores” y éste último encajaba el cierre del Teatro La Memoria por la falta de compromiso estatal. De ese entonces datan también otras inquietudes sobre el género, el sexo y otras construcciones sobre las que Pérez y Castro regresan en “Los Arrepentidos”.

“Hace tiempo hicimos trabajos clave sobre el testimonio trans y lo de Eva Perón hace unos 15 años, calculo. También hicimos “Historia de la sangre”, “Los días tuertos” y “La manzana de Adán” que también han sido textos relevantes sobre el testimonio de minorías sexuales, travestis y transexuales en dictadura”, éste último, un extraordinario libro de fotografías de Paz Errázuriz y Claudia donoso que pasea por prostíbulos de Santiago y Talca en los 80.

“Uno siente que está en la contingencia cuando hace obras que palpitan realidad, pero uno no siente “estar haciendo contingencia”, al menos en el caso de “Los Arrepentidos” que es una obra especial simplemente porque la vida es así y hace dos años atrás esto no era un tema que se debatiera en las calles o en las noticias, ni “Una mujer fantástica” había ganado un Oscar ni se estaba legislando sobre la identidad de género el tema en un momento preciso como lo es hoy”, cree Alfredo Castro. “Algunos han dicho que por eso esta obra cae como una bomba en el lugar y momento preciso, pero para mí esa ha sido siempre la labor del teatro. Ser un eco de lo que está ocurriendo”, agrega.

El actor describe ese momento como una postal que refleja un momento del país que está pasando, dice. Uno de tomas feministas que paralizan a la educación, donde un torturador de la dictadura en prisión puede convocar audiencias en un salón palaciego para lanzar sus memorias o donde hay más urgencia por legislar sobre drones que sobre el femicidio. “Chile históricamente ha sido un país que ha sido muy duro con la diferencia y la marginalidad. Dialogar sobre esto es una alerta que se inserta muy bien en los horrorosos tiempos que corren y todo lo que se está develando”.

Un país en tránsito

Sobre el escenario del GAM, Orlando y Mikael, próximos al umbral de sus vidas se cuestionan acerca del largo camino desde que decidieron cambiar de sexo y las consecuencias sociales y personales de esta transformación. Originalmente, Castro y compañía compartieron una función especial para un grupo focal de mujeres trans.

“Una de las impresiones más fuertes que recibí fueron los comentarios de esa función donde algunas de estas mujeres se reconocían –al igual que los personajes de la obra- como parte de una transición que no iba en curso a un sexo en particular o en pos de un estatus o una finalidad como pareja o tener familia. Simplemente deseaban estar solas”, recuerda Alfredo Castro.

“Eso es un signo delos tiempos que trasciende a la comunidad trans, muchas veces. Es la elección de estar solo en la vida. Algo que suele enfrentarse a una resistencia de todos nosotros los demás que atendemos a lo general y a algo muy chileno de acotar las cosas a la anécdota. A decir por ejemplo ‘El Rey Lear va sobre un viejo que está loco y reparte su reino entre sus tres hijas’. ¡Mentira!. Las cosas siempre son mucho más complejas. La realidad tiene muchos más planos de análisis”, dice el actor sobre fenómenos cotidianos en los que el titular es sobre cuantas tetas al aire había en la última marcha o si la desigualdad en un país se mide en el número de portonazos”,

Rodrigo Pérez interpreta a Mikael, otro de los arrepentidos. Psicólogo y actor, describe el tránsito de sus personajes que, aunque no busca identificarse con la colectividad trans, cree en una transfiguración sin tiempo ni espacio más allá del cuerpo. “Es lo que le ha llamado la atención a las chicas trans que han visto la obra y con las que hemos tenido los conversatorios. Yo he pasado por ahí, Alfredo ha pasado por ahí, por esa pregunta tan fuerte que aparece en el texto “¿Seré yo un caso único?, habrá más gente como yo que se sienta diferente”- Todos nos hemos esa pregunta alguna vez. Es un lugar muy identificable, una sensación muy privada que suele encontrarse con una respuesta aliviadora la mayoría de las veces”, cree.

Feminismo: Callar y otorgar

Tanto Castro como Pérez, creen que a la sociedad chilena le faltan varias décadas para que decante un cambio en temas de género y memoria histórica, pero que las tomas feministas, las denuncias de acoso y una sensibilidad en ciernes son un buen comienzo.

