Pasó con nuestro derecho a voto, con el divorcio, con la píldora del día después o con el aborto en tres causales y nos pasará con la demanda por aborto legal. Habrá resistencia frente nuestras demandas, habrá ninguneo y caricaturización. Sin embargo, hoy las mujeres de nuestro país están forjando un cambio cultural, social y político, que nos interpela como institucionalidad política.

El derecho a la interrupción del embarazo adquiere un lugar fundamental en el marco de estos derechos, pues llama a cuestionar la idea de la maternidad como destino o imposición, y permite pensar la maternidad como una decisión consciente y deseada (No por nada, son miles las mujeres que son madres y que hoy se manifiestan a favor del aborto legal). En efecto, la lucha por derechos sexuales y reproductivos no termina ahí, sino que incorpora un entramado de derechos tales como educación sexual con enfoque de derecho para decidir; anticonceptivos para disfrutar y prevenir; y aborto legal para que ninguna mujer sea encarcelada por abortar ni ponga en riesgo su vida al hacerlo de forma insegura.

Lamentablemente al hablar de aborto legal, como sabíamos que sucedería, abundan las caricaturas de quienes dicen que el aborto es un asesinato o que queremos aborto hasta los 8 meses, siendo que en el mundo la enorme mayoría de las legislaciones consideran como máximo las 12 o las 14 semanas y en Chile se está proponiendo 12. Ante esto, debemos llamar a un debate serio. Aquí no están en juego nuestras creencias personales, están en juego los derechos y libertades que garantizamos, las prohibiciones que sostenemos, y el tipo de democracia que defendemos.

Quienes marchamos con pañoletas verdes, queremos que se legisle el derecho al aborto con el más alto estándar ético, lo cual ha sido la norma en países desarrollados, con plazos claros y procedimientos establecidos que garanticen este derecho. Queremos una ley que comprenda que existen tantas causales como mujeres hay en el mundo.

Como diputada y feminista, puedo y debo entender y respetar a quienes no creen en el aborto como una opción, y defenderé activamente su derecho a que nadie imponga una decisión sobre su cuerpo y su vida. Sin embargo, es importante decir que ser detractor no te hace provida, sino alguien que cree que las mujeres tienen menos derechos que los que hoy demandan. Para decirlo muy claramente y explicar por qué marcho y por qué buscamos legislar sobre este tema en el Congreso: estar a favor del aborto no obliga a nadie a abortar, sino que defiende la libertad de decidir y la vida digna de las mujeres que, con autonomía y autodeterminación, nos permita ser soberanas de nuestras vidas.