En Malaui, los albinos son asesinados porque se atribuyen a las partes de su cuerpo poderes mágicos que traen suerte y riqueza. Seis de ellos, muy valientes, se presentarán a las elecciones de 2019 para combatir el estigma y el olvido del Estado.

El presidente de la Asociación de Personas con Albinismo de Malaui (APAM), Overstone Kondowe, asegura que esta iniciativa es como “una moción de censura a los actuales representantes políticos del país”, en los que los albinos depositaron su confianza en los últimos comicios para acabar viendo cómo eran ignorados una vez más.

“Los cuatro regímenes en el poder no han sacado a los albinos de Malaui de la pobreza. La mayoría no puede permitirse los estándares mínimos para vivir, con la ausencia literal de vestimenta decente, comida nutritiva y alojamiento razonable”, explica a Efe.

“En la etapa del pluripartidismo, el Estado no ha cumplido los compromisos que adquirió es regional, nacional e internacionalmente”, agrega Kondowe.

Una de las candidatas, Elizabeth Machinjiri, tiene 46 años y, a pesar de padecer esta mutación genética que produce una reducción total del pigmento en la piel, ojos y pelo, sabía desde pequeña que estaba destinada a algo grande.

Ahora, Machinjiri quiere ayudar a su comunidad y a su país a caminar por la senda del desarrollo, por lo que será candidata en las próximas elecciones, previstas para mayo de 2019.

“Mi padre era un jefe tradicional y crecer en su casa fue una larga preparación para el liderazgo. Nací con el liderazgo en la sangre”, asegura a Efe en conversación telefónica desde Blantyre, la capital comercial de Malaui.

Si resulta elegida por la circunscripción de Blantyre-Kabula (sur) para el Parlamento nacional, Machinjiri trasladará a las instituciones su lucha para que se respeten los derechos de los albinos y se les garanticen unas mejores condiciones de vida.

Sin embargo, se muestra inflexible al analizar su candidatura. A pesar de que tenga intención de luchar por los más débiles, no quiere que solo se le tenga en cuenta como una candidata albina.

“Desde que estaba en el colegio he aspirado a ocupar un escaño. Quería ser administrativa y lo conseguí. Ahora quiero ser diputada y sé que lo conseguiré”, asevera.

“Lo que quiero -incide- es mejorar los servicios sociales en mi comunidad y contribuir a la política nacional. No me presento como una candidata albina, sino como cualquier otra candidata”.

Machinjiri está pagándose su campaña de su propio bolsillo, recurriendo a los ahorros que ha conseguido con su trabajo de administrativa en una organización caritativa que promueve los derechos de los minusválidos.

“Nada es imposible. El liderazgo es un don”, sentencia.

Uno de los compañeros de Machinjiri en la carrera política es Steven Burges, un teólogo de formación que también sufre de albinismo y que ahora quiere aspirar a una concejalía en la oriental ciudad de Zomba.

“Para mí, entrar en política es un regalo de Dios. Es su llamada. Quiero entrar para marcar diferencias en la vida de la gente”, explica a Efe.

Si sus conciudadanos le votan, Burges planea luchar por la justicia social y contra la corrupción, así como mejorar la vida del ciudadano de a pie mediante la implantación de medidas favorables a los negocios.

Y, obviamente, entre sus prioridades también destaca que se respeten los derechos de los que, como él, sufren persecución por su condición genética.

En caso de que alguno de ellos resultase elegido, sería un hito en la historia malauiana, ya que sería la primera vez que un albino consigue un cargo político a través de las urnas.

Las organizaciones pro derechos humanos de esta nación del África oriental han celebrado la decisión de estos seis valientes, ya que su situación ha empeorado desde finales de 2014, año en el que aumentaron los ataques contra albinos.

Desde noviembre de 2014, se han registrado 148 casos de violencia contra albinos, incluidos 14 asesinatos, en un país de 18 millones de habitantes, de los que hasta 10.000 personas pertenecen a esa minoría, indicó recientemente Amnistía Internacional (AI).

Según advirtió en mayo pasado la ONU, los albinos corren un riesgo de “extinción total” en Malaui.

Los asesinatos de albinos para vender sus partes no se ciñen a Malaui, y, de hecho, entre los principales destinos de los cadáveres figuran países vecinos como Mozambique, República Democrática del Congo (RDC), Sudáfrica, Suazilandia y Tanzania.