Por fuera del GAM desfilan las marchas feministas y en la TV arrecia el lenguaje inclusivo y las denuncias de acoso sexual y laboral. Rodrigo asegura que desde las elecciones ya no ve las noticias, pero está muy expectante del desarrollo en la calle de este país en tránsito.

“En lo que al hombre respecta, antes de quejarnos o tratar de responder a las principales del movimiento feminista, mi sensación es que llegó el momento de que nosotros los hombres nos quedemos en silencio un rato. Que permitamos que el movimiento se desarrolle, que ocurra lo que deba ocurrir con ellas y observar. Quizás participar y apoyar los que lo sientan así, pero escuchar y quedarse en silencio un rato. Mal que mal el hombre lleva siglos hablando sin ningún contrapeso”, explica. “Hay que aprender de este relato. De este relato que no solo es distinto en el contenido sino estructuralmente. Proviene de cuerpos distintos que ocupan un espacio distinto lo cual lo hace absolutamente hermoso de atender en su discurso”, agrega atento de un rol educativo del teatro, en este caso desde la cuestión del género y de lo que puede hacer la disciplina acerca de una educación no sexista.

“Es un tipo de educación que apela a una cosa transversal, pero el contenido es otro asunto. Uno que parte desde la formación básica de los niños y desde los hogares donde se decide qué juguetes comprarles a los niños. El ámbito laboral se ha vuelto un terreno escandaloso como el espacio en que se ejecuta esa formación inicial. Con demandas y acusaciones que se han incubado desde los días de esa formación y la forma en que se establece las relaciones de género en los niños. Quizás un buen comienzo sea dejar de apelar tanto a lo binario, ya que es la formación binaria la que lleva inserto el germen de la dominación de un lado sobre el otro”, sostiene el director de “Fantasmas borrachos” y “Los Perros”.

Para Castro, la educación y la política se hacen en la calle, sobre todo en un país donde no se reconoce a los torturados, muertos y desaparecidos en dictadura. “Una suerte similar de olvido sufren transexuales y chicas que exigen derechos femeninos. Es algo muy loco, algo que es absolutamente demente y decepcionante porque nuestros políticos no están de ninguna manera en sintonía con la realidad”, lamenta el actor.

“Yo creo que la política se hace en la calle y es dentro del teatro donde se tocan temas políticos y se crean miradas que –quizás- no van en sentido directo del cambio, pero sí de una denuncia. Es política, pero otra política. Una política social donde puedes abordar con libertad algunas de estas contradicciones que no están resueltas en la sociedad. Yo al menos, siento más alegría mirando el teatro que mirando a la sociedad”, cree enfrentado a la misma consulta sobre la urgencia educativa del teatro.

“Actualmente el sistema educativo está formado de una manera específica para que un sistema sexista prevalezca. Hemos visto cómo las mujeres del movimiento en universidades y escuelas han realizado gestos simples pero poderosos al cambiarle el nombre a una sala por el de una mujer destacada, por ejemplo. Hay gestos sutiles y reparatorios que también aportan en mucho ante una especie de invisibilidad que es algo muy presente en este último tiempo. Se requiere una reforma mucho más profunda que tiene que ver con cambiar programas escolares, cambiar lecturas y prácticas. Por parte de los hombres, yo creo que llegó el momento de pensar las cosas 5 veces antes de hablar. Algo que a mí me ha pasado también”

“Creo que hay que pensar bien la estructura de cómo vamos a relacionarnos y hablar con estas mujeres valientes en adelante, con alumnas y alumnos, colegas también. No es sólo un grupo anecdótico, debajo de esta tendencia hay chicas muy heridas y maltratadas. Al menos al escucharlas, yo las encuentro dueñas de un relato propio, certeras y muy bien preparadas para una lucha tan grande como ésta. El resultado será algo que quizás tome mucho tiempo, algo que será paulatino pero que tiene su urgencia. Una buena forma de partir sería, quizás, que el presidente dejara de referirse a las mujeres como “nuestras mujeres”.

*Hasta el domingo 8 de julio en el GAM. Edificio A, piso 1, Sala A2. Mayores de 16 años