Francia sigue viva por pura inercia; con un mínimo esfuerzo elimina a sus rivales, caen como moscas ante su mera presencia. “Hola, soy Francia, ¿podrías dejarte ganar? Tenemos mucho potencial pero nos da pereza esforzarnos”; parece un chiste, y quizás eso sea lo más gracioso, la forma en que se propaga, se vuelve viral, y como buen chiste, ya todos se lo saben, “hay que rendirse ante Mbappé y compañía”. Cada día Les bleus se parecen más a la Argentina de Sabella, que sin mucho ruido se coló en la final de 2014.

Francia no se parece en nada a Astérix y Obélix, más bien lo hacen a Las aventuras de Tintín, donde un grupo de personajes paródicos se deja guiar por un niño que sin muchos problemas y algo de talento resuelve los casos. Lo sé, es absurdo, pero eso es Francia, un cómic belga donde no pasa mucho y todo parece maravilloso. A Uruguay no se le puede pedir mucho más; Muslera llevaba una gran cantidad de partidos sin cometer errores, así que era cuestión de tiempo; y Luis Suárez es un delantero de área, a diferencia de Cavani, que puede tomar el balón en su cancha y guiar a su selección. Y con garra no se le gana a nadie. Ni los trescientos en las Termópilas, ni los estadounidenses en El Álamo, cuando te superan, te superan, da igual si caes con honor o escondido debajo de una piedra. Quizás la muerte con honor se sienta mejor, pero es la misma muerte.

Bélgica, en cambio, sí se parece a la aldea de la Galia que resistía los embates de los romanos. Ahí están Astérix (De Bruyne), Obélix (Lukaku), Panorámix ( Hazard), esa pareja de centrales, tan parecida al pescadero y al herrero que se pasan el día discutiendo si el pescado está fresco o no, incluso Courtois es el artista incomprendido del arpa, que a base de gritos (y atajadas, claro está) se la pasa salvando a los suyos. Bélgica es un bastión. Hoy tocó encerrarse en el área y aguantar toda la furia brasileña. El partido anterior hubo que salir a buscar el resultado, con garra y con goles; y así, siempre hay un galo (en este caso belga) que sale a salvar el día. Cuando tienes la magia de Hazard detrás, todo es posible. Y si no los convenzo por completo con esta comparación, fíjense en Thierry Henry, y díganme si no ven a Ideafix, la mascota de Obélix, siempre con los galos, pero sin hacer mucho, quizás algún aviso inesperado por su olfato canino.

De Brasil, la magia y la falta de gol. Brasil nunca se había visto presionada en este Mundial. Hoy, por primera vez con los cojones en la garganta, no pudo salir airoso con toda su colección de cromos. Las estrellas, los jugones, los pentacampeones, vencidos. Son los engaños del mundial, que te enfrentas a cuatro selecciones de segunda línea y ya crees que estás al más alto nivel y puedes aspirar al título.
Ahora a esperar. Quizás la aldea gala, interpretada por Bélgica, caiga ante el influjo inexplicable de Tintín (AKA Francia). O quizás no, quizás los franceses salgan volando por los aires ante la poción mágica de Panorámix. Como sea, queda entre cómics francófonos. Ya se las arreglarán.