Nesting

La tendencia de la juventud a quedarse en casa de sus padres. En aquellos tiempos locos de subsidio habitacional, la promesa de salir de los campamentos tener casa propia se hizo realidad. Lagos cumple, la Concertación dignifica. Tiempos locos en que no había que ser parlamentario para vivir en Nuñoa, Independencia o Quilpué. Donde podías pagar una casa con el dinero de la carrera universitaria. Pues bien, esos tiempos terminaron, no existen más. ¿Para qué endeudarse en 10 mil UF por irse a un cubículo con cama si puedes permanecer en casa de tus padres hasta los 40? No salir nunca del nido puede tener sus contras, como enterarse de lo seguido que cambian tus nueros o tus yernas según la cantidad de gemidos salgan de la habitación, eso si es que tu hijo no dedicó su vida a apreciar los senos bidimensionales de monas chinas bien cochinas. El envés luminoso, en cambio, está en las infinitas posibilidades que ofrece el poder sumar su sueldo a tu exigua pensión. ¡Recuerda enseñarle un oficio que no sea consumido por la ola de robots extranjeros con inteligencia artificial que nos quitarán a todos el tra’ajo!

Minijob

¿Todavía dando la cacha con la gloriosa fábrica de zapatos en la que usted trabajaba y le dio techo, alimento, ropa y zapatos a su familia? ¡Olvídese! Ahora los chinitos hacen todo ese trabajo, y pronto harán robots que harán ese trabajo dejando sin trabajo a los mismos chinitos. Olvídese; su hijo talentoso chocó con la dura realidad de que la Universidad es una estafa piramidal y necesitará un empleo que le permita solventarse en tanto no tenga ninguna habilidad certificada. ¿Y qué mejor que un empleo pequeño y flexible? Sin seguridad social, sin descuentos, sin horario, sin dignidad. ¡Maravilloso! Gana el empleador, gana usted que no tiene que soportar a ese vagoneta en casa, gana él que por fin puede comprar Báltica con el sudor de su frente.

Pijaming

La honesta costumbre de quedarse en casa todo el fin de semana en pijama y no salir. El joven milllenial, consumido por el nihilismo, se da cuenta que la vida es una farsa, las convenciones sociales una construcción artificial ineficiente e inoficiosa, su propia vida una estafa y la necesidad de ducharse todos los días, una necedad. ¿Para qué ponerse ropa presentable si puedes estar todo el día en pijama? Total, nadie te verá. Y si te ven, a la mierda, el problema es de ellos.

Soling

La tendencia de no tener hijos. Porque después de tener que soportar a los tarados de tus compañeros de básica y media por doce años, de tener que lidiar con los traumas que dejó la separación de tus padres y la estupidez supina de tus abuelos, concluyes que es pésima idea tener hijos. ¿Para qué perpetuar la especie y de paso todas las taras emocionales que vienen arrastrando tus padres de generación en generación? Porque, aceptémoslo, enfrentados al mismo problema, seguramente tú habrías reaccionado de la misma manera que lo hicieron tus padres: cagándola. Como no queremos transformarnos en nuestros padres, no somos padres. Encima que las barreras de entrada para tirar están cada vez más altas y de todos modos no merecen tanto sacrificio. Además, los niños son tan insoportables, parece mentira que uno fuera uno de esos seres irracionales y egoístas que quieren todo de inmediato o sino se largan a llorar. ¿De verdad mis papás me tuvieron que soportar así? Con razón están medicados hasta el tuétano. Y si falta gente para hacer el trabajo duro, bueno, después no se quejen que no hay trabajo.

Ropasucing

La costumbre de no cambiarse la ropa interior por más días de lo que aconseja la OMS. ¿Para qué lavar la ropa, si cuando te la vuelvas a poner se va a volver a ensuciar? Los antiguos representaron este infinito problema en la imagen del ouroboros; hoy, son unos calzoncillos cuya mancha fecal —antaño referida como chantá de camión — no hace más que remarcarse ciclo tras ciclo. Mientras las fichas de la lavadora del edificio suben más y más, y los nuevos departamentos presentan la disyuntiva o tener ducha o tener lavadora, no cambiarse los calzoncillos o lo que sea esté trabajando de equivalente es un acto de resistencia contra el capitalismo, el patriarcado y el pan amasado con chicharrones que tanto odio. ¿Cómo chucha hay gente que pueda comer esa weá?

No se pierda la segunda parte, la próxima semana, por este mismo pasquín
Por favor, no se lo pierda o me echan por fome.