Qué bien le ha hecho al mundo esto del feminismo, viejito. Hasta he pensado que la Claudita (mi hija mayor) tenía razón después de todo. Pero no se lo digo porque insistirá en que tiene razón también en lo del veganismo, en lo del transvacunismo y en lo del “amor libre”; y si bien yo soy un fiel partidario este último, no es algo que me gustaría que sepa mi esposa.

El último mes no hemos parado en “Inacción Comunicación Estratégica”, mi consultora. Nunca vi las películas del cineasta ese que estamos asesorando. De hecho, cuando llegó a hablar conmigo, pensé que se trataba de otro de los amigos de universidad de Miguel (el júnior) que venía a trabajar a cambio de una caja de vino. Después de ver sus películas creo que mi impresión fue peor. Es que después de mis largos años de exilio yo soy más de cine del Europa del Este, de hecho la última que vi fue una película polaca subtitulada al franco-prusiano, que exhibían en una facultad de humanidades en la que hago clases de algo los martes porque el rector es camarada en la logia. Es que hay que traspasar los conocimientos a los jóvenes, ellos no sólo están para hacerlos trabajar casi gratis en sus prácticas.

Lo primero que le dije al cineasta fue que no se preocupara, que esto del feminismo era una moda que iba a pasar rápido y de la que el próximo año nadie se iba a acordar. Mandé inmediatamente a Julio (el asistente y conserje) a llamar a varios medios de comunicación preguntando sutilmente si existían investigaciones periodísticas en curso y a ofrecer entrevistas exclusivas con el cineasta en las que abordaría lo buenito que es ahora (tras haber visto la luz y “deconstruirse”) y sus próximos proyectos, también muy políticamente correctos. Trabajamos toda la tarde haciendo guiones de películas que nunca se van a estrenar. Y tiramos las líneas principales: hombres machistas por culpa de traumas con sus madres y del rechazo romántico femenino en la adolescencia (es que las mujeres no pueden llevárselas pelada pues, viejito) que ven la luz después de años de ejercer acoso de diverso tipo. No es que fuera un biopic, pero…

Luego llegaron a golpear la puerta de “Inacción” los escritores, ambos admiradores del cineasta y uno de ellos incluso su amigo. Nadie los acusaba de nada. Sólo de una decena de tweets y escritos de hace casi un decenio atrás donde dejan entrever una mirada llena de misoginia. Bueno, de casi nada. El escritor que no es amigo del cineasta – que hace historia de cahuines del siglo XIX y ciencia ficción barata – ha sido un caso complejo. Autoerigido como líder de opinión en defensa de cualquier causa progresista – cual mesías de la moral – caerse de un pedestal en donde uno mismo se subió duele más. Afortunadamente los tweets pueden borrarse y en eso hemos estado… hace una semana. Y como parte de la estrategia, hemos hecho publicar un dossier de fotos que se tomó con la comediante-feminista-top, cuya opinión dirime siempre (según ella misma) lo que es aceptable y lo que no.

Pero yendo al fondo, qué injusto son esos lolos ultrones de Twitter, viejito. Es que a uno no lo pueden juzgar por algo que escribió hace diez años, cuando apenas era un muchachito de cuarenta y algo. Todo el mundo tiene derecho a cambiar. Yo por ejemplo, me hice feminista el mes pasado (después de cierta amenaza de mi asistente, la señorita R., tras una invitación a una comer después del trabajo), y encontraría completamente injusto el tener que responder por tweets y publicaciones de Facebook de hace seis meses. Es que las cosas han cambiado muchísimo después de la revolución feminista que hemos vivido este año. Antes no entendíamos que las mujeres no eran propiedad nuestra ni tampoco objetos. O tal vez lo entendíamos, pero no nos interesaba. Pero es lindo es cambiar. Qué bueno es ser mejores. Y si uno no puede cambiar ni ser mejor de motu proprio, para eso estamos los asesores comunicacionales.