“Renuncio a ser un bastón de la Nueva Mayoría y de sus partidos en agonía; renuncio a Revolución Democrática”.

1. Administradores de la miseria. Los partidos políticos en Chile profundizaron el modelo político y social que administra la miseria. Ellos devinieron en meros clubes electorales que disputan entre sí el botín fiscal. El afán transformador de partidos que en teoría representan la clase trabajadora, fue castrado por la transaca, es decir, por la política de los acuerdos que defendió los privilegios de unos pocos en desmedro de todos nosotros.

Durante la transición pactada, la derecha se acuarteló en partidos fundados por ministros de Pinochet, y la (supuesta) oposición lo hizo en la concertación. La Democracia Cristiana, cual compañero matón, subordinó a sus aliados con el rezo de “gobernabilidad” e identidad “centrista” del chileno promedio.

La inmoralidad del partido socialista chileno deshonra la memoria de Óscar Schnake, Salvador Allende y tantos otros revolucionarios de nuestra historia. Este se acomodó sin mayores problemas a la justicia en la medida de lo posible. Los mismos que expulsaron a Carlos Altamirano el 79’ por proponer la “renovación socialista”, tiempo después, negociaron con nuestros muertos, traicionaron su memoria y se asociaron al yerno del tirano. Bajo la conducción del lote “Nueva Izquierda” liderado por Camilo Escalona el PS invirtió en SQM de Julio Ponce Lerou.

2. La ilusión del centro político. La idea del centro político -que rindió en tiempos pasados, jugosos resultados a las socialdemocracias- vacía de contenidos políticos los discursos, confundiendo y derechamente engañando a los votantes. La búsqueda del “centro” en tiempos de campaña “higieniza” toda propuesta, y en tiempos de gobierno se reduce a la simple ejecución de políticas públicas que adornan el modelo vigente.

Por lo tanto, la trampa del centro es caer en la mantención de las cosas como están sin afectar intereses de los privilegiados, ni mejorar las condiciones materiales del pueblo precarizado.

3. Partido de Contrarrevolución. Los sectores que conducen Revolución Democrática -Pantalones Largos y el Tercerismo- en sus discursos y sus hechos ha demostrado buscar el centro político. Esto se ha visto varias veces en nuestra historia: el reemplazo de una élite por otra.

Rosa Luxemburgo llamaba “instrumentos de contrarrevolución- a los partidos que instrumentalizan las necesidades del pueblo sólo para ocupar espacios de poder en el sistema político.

Existiendo las fuerzas para atacar el corazón del sistema capitalista en su versión neoliberal, una y otra vez, dadas sus (in) definiciones centristas Revolución Democrática ha optado por rasguñarlo. Esto no es un hecho aislado, es una consecución de decisiones; la colaboración crítica con la nueva mayoría, su ambigüedad durante la segunda vuelta presidencial 2017, los desaciertos en política internacional, su lamentable posición ante la solicitud de destitución del Fiscal Nacional Jorge Abbott –al intentar torpedear esta inciativa-, y los interminables gestos políticos con los partidos de la transición que de no ocurrir algo extraordinario, decantarán en pactos electorales.

4. El velo de la gobernabilidad. Bajo el rezo de “gobernabilidad” la Democracia Cristiana subordinó a sus aliados concertacionistas por más de 20 años. Lo mismo está haciendo RD dentro del Frente Amplio, sin embargo, en la nueva coalición política existe resistencia por parte de los frenteamplistas y las orgánicas de carácter revolucionario y popular.
Gobernabilidad es la reducción de lo político a la mera administración de políticas públicas socialdemócratas dentro del modelo establecido, alejarse de ello, dicen, es populismo. Así, reducen el socialismo del siglo XXI a una posición de marginalidad.

5. Pactar con la Nueva Mayoría y sus partidos en agonía es contrarrevolucionario. Los partidos de la transición, que hoy visten ropajes progresistas, tuvieron mayorías en el congreso durante dos períodos presidenciales y el control de más de la mitad de los municipios durante 26 años para generar las transformaciones que Chile necesitaba, nivelando la cancha y normalizando las reglas del juego para todos por igual.

Mas decidieron no hacerlo, simplemente porque las cosas están hechas a su medida; para el goce de la casta político/empresarial que se forra con la venta de nuestros derechos sociales.

No sólo se dedicaron a saquear las instituciones, sino además permitieron que los cárteles de drogas llegasen a los municipios, que los empresarios redactaran leyes en perjuicio del pueblo chileno, como ocurrió con los pescadores artesanales y las recolectoras de orilla.

Por estas razones renuncio a ser un bastón de la Nueva Mayoría y de sus partidos en agonía; renuncio a Revolución Democrática. Soy uno más de los cientos de firmantes que han tomado y tomarán el mismo camino”.

* Jean Flores Quintana
Ex Consejero Político Nacional
Revolución Democrática