Como testimonio de su tiempo, la obra “Alvaro H.”, dirigida por Paula Zúñiga, se hace cargo de una expectante realidad laboral en Chile. Álvaro H. es un periodista que de un momento a otro pierde su trabajo. Como “independiente” en un territorio donde la cultura del emprendimiento esconde diversas carencias sociales, comienza a cuestionarse la realidad fuera de los medios y el valor de la experiencia, el currículum y el mérito tras una década de estabilidad laboral.

Esta creación colectiva e investigación acerca de los derechos laborales es algo que surgió espontáneamente, cuenta la directora del montaje que se estrena este jueves 26 de julio en la Sala Juan Radrigán de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Paula Zuñiga, la actriz también a cargo de “El último álamo de la alameda”, explica que ésta economía deshumanizadora que sostiene la figura del “colaborador”, es un eufemismo que reemplaza la creciente precarización laboral en Chile.

“De hecho el proceso colectivo recopiló vivencias propias del elenco que recuerda experiencias de trabajo propias de la juventud y sus conocidos marcadas por el maltrato laboral, vacíos legales y otras injusticias que irradian hacia otras realidades. Esto nos llevó también a investigar la biografía de inmigrantes que también se encuentran desprotegidos. A veces mucho más que los chilenos en estos espacios laborales en los que suelen ser abusados y explotados”, explica Zúñiga.

La autora cree que es muy revelador el hecho de que una obra de ficción retrate tan fielmente la reforma laboral o el nuevo Estatuto Laboral para Estudiantes. Algo que también se aprecia a un nivel global, sostiene. “En Chile es cada vez más común que un contrato –algo básico en una relación de empleo- sea casi algo extraordinario respecto al desempeño a base de honorarios, la falta de coberturas de salud y pensiones, la carencia de espacios para sindicalizarse y la idea de exitismo que corre a la par de altos niveles de desempleo. Creo que los chilenos nos hemos acostumbrado a asumir la injusticia laboral. Hemos normalizado la vulneración de nuestros derechos en lo que a un trabajo digno se refiere y terminamos cediendo a la explotación”, señala en la previa del estreno.

Una pega aparentemente buena

Las disposiciones del “incentivo” a la contratación que, entre otras propuestas, ofrece el Estatuto Laboral para Estudiantes consideran exiguos sueldos part time como un ingreso habitual, alta flexibilidad horaria a discreción patronal al igual que el pago de horas extras, entre otras. Finalmente, estos chilenos pasarán un cuarto de su vida cómo jóvenes trabajando hasta los 30 años afectando no sólo sus ingresos, sino también sus futuras pensiones y el acceso a la salud.

Zúñiga, se descubre asombrada de la forma en que la sociedad chilena valida los indicadores de un país que se dice feliz, estable ante sus pares, pero donde los niveles de pobreza y la cobertura sobre delincuencia hablan de miedo y ansiedad a todas horas. “Hay algo raro ahí. Algo incoherente porque basta que mires a tu alrededor en el metro o la calle para que ver que es agente feliz no aparece por ningún lado. Si lo consideramos un país descontento, por último podemos hablar de un espíritu que quiere cambiar las cosas. Pero la obra invita a reflexionar sobre nuestra propia incapacidad de concretar estos cambios”.

La actriz que dirige el montaje con el que egresa la promoción 2018 de la UAHC, cree que el mal momento que viven los sindicatos y trabajadores del país es un buen momento para presentar el debate al que alude la obra “Alvaro H.”. “El teatro debe exponer estas problemáticas. Acá tiene que haber una responsabilidad social que discuta qué se está haciendo para resolver esta desigualdad, pero no como algo teórico, sino pasando también a una acción como deberían reconocerse otras falencias como la usurpación de la tierra a los pueblos mapuches, por ejemplo. Todos esos debates que una vez discutidos se quedan en la teoría”, advierte.

“Estamos recién asumiendo como sociedad que en las relaciones laborales nos siguen poniendo un pie encima sometiéndonos a un creciente nivel de estrés. El trabajador promedio pasa más de 60 horas semanales incluso en más de un trabajo por sueldos bajos. Entre eso y el tiempo dedicado a un pésimo transporte no queda tiempo libre para los hijos a quienes debes sujetar después del colegio en un after school. Esto arma también un desequilibrio emocional grave en los pequeños porque ellos también normalizan la vida de los adultos como un espacio sin tiempo para la vida”, cree la autora.

“Todo esto, muchas veces, para mantener la apariencia con la tele más grande, el auto más grande y todo más grande para decirnos a nosotros mismos y a los demás de que todo en nuestra vida esté perfecto”, señala